martes, 5 de mayo de 2009

El polvo al ciento por ciento

Desde que apareció la pandemia de la fiebre porcina en su variante moderna y globalizada que se trasmitía de humano a humano, la gente no paraba de ir y venir nerviosa de un barrio a otro de la ciudad. Estaban aturdidos buscando comestibles en los mercados agropecuarios pero no había nada que comprar porque los vendedores no recibían suministros del campo y cuando los tenían encima de las tarimas no querían venderlos porque sospechaban que estaban contaminados.

Lo mismo ocurría en las bodegas subsidiadas por el gobierno que distribuían alimentos enlatados o ensobrados o manipulaban y pesaban los que no lo estaban y aunque los administradores orientaban entregarlos en fecha y hora los consumidores recelaban de que estuvieran también infectados porque provenían de almacenes donde estaban guardados hacía mucho tiempo o de las reservas acumuladas para tiempos de guerra y se decía que podían contener los virus malignos, los troyanos rellenos de influenzas contaminantes mortales.

También el miedo se había apoderado de las personas en las tiendas recuperadoras de divisas en las que no existían alimentos al menudeo pero sí productos provenientes del mercado exterior que podrían estar cargados con el contagio probablemente adherido a las superficies de los contenedores o envolturas y pudieran de esa manera haber cruzado las zonas prohibidas en los establecimientos aduanales escondiéndose del chequeo exhaustivo de las inspecciones sanitarias rigurosas en las fronteras de puertos, aeropuertos, muelles secundarios o embalajes personales de viajeros que no hubieran sido chequeados en los registros de aviones o buques que arribaban.

Sin embargo, el peligro no estaba realmente en los virus sino en el polvo, una nube de polvo blanco, rojo o negro según el caso que se iba acumulando en las casas y en las calles, en los árboles y el transporte, en las cercas y techos, en las paredes y en las fosas nasales de todos los habitantes y que se trasladaba a velocidades increíbles haciendo remolinos en todas las direcciones formando cúmulos y montañas de arenisca que impedía la visión a toda hora del día y de la noche y se desplegaba violentamente por las sabanas, el mar, los montes y los ríos.

Se habían distribuido tapabocas verdes y blancos para la población mientras los inspectores llevaban unos de color naranja y el personal médico y paramédico portaba colores azules como ojos originales de alemanes rubios, y también la población salía a las calles con unos espejuelos para el sol de todos los colores y figuras mientras llevaba amarrado en la cabeza unos pañuelos tipo bucaneros en campaña que los hacían parecer marineros a la deriva preparados para el ataque de buques en alta mar o contrabando de mercancías en tierra firme, y aquellas multitudes ataviadas de manera extravagante daban la impresión de ejércitos de mamelucos o beduinos que se dirigían en caravanas a diversos lugares y se habían apoderado del país sin disparar un tiro.

Asimismo se habían suspendido las actividades productivas, educacionales, culturales y sociales que implicaran masividad para evitar la propagación de la enfermedad a grandes masas humanas a través de agentes desencadenantes como estornudos o tos continuada que pudieran generar reacciones explosivas en cadena y cuando alguien regresaba a casa por gestionar algo en la calle necesario para la sobrevivencia y se quitaba el pañuelo con que se cubría la cabeza los espejuelos oscuros y el tapabocas, el rostro empolvado tomaba la figura de un payaso de circo sin nariz ni pintura maquillado perfectamente para salir a escena y animar cumpleaños, espectáculos o diversiones de familia.

No obstante la gente seguía asistiendo a los partidos de pelota y fútbol por ese orden con sus tapabocas puestos, sus pañuelos en la cabeza y sus espejuelos oscuros pero era tal la ventolera polvorienta en esos estadios que los jugadores cuando hacían alguna agarrada de pelota se enredaban dentro de una nube de polvo en la que no veían las esféricas y los árbitros no podían "cantar la jugada" porque no veían ni al deportista ni la situación. Y sin embargo los partidarios de uno u otro equipo hacían las olas en las graderías puesto que tales situaciones se presentaban a cada bando por igual. Con esas griterías también se polarizaban no sólo las apuestas sino también las opiniones. Unos se afiliaban a la polvareda considerándola beneficiosa a la hora de los dividendos y otros negativa si hablamos de salud. Los científicos argumentaron entonces que también la vida habría provenido tal vez de una nube polvorienta arrastrada por un cometa casual y cercano al planeta y por ello si de ese polvo cósmico proveníamos debíamos sentirnos deudores y felices de tenerlo con nosotros y en cantidades gigantescas. Decían, como la canción, que del polvo hemos tenido y hasta el polvo iremos a parar. No obstante, empero, sin embargo, etcétera e incluso, lo peor de todo era la respiración debajo de los pañuelos y esas motas de polvo en la cara que singularmente igualaban a todos los transeúntes borrando con ello las diferencias sociales, de género y de color de piel.

Desde el exterior los emigrantes enviaban medicamentos de todo tipo para combatir las enfermedades y fortalecer el organismo en el combate antiviral pero no se habían dado cuenta que contra el polvo lo único que puede hacerse es lo que han hecho los pueblos árabes sometidos en los desiertos a los ciclones de arena y tierra levantada en tempestades de cuaresma: taparse todo el cuerpo con escafandras de tela. Pero ese recurso no existía ya que la gente poseía pantalones cortos llamados "short" o pitusas ajustados tipo "jeans" donados por visitantes extranjeros y cuando se cubría las carnes con ese tipo de ropa o el polvo le rellenaba el cuerpo de la rodilla hasta los tobillos o se le metía en los bolsillos en cantidades industriales y al despojarse del atuendo tenían que acumular las cantidades acopiadas en jabas de bodegas o cajas de cartón y salir a las calles a depositar aquella arena fina en los tanques de basura o en las montañas de desechos sólidos de las esquinas. Y los inspectores multaban por las noches a los que se atrevían a desafiar por el día las disposiciones oficiales al respecto.

Tampoco estaba permitido el riego porque era inútil hacerlo ante montañas de polvo regado por doquier y en medio de aquellas sequías había mermado la capacidad hidrográfica del país, se había deprimido el manto freático y si se autorizaba algún regadío con tanta polvareda ambiental el agua formaba un emplaste bueno para dar fino a una pared de cemento pero nunca para pretender que de esa mezcla naciera en los patios alguna mata de ají, cebollinos, plátanos fruta o guayabas, para poner algún ejemplo. Y la hierba estaba escondida debajo del polvo de tal manera que sólo sobresalía del suelo la punta de las pequeñas maticas sin flores lo que hacía pensar que el país se deforestaba y la aridez de los suelos había convertido en desierto lo que antes era edén y lo más grave de todo es que se había formado una conciencia polvorosa estancada que no permitía dilucidar el rumbo social hacia delante y más bien dejaba en las mentes una verdad drástica y peligrosa: nada tendría ni en el presente ni en el futuro alguna solución.

Así las cosas había que encerrarse bien para consumir algún alimento pues los vientos polvorientos insoportables penetraban las casas, se colaban por las hendijas de las puertas y ventanas e impedían ver bien lo que la gente se llevaba a la boca. En las apotecas escaseaban los suministros, la gente bachillereaba constantemente, parecían caprípedes embadurnados y mugrientos, se habían decolorado increíblemente como si los hubieran escaldado o tragado fosgeno o convertido en gerbos, humus blanco o en muchos casos iperita. La población parecía vivir en el jurásico convertida en karakul salvaje o ligur empolvado que es lo mismo o más bien roca marga, y con tal desequilibrio padecía de neuropatías y caminaba como ofiuco. Se habían deteriorado los pejugales y nada había para rellenar las quiliguas por lo que en tiempos de escasez se dedicaba a forrajear para traer los suministros y las montañas de desechos semejaban un enorme raque sequizo y térreo al mismo tiempo que la gente parecía un urú, un vencejo hecho de wad o xilotita mezclado con yaba seca.

Para combatir la nueva pandemia viral se orientó por todos los medios cómo comportarse y las autoridades tomaron las medidas convenientes a los niveles correspondientes mientras los funcionarios del consejo de defensa civil se empeñaban en cursar directrices capaces de detenerla con disciplina y acabar con ella, pero la del polvo al ciento por ciento no se le pronosticaba cura, remedio o medicamento. Hasta que aparecieron los vestidos de negro con sombrero alón y corbata de lazo cantando salmos y formando una bulla con redoblantes mientras gritaban que estaban recolectando dinero para un viaje a la luna. Parecían los tipos de la Emulsión de Scott ("el hombre con el bacalao a cuesta") o de Avena Quáquer vestidos de negro con aquellos libracos bajo el brazo parecidos a los manuales filosóficos de Konstantinov. Solo una cosa se necesitaba según vociferaban para ser salvado de la desaparición desértica: tener fe, esperanza y caridad. Esas virtudes raras que nos permiten no sólo creer en las verdades aún sin comprenderlas sino también poseer la seguridad testimonial que hace despejar dentro del torbellino polvoriento, el espacio para ver el espejismo real y encontrar el oasis, dar inclusive lo que no tenemos en bien del otro y creer en el futuro sin quitar la vista de un horizonte que nadie ha tocado todavía con las manos, parece que se convierten según decían los predicadores en una coraza protectora no sólo contra el polvo sino también contra el ataque despiadado del egoísmo personal y la neuroapatía.

Pero el remedio había que probarlo en la praxis que como se sabe es el criterio de la verdad según Gramsci y sus enamorados seguidores ya que la gente dudaba de aquellos narradores orales por una sencilla razón: decían que la luna no se caía porque estaba atada al firmamento por la fuerza descomunal de la voluntad. Sin embargo algo de los sermones quedaba siempre flotando en el ambiente y una prueba contundente relucía como estrella con luz propia: los hombrecitos mantenían sus zapatos lustrosos y ni gota de polvo en los trajes de astracán negro que llevaban puestos en medio de aquellos calores de desierto. O el remedio existía o había que creer en eso o ambas cosas a la vez.

Se necesitaba una buena fe como la que ellos profesaban para que viniera de vacaciones, nos ayudara a desterrar el polvo y nos trajera además el regalo que más apreciamos: la descendencia. Cuando se tiene esa buena fe y no la mala, se salva la gente de cualquier pandemia o invasión polvorienta. Una fe viviente lista para ser tocada y besada, dispuesta a montar caballos y con el mismo entusiasmo ir al acuario a nadar con los delfines amaestrados, empinar papalotes y cazar cangrejos en la orilla de los arrecifes respirando profundamente el olor a mar y a peces, que esté recién documentada con un pasaporte nuevo libre de polvo y que haga constar que en los poros de la piel lisitos rosaditos y olorosos a limpio el soporte viajante humano pequeñito muestre acuñada la vacuna que cubre lo que nos falta y deje como saldo positivo la claridad del agua limpia sin una mácula de nada, ni tierrita ni polvo, lo que se dice nada, digo yo. Pero había que esperar a que llegara la fe y la gente murmuraba que hasta eso se estaba perdiendo en los últimos tiempos.

De la caridad nos encargaríamos nosotros aquí mientras llegaba la visitante, porque sabemos de qué se trata ya que la hemos recibido en carne propia y también de la esperanza eterna cósmica ya la hemos conocido que es verde como los racimos de plátanos de fruta que es lo primero que se pierde después que vienen los ciclones. Y pensábamos mientras tanto que aunque se caiga la luna mañana mismo mantener la voluntad de seguir haciendo algo parece que nos ayudaría a sostener el alma y el espíritu en vilo y aunque nos entierre el polvo que se va acumulando a nuestro alrededor sería mejor así porque nos haríamos la idea que estamos jugando a la orilla del mar con los hombrecitos y mujercitas de la familia en el exterior mientras nos echan paletadas de fina arena mojada alrededor del cuerpo dejando fuera la cabeza y nos cubren la cara ardiente con esos besitos que tanto necesitamos para crecer, dormir y soñar.

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miércoles, 8 de abril de 2009

Jonrón

Ahora estamos en una disyuntiva importantísima: o nos metemos de lleno en la economía, los cambios estructurales del gobierno y el asunto de la productividad del trabajo, el desarrollo del transporte y los nuevos salarios y lograr con ello buscar solución a las necesidades materiales y espirituales de la población o reformamos todo el sistema del béisbol actual desde la base para lograr ganar el próximo clásico mundial dentro de tres años.

Dicen que Máximo Gómez dijo una vez que el cubano o no llegaba o se pasaba y que Eladio Secades escribía allá por 1947 que en Cuba se le daba más importancia a un out en home que a la caída de un ministro. A mí no me consta que ellos hayan dicho tales cosas pero sí no hay dudas de que el viejo topo de la economía es muy difícil que se reconstruya en un corto período de tiempo pues necesita de una inversión tan extremadamente grande que nadie la va a asumir, un gasto tal de las finanzas, del trabajo humano, de los recursos materiales y humanos tan enorme que difícilmente pueda verse un cambio sustancial ni siquiera en los próximos 50 años. Pero en la pelota sí se puede cambiar algo que no necesita mucho: la concepción del cambio de una simple jugada por otra.

Actualmente el jonrón es la jugada más codiciada por todos los peloteros profesionales o no (la mayoría por supuesto de la población mundial no es profesional porque la gente comienza a jugar pelota aquí desde que tiene un día de nacido y solo se convierte en profesional cuando alcanza una buena historia luego de llegar a la mayoría de edad) en Asia, Europa, África o América. Es una batalla épica entre el lanzador que suelta la pelota de sus dedos a una determinada velocidad con una trayectoria exclusiva hacia el home y el bateador que se ha posesionado de un madero (bate) que logra detener brevemente la esférica, golpearla brutalmente y sacarla del estadium por encima de la cerca o dejarla dentro del terreno cosa que si alguien la captura y la devuelva con tiempo no saque out al hombre que corre (jonrón dentro del cuadro)...

Esa maravilla (el jonrón) es la ambición de todo pelotero bateador corredor puesto que cuando se produce (la bola de cristal que se lleva la cerca según dice que dijo Lezama Lima) desata poderosamente un placer único ya que entre otras cosas deja libre al individuo que la produce y éste puede "pisar" las cuatro bases con toda la parsimonia y libertad posibles sin que le puedan poner out (salvo en el caso en que no pise una de las bases, se reclame el error y se devuelva la pelota a un defensa para que ya sobre la base el ampaya decrete lo ilegal del corrido...). El jonrón es lo máximo puesto que el equipo que va perdiendo (digamos un juego en el noveno episodio con dos outs y el juego tres por cero) con las bases llenas y un toletero de condiciones en home, si éste produce un vuelacercas entran las cuatro carreras del gane y no es necesario sacar el tercer out (si el equipo bateador es home club)... Es una explosión de júbilo que detiene el aliento y el tiempo de la fanaticada pues nadie se fija (en el momento mismo de la conexión) en otra cosa que en la esféride que vuela impulsada por el gran batazo y que cae en las gradas o en las manos de algún espectador presente... Si este batazo saca la pelota fuera del estadium pero en la zona inadecuada no hay jonrón sino foul y el bateador debe volver a batear y no son pocos los casos en que luego de un foul decepcionante se produce el jonrón espectacular...

Pero vamos al grano: con los resultados obtenidos en el último clásico mundial en que el equipo cubano quedó en 5to. lugar (en el primer clásico había quedado en el 2do. lugar sólo superado por Japón) se pudo comprobar que no es el jonrón la jugada a la que debemos aspirar sino a una más sencilla, humilde, modesta, menos complicada, ahorrativa de energías y casi anónima: el toque de bola. Si enseñamos desde ahora esta jugadita que no tiene tanta complicación sino más bien picardía y sorpresa, a los que empiecen a jugar, cuando lleguen a ser adultos y se dediquen a ese atractivo oficio que es ser un verdadero jugador de pelota (una estrella que brille con luz propia en el barrio) estoy seguro que ganaríamos muchos más partidos.

En primer lugar porque el toque no necesita de pelotas especiales que "boten" mucho, ni de bates perfectos que logren "chocar" en el lugar justo entre costuras, ni de bateadores corpulentos con fuerza protéica y técnica fabulosa sino que puede ser hecha hasta por un enano o un jugador debilucho pues teniendo un hombre en base (digamos en tercera) produciendo el toquecito y saliendo ese hombre disparado hacia el home y suponiendo que al que trate de atrapar la redonda no la pueda retener en el guante, tirar a tiempo y tocar al corredor de tercera que va destinado a anotar, se produciría la carrera que mucho se necesita y quedarían las bases nuevamente llenas con dos outs y así se repetiría la jugadita hasta ganar el partido (recuerden que el juego estaba en el noveno con las bases llenas y dos outs ganando los otros tres por cero).

Lo único que nos costaría un buen trabajo es romper con el vicio del jonrón que ha anidado en el cerebro de todos nosotros de manera tal que no quiere salir de allí, acostumbrar a la gente a ser más modestos y sencillos, más humildes y laboriosos, más creativos y trabajadores, quitarse de la cabeza la aureola de jonroneros poderosos y musculosos, autosuficientes y prepotentes y con más cerebro que músculos practicar constantemente la jugadita cosa de hacerla tan diaria que un día nos demos cuenta que si damos un jonrón de verdad la gente no nos lo va a estimular como hasta ahora y probablemente ni lo tenga en cuenta... pero si damos el toque vamos a obtener el resultado apetecido y necesario. No es muy difícil hacer ese cambio de mentalidad, lo que hay es que iniciarlo rompiendo esquemas y sustituyendo mentalidades y personas retrógradas.

A veces confiamos demasiado en un hombre que se para con un bate en home para que decida un juego con un jonrón pero, si no sucede, la decepción es tan grande que produce un desánimo que nos puede durar eternamente. Con el toque de bola no sucedería lo mismo, el toque produce una carrerita y poco a poco se llega lejos. Pasarían a la historia los grandes jonroneros de siempre (pobres diablos) heróicos y hollywoodenses, verdaderos supermanes implantadores de récords de por vida, de temporada, de tal o más cual juego decisivo y comenzaría la historia de los tocadores de bola, un oficio de todos, útil, productivo, colectivo, anónimo, inclusivo, diversiforme, sorpresivo, más bien ingenuo, humilde y necesario y los que lo supieran hacer (todos) serían estimulados por las grandes griterías, cargados en hombros y considerados aquellos soldados desconocidos que hicieron posible las grandes victorias sencillas de cada día.

Y de la economía ¿qué podemos cambiar?... En mi opinión sólo ponerla en el lugar que merece, después de la pelota. No sería desacertado pues comenzar a utilizar los espacios de radio, cine, televisión, periódicos y revistas, reuniones de todo tipo, comentarios y reflexiones para detenernos a analizar pormenorizadamente la marcha del cambio de mentalidad en nuestro deporte nacional: el béisbol. No importa que se detenga la producción y la productividad del trabajo, el turismo o la agricultura, el bacheo de calles o las campañas anti-dengue. Si nos preparamos bien cuando vaya cambiando la mentalidad de dar jonrones por hacer carreritas a partir de toques de bola, veremos cómo poco a poco la economía y los servicios, el transporte y la salud pública van levantando porque no hay actividad que arrastre a la gente tanto aquí como una actividad deportiva donde tengamos una bola, un bate, una mascota y por supuesto una mentalidad nueva que nos haga empujar poco a poco las cosas como si estuviéramos empujando el almendrón para que arrancara...

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martes, 7 de abril de 2009

MAE

Estamos acostumbrados a ciertas siglas que no son otra cosa que contracciones del lenguaje, ahorro de tiempo y de verborrea... Mincult para ministerio de cultura, Mincin para el de comercio interior, Minsap para el de salud pública, Minfipre para el de finanzas y precios y otros. Incluso en la correspondencia ya no decimos compañero, compañera sino cro. o cra. ni departamento sino dpto. Como hemos señalado, en química se extiende el uso de siglas para estudiar los elementos de la Tabla famosa (crofenico, aualbi, algelikana y otros) para mentar al cromo hierro níquel y cobalto, oro, aluminio y bismuto, plata, litio, sodio... La gente quiere ahorrar y empieza siglando las cosas... Pero MAE es algo nuevo original solidiscúpico transversal tragicómico estructural novedosíquico fantasmagoricial escurridírico y descomunal ya porque nadie sabe qué significa...

El asunto tibio tibio caliente caliente está relacionado y hoy lo pudimos comprobar cuando indagamos el significado de MAE en nuestra vida citadina de interés agropecuario y nos dijeron que se trata de Mercado Agropecuario Estatal... Pero la abreviatura oculta el contenido de la palabra y la gente ha empezado como siempre a nombrarlo de diferente manera: Opción (en una época se dijo que "Parque Lenin: una buena opción"), Se deja comer: este nombre se le dio a ciertos dulces hechos con la calidad requerida, Mercadón: Un lugar donde había buena oferta, Chacachaca: Por el ruido que hacían cuando le quitaban la tierra a las viandas y otras interpretaciones... Pero en los MAE (a diferencia de estos mismos mae pero del EJT Ejército Juvenil del Trabajo) hoy en día se están utilizando otras siglas como veremos más adelante.

Allá fuimos y regresamos (no me lo van a creer) con fruta bomba verde para dulce (frutver), remolachas para ensalada (remos), boniatos para las perras (bon), zanahorias para hervir (zan), ajíes para sazonar (aj), calabazas para las piernas engordar (calgor), ajos para ahuyentar a los vampiros (vampiaj), cebollas para llorar (lagrice), barras de guayaba para tragar (guayi), acelgas para acelgar (ace) y había muchas más cosas que no pudimos traer pues nos faltaba dinero con qué comprar... Y a precios módicos: cinco jabas llenas = 100 pc (pesos cubanos a diferencia de cuc = pesos cubanos convertibles = chavitos). Hay que tener en cuenta que si 1 cuc = 24 pc entonces gastamos 5 cuc en toda la compra, pero como pagamos en pc sin cambiar previamente los 5 cuc pues ¿de dónde salieron los pc?... pues salieron de nuestras entradas como jubilados (jub) o pensionados (pen). De ahí que tuvimos que echar 3 cuc de gasolina (gas) y fuimos con los 100 pc a gastar en el MAE teniendo en cuenta que mensualmente (mes) como jub ganamos 270 pc (que se quedan en 230 pc porque pagamos 40 pc por el aire acondicionado aa).

Así que resumimos: Al MAE para frutver, remos, bon, zan, aj, calgor, vampiaj, lagrice, guayi, ace con cien pc. Mira qué cosa más estractada fuimos a hacer... nosotros los pinga (patriotas internacionalistas de nuestra gran américa), sin dinero (sindin) en los bolsillos (bol) con un solo par de sandalias (san) como nuestro Señor Jesucristo (El Yésu) que vino a la tierra para redimirnos e indicarnos con su ejemplo lo que puede poner la vista en el horizonte (zon) y no perder el sentido positivo de la vida (posvin) mientras luchamos (luchi) por sobrevivir a este gigantesco tsunami que se nos viene encima ayer hoy y mañana... Comprar en el MAE una buena jaba llena cuando los hay para que dure una semana o dos y volver a rebuscar a ver si se puede volver a comprar...

El MAE supone el cierre de los agritos de barrio que se pusieron, dicen, a jugar a las candelitas y revendían lo que traían los camiones de acopio para los agros de bodega subiendo los precios y vendiendo las zan con rabo para que pesaran más, las remo con cabellera para que más pesaran, los bon aterrados (con tierra pegada), las frutver para no tener que recogerlas maduras, las cala pálidas de hemoglobina baja para no dejarlas podrir y al mismo tiempo vendían papas (patatas, pat) zurdas por la izquierda desviadas ideológicamente de los puestos estatales y aparecidas en los agritos por obra y gracia de la aparición carísima envueltas en sus jabitas (jabi) a precios excomulgados, pero los MAE salieron a luchar contra los virus de agritos y los derrotaron en la batalla de candonga pues bajaron los precios, cortaron el suministro de camiones en caravanas y vencieron en su retaguardia... Parece que la oferta estaba escondida en los almacenes (alma) o debajo de la tierra de la cual la están sacando y transportando (transport) pero nunca importando (import) como se ha hecho en ocasiones con el tomate (tom) que se trajo de Canadá o el mismísimo boniato (bon) de Santo Domingo...

Con los 5 cuc que no gastamos fuimos a las tiendas trd (shop) y adquirimos en buena lid pdp (picadillo de pavo), albóndigas (cerdiplast), puré de tomate (purpuaf), pastillitas con sabor a cerdo (pastpuer), refrescos de naranja (orinito), espaguettis (tenias), café instantáneo (insta), colcha de trapear (mierd) y atún en lata (ñó)... Así como les digo regresamos a casa en el almendrón cargados como burros andinos felices (fel) jodidos pero contentos (j pero c) para que todo nos dure una semana, una semana santa comiendo cerdiplast un día, tenias en purpuaf otro, tomando orinito por las noches estrelladas, comiendo ñó en las tardes hermosas mientras dejamos para la próxima los suministros que vienen por la carnicería (matadero) como huevos (testic), pds (picadillo de soya), jamonada (de jam nada) y otros.rar cosa que no se nos pegue la carne al esqueleto y mantenga la vida cierto sabor a MAE mientras podamos ir de visita a las shops al reciclaje y anclaje del viaje sin equipaje de potaje sin encaje.

No les cuento del dulce de frutver porque se está haciendo, ahora asimila el color del barniz de muebles cuando se le ve con la paleta a la luz solar que entra por la ventana, un dulce hecho con amor en medio de este viento de cuaresma que nos prepara para la pascua, tiempo en el que damos más de lo que recibimos al efectuar nuestra misericordia y nos preparamos para decir el rotundo no a la tentación en el ayuno (¿hay uno?) consuetudinario que llevamos a cuestas y que nos hace desvariar mientras en nuestros tímpanos anida el dulce trino del moscardón, un zumbido de lenguas extranjeras y de rezos orishas que sirven para ahuyentar las maledicencias, el ábaco chino, la florifauna y el ápice, árbol enano casi invisible que danza eternamente entre las sílfides y el onix en el mismísimo centro de nuestra retina cónica úrsula médica y cárnica estomacal, porque en los MAE y fuera de ellos la cultura del interior (incult) y la salud pública (salpub) se unen maravillosamente a los precios de nuestras finanzas (prefin) mientras establecemos las comunicaciones (com) tanto en la paz como en la guerra y cargamos el jabuco si trajeron las cosas y si no que nos parta un rayo agropecuariamente...

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sábado, 4 de abril de 2009

Una ventana especial

Se recomienda tener una ventana especial en la casa para dar solución a los problemas, vencer los obstáculos o como dijera Steve Window "salir del atolladero".

Una de las condiciones previas de dicha ventana es la selección de la madera porque la tal no puede ser de aluminio, acero, titanio, vidrio (cualquiera tiene un tejado de vidrio, claro) y mucho menos de criptonita, desde luego. Debe ser de madera dura como ácana, granadillo, cedro, caoba u otra similar resistente a los comejenes (termitas) y a los come genes de los cuales hemos hablado recientemente. Una madera (roble) de olor mestiza aplatanada que haya salido de un árbol especial (el árbol de las especias por ejemplo) y que tenga aquella personalidad propia de atraernos (una madera imán) con la que se pueda hacer no sólo el marco sino también las juntas interiores, las chambas, las tablillas, que se abra al mundo para que este se abra a la ventana y nos proporciones el único gusto egoísta que nos está permitido: mirar.

No lo sabíamos pero teníamos esa ventana en casa hecha de papel (papiro) amarillo y goma de pegar como esas artesanías que han exportado los franceses que nada pesan y que tanto atraen, una ventana ideal pintada a crayola sobre papel liso ajustada al piso que es el lugar más cómodo para pintar una ventana. Estaba la ventana en su salsa y estaba tan salada que no me la comí, como decía la conga oriental que nos invitaba a arrollar por la calle de Infanta desde San Lázaro hasta Carlos III. Una ventana de dulce de leche, de ajonjolí, de esparadrapos tejidos, de sábila, ventana para mirar cómo llovía, para ver cómo pasaba la gente, allá los perros callejeros corriendo a más no poder, ella cortando las flores, aquel viejo fumando su pipa, la abuela tendiendo la ropa, aquel papel revoloteando como palomas en celo, el césped dejándose cortar, el olor a tierra mojada, el sacristán en su oratoria, el escolar con sus libretas a cuesta, un remolino, las nubes altas, el cielo gris, antenas de tv, postes del tendido eléctrico, están arreglando una calle, los tanques de basura, las mariposas nacen mientras se esconden las hormigas, ¿por qué camina la gente?, murmullos, canciones, un papalote a bolina, el mar lejos pero inquieto, se está acabando este invierno y viene irremediablemente la primavera...

Otro requerimiento es listar los asuntos a resolver, una lista espontánea hecha con todas las de la ley: ninguna ley. Listar y ordenar comenzando por el 1 hasta digamos el 25, un cuarto de asuntos de un total de 100... Habrá que poner el papel (la ventana) en el suelo y marcar desde el borde superior hasta el borde inferior una recta (curva) y desde el borde izquierdo hasta el derecho otra curva (recta) cosa que quede la ventana (el papel) dividido en cuatro cuadrados perfectos... En el primer cuadrado arriba a la izquierda los asuntos urgentes e importantes (UI), debajo del cuadrado izquierda los importantes no urgentes (INU), arriba derecha en el cuadrado los urgentes no importantes (UNI) y debajo los ni urgentes ni importantes (NUNI) de tal suerte que queden estas cuatro siglas bien claras para ubicar la lista en ellas: UI, INU, UNI, NUNI... Ya tenemos algo para entretenernos y comenzar el lunes diciendo siempre: "Gracias a Dios que es lunes"... claro. Y a poner la lista de tal manera que resalten las prioridades cualesquiera que ellas fueren... Un asunto ni urgente ni importante es llamar a Fefita para saludarla. Un asunto urgente no importante es buscar en la guía un nombre para el cachorro que nos han regalado. Uno importante pero no urgente es adquirir tomates para la ensalada del fin de semana. Uno urgente e importante es pintar el pasillo...

Pero el ejercicio se complica cuando en la relación de insumos (inventarios cero siguiendo el modelo japonés según dicen) no contamos con esa madera ni con otro material para confeccionar la ventana que pueda considerarse un sustituto. Y nos encontramos en el laberinto de comenzar un ejercicio de pensar buscándolo en las mismísimas ideas que como se sabe ni tienen forma, ni peso, ni dueño. Eso sucede a veces y se convierte el intento en un jeroglífico, en algo difícil como la receta para la inyección de algún antibiótico, el bautismo en una iglesia como precondición de la adoración de un orisha, la discusión acerca de la eternidad de Dios o de la materia, la homofobia y el vampirismo excluidos de las discusiones televisivas, el miedo a señalar con el dedo las deficiencias de los artistas, los compromisos emulativos archivados, el silencio sobre las causas de la sustitución de gerentes o altos directivos, la ausencia de página "roja" para la lectura en la prensa escrita, las verdaderas causas de los divorcios y los suicidios, el nombre de los que van a morir como resultado de la contaminación del VIH, las esquelas mortuorias y las fotos de boda publicitadas o los casos de retraso mental masivo encontrados en ciertas regiones del país...

Buscar una ventana prototípica es para algunos un ejercicio imposible porque la vida misma nos está tragando en medio de una avalancha gigante de materia que como tsunami nos pasa por encima como aplanadora de reparación de calles. Se ha ido perdiendo no sólo el interés por el trabajo sino también por el pensar, la gente arrasa con los dulces de oferta que logra encontrar de la misma manera que se come los panes que logra comprar, acaba con los recursos input y con los impulsos output, de manera sistemática la persona humana se va convirtiendo en un mecanismo tal como lo pensaron y describieron aquellos que argumentaban que el hombre era una máquina en pleno siglo XVII (habría que releer aquellos textos) y se inspira en supuestos relatos que nunca han sido escritos sino por los seguidores de los grandes fundadores de escuelas de pensamiento como Sócrates (lo conocemos a través de Platón), Jesucristo (se refieren a él sus seguidores o apóstoles), Buda (no hay textos digamos, originales), Mahoma (¿es El Corán un texto escrito totalmente por él comprobadamente?), Marx (¿conoceremos su palabra real económica en una interpretación que terminó de escribir su fiel amigo Engels en lo relacionado con El Capital?) y otros, mientras el ejercicio se deja en manos de extraños (delegación de autoridad hacia arriba) por lo que el cerebro singular de cada cual no sólo sufre sino se estanca e imposibilita desarrollarse (el prefijo sub significa como ya se ha señalado nunca casi sino imposibilidad) según algunos teóricos.

Los que recomendamos abrir la ventana con o sin madera (si consiguiéramos madera, mejor, o tal vez peor ahora me entra la duda cartesiana aunque una ventana material-ideal sería lo genial, lo fenomenal, lo estelar, lo espectacular) también estamos ante una disyuntiva fantasmal: encontramos madera (y la tocamos) mientras seguimos en el ejercicio o no la encontramos y nos la imaginamos sin tocarla pero ejercitando mentalmente la solución. Una disyuntiva muy parecida a un sablazo de
bateador frente a un pitcher submarino japonés de bola rápida y curveada: si le tiramos y damos hit ganamos pero si nos ponchamos nos cae encima la ventana de madera o la angustia de lo que está hecha la ventana ideal y perdemos el juego. Qué trabalenguas más raro en esta cuaresma en la que bate un aire aciclonado sin que haya una baja barométrica todavía y al mismo tiempo es muy difícil que crezca la esperanza de encontrar lo perdido pues no sabemos qué es en medio de una indefensión total ante la inexistencia de un pensador original y doctrinario genuino que nos indique dónde está la lámpara maravillosa con su genio dormitando dentro y que además nos aliente a considerar que el tipo espera por nosotros para ayudarnos a salir del atolladero en que vivimos... Uf...!!! Una verdadera y original cagástrofe, según dijera no hace mucho Héctor Zumbado.

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viernes, 3 de abril de 2009

Esta Torre de Babel

Un zumbido como de invasión de comejenes, panal de abejas o avispero se había apoderado de la madrugada y entraba al jardín por el muro trasero de la casa hasta despertarnos casi al amanecer. Cuando alguien pasó con las primeras luces dijo asombrado: allá detrás están hablando mandinga y bikutsí camerunés desde anoche. No era posible porque los negros del fondo habían nacido en el país y de esta frontera no habían salido nunca aunque siempre se vanagloriaban del ancestro ghanés y congoleño que tenían. Ellos no podían desprenderse de esa herencia no solo por el color de su piel sino por la estatura, la mirada y la blancura de los dientes. Los labios gruesos los podía tener cualquier africano subsahariano pero los demás rasgos no, según ellos eran de aquellos parajes. Cuando jugaban dominó uno de aquellos vecinos confesaba que con lo que más había soñado era con un enorme árbol al que nadie le había podido medir la altura ni la cintura y que siempre se le aparecía en el sueño del atardecer, por eso al negro le llamaban "Bao" por el nombre del baobad y hasta le gustaba que le dijeran así.

Sin embargo esta imagen inicial no es el tema de hoy sino el misterio del zumbido que se había posesionado del espacio trasero de la casa y que al menos hasta media mañana no tenía intenciones de irse a otro lugar. Aparecía después de las diez de la noche y se iba antes de las ocho de la mañana. El vecindario decía que se trataba de emisiones clandestinas en onda corta de radio o de televisión de antena mal orientada pero no era eso porque en el traspatio no se contaba con tal tipo de equipos electrodomésticos. No faltaba quienes atribuían el ruido al criadero de palomas del edificio a mitad de la cuadra pero allí no se oía con la nitidez de estos bajos y el rucurrucu de las palomas cesaba en la noche cerrada mientras que era en ese horario que comenzaba el vuelo del moscardón desconocido.

No tuvimos más remedio que tocar en aquella puerta a esas horas de una noche y fue "Bao" quien nos explicó el "misterio": en su casa dormían dos estudiantes africanos que susurraban de noche en lenguas beté, fon, baoule, lingala, malinde, mina y bambara y era por esa razón que al hablar en voz queda daba la impresión de un vuelo raro de algún insecto intranquilo. Estos estudiantes eran, según ellos, familias que habían llegado buscando la parentela actual... De aquí que nos pusiéramos a conversar acerca de qué visitantes tenemos por doquier en nuestro ajiaco actual de nacionalidades y visitantes.

Increíblemente son los africanos los más visitadores sobre todo namibios, sudafricanos y angolanos, pero hay también tanzanios, congoleses, mozambicanos, zaharauíes, marroquíes y argeninos, marfileños, etíopes y tunecinos no pueden faltar por solo citar algunos. De nuestra América los hay brasileños, argentinos, uruguayos, paraguayos, peruanos y chilenos, ecuatorianos y colombianos, venezolanos y panamenos, costarricenses y nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos, mexicanos y beliceños, hondureños y todos los de las pequeñas islas caribeñas (vienen de Islas Caimán y también de Nassau), dominicanos, puertorriqueños y guyaneses. Los hay chinos estudiando español y vietnamitas haciendo lo mismo, coreanos y de las antiguas repúblicas asiáticas de la ex Unión Soviética, nipones y thailandeses, indonesios y mongoles y por supuesto australianos. También visitantes europeos y por supuesto canadienses y norteamericanos (los canadienses son también norteamericanos y una parte de mexicanos lo son asimismo ya que viven en el norte de ese país). Por todo ello si sumamos los nacionales cubanos de 14 provincias y un municipio especial claro que debe haber un enorme y complicado zumbido diseminado por todo el país que en los días de calma se apodera de las casas y nos parece que hay alguien conectado a una emisora extranjera o un panal cocinándose a la sombra de alguna mata de naranjas agrias...

El asunto se complica con una sola pregunta, a saber: ¿tenemos condiciones materiales y espirituales para albergar tal cantidad de visitantes en una casa pequeña como la nuestra cuyo producto interno bruto no alcanza para satisfacer las necesidades siempre crecientes de nuestra población que ronda los doce millones de habitantes más o menos?... Si todos habláramos el mismo idioma no habrían muchos problemas, pero el zumbido en ruso, chino, francés, inglés, swahily, bantú, creole, zulú o ziglibití al mismo tiempo y en cualquier lugar puede producir un fenómeno de estática que no es nada conveniente. Por la mesa no nos preocupamos (ocupamos) mucho: donde comen 12 pueden comer 14. Ni por la ropa o el techo donde dormir tampoco, ni mucho menos por el transporte para movernos de un lado a otro. Vestidos como estamos probablemente nos confundan con uno de Guayaquil tranquilamente o un jamaicano, dígame usted. Pero el asunto se complica cuando se produzca la primera conversación con un extranjero. ¿Cómo decirle a un martiniqués que nohaymásná?... ¿Se lo decimos por señas o a viva voz?... ¿Cómo explicarle a un alemán la relación existente entre la base económica y la superestructura jurídico-política a la que corresponden diversas formas de la conciencia social si aquí casi nadie habla ese idioma?... Probablemente le diga al acompañante que le estamos proponiendo una botella de ron clandestino por la izquierda o una caja de tabacos Romeo y Julieta torcida en casa con las mejores hojas de Vuelta Abajo... ¡Dime tú!

De ahí el zumbido, una danza con lobos de lo más extraña y apacible, murmuradora y cómplice, pianísima incomprensible en voz baja hablada gesticulada y no escrita en cuyo diámetro se mueven no sólo las palabras más necesarias de nuestro vocabulario sencillo, común y corriente: comer, dormir, cantar, bailar, sino también metalenguajes complejos como algoritmos, ecuaciones, endocrinología, hictero hemoglobinuria vacilar bovina, epítome, induración, appenzell, réspice, eubolia y otras. ¿Cuántos traductores de chino tenemos en el país? ¿Quién de nosotros sabe algo de japonés?... ¿Alguien por allí sabe hablar en holandés o francés?... Y creole, ¿cómo decir carne de cerdo frita en creole?... Y guaraní, aymara, quéchua, a ver, ¡díganme arroz con pollo a la chorrera en lucumí!... ¿Es cierto que tenemos tanto de congo como de carabalí? A ver, ¿y qué del latin?... ¡"Beati possidentes"!

Si sólo fuera el vuelo del mosquito no habría problemas, pero el lío se forma cuando junto con la confusión e intercambio de lenguas y culturas idiomáticas diferentes se nos queda no sólo el olor del otro sino nuestra imagen en la retina del visitante y el olor pasa pero esta arruga en el rostro no, esta angustia auditiva y comunicativa nos va lastrando, nos aplasta todos los días segundo a segundo un poquito más. Y es lo que el otro nos pregunta desde que nos ve...

El runrún nos dice algo sobre alguna isla o aquel país que no tiene salida al mar pero nos hace desconocer al mismo tiempo la vida de todos los otros. Digo esto porque los que sabemos al menos leer y escribir podemos dar una explicación lógica del zumbido pero los que tienen desgraciadamente todavía ciertas limitaciones no le encuentran ni lógica ni sentido porque lo de ellos es a la larga casi solamente tragar. La ausencia digamos de tomates en el agro tiene una importancia exclusivamente estomacal para algunos pero para los que tienen un brochazo de cultura el síndrome no es solo digestivo sino psíquico al no poder decirle con todas las palabras a aquel que nos visita: comer tomates no es en el fondo otra cosa además que un placer estético. Y en eso andamos, tratando de encontrar algo para la ensalada diaria y esforzándonos para poder hablar de ello con los que vienen a mirar este zoológico y hacerlo en su propio idioma sin intermediarios. Un pecado grande el de esta Torre que no va a tener por ahora solución...

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jueves, 26 de marzo de 2009

La guerra de este mundo...

En este clima tropical aparecen las termitas bien llamadas comejenes. Los comejenes son comedores de madera principalmente pero también existen los come genes como su nombre lo sugiere y son lo más parecido a un ejército hambriento cometodo que las propias hormigas (bravas o silenciosas tal sea el caso) o las bibijaguas que se parecen mucho a los asiáticos sobre todo a coreanos y japoneses que singularmente se han dedicado desde la segunda guerra mundial a ese laborioso y difícil oficio del béisbol...

He dicho come genes porque esos seres vivos pululan desde hace ya cierto tiempo por nuestra isla que nos sirve de casa grande y vienen de no se sabe dónde volando bajito como las pelotas Mitsuno que saltan la cerca allá por el Park del béisbol en el Segundo Clásico Mundial. Hoy por ejemplo han llegado los comejenes a volar buscando la luz y por eso es que dejamos la del portal prendida no solo para ahuyentar a los ladrones sino para atraerlos (el proceso de atracción-repulsión es propio no solo de la física newtoniana sino también de la biología insectívora y en eso de los comejenes actúa como las leyes de la mecánica cuántica y clásica que es lo mismo pero no es igual) y que ellos mismos se quemen las alas para que se conviertan en hormigas silenciosas y pacíficas que no muerden pero arrastran comida para sus cuevas...

El asunto es que los come genes han demostrado que son más invulnerables que los comejenes penetrando no solo las viviendas familiares para dar vueltas alrededor de las luces apagadas sino también los establecimientos gubernamentales y las asociaciones no estatales pues mientras las bombillas sigan prendidas gastando combustible allá van los comejenes a quemar sus alitas buscando el calor de esos soles artificiales pero los come genes esperan la oscuridad de la noche y acaban con todo lo existente. Como dijera Lu Sin, "no hay aguacero que dure todo el año" pero come gen sí. De esta manera los come genes han comido la madera de los bates de béisbol haciendo un gran daño a bateadores del patio que no le pegan a las bolas buenas haciendo un raro movimiento con el bate comido lo que trae por consecuencia que no produzcan hits ni anoten carreras frente al picheo de los asiáticos en el momento que más se necesita...

También los animalitos bípedos se han metido en las bombas de gasolina Cupet y se ha comprobado que en la misma medida que aumenta la presencia de ellos en aquellos lares y lugares es menor la cantidad de dinero que se contabiliza en las cajas registradoras e incluso se han comido los papeles de las cintas auditoras y ahora ni aparece el dinero, ni los papeles ni la propia gasolina ni los aceites y lubricantes ni otros productos con los que se ha enriquecido el almacén de estas pistas como helados, cervezas, refrescos, galleticas, salsa de tomate, desodorantes y cualesquiera conspícuas conspiraciones constelaciones en su existencia existencial de las que dicen pienso luego existo...

Genéticamente hablando, los come genes nos han descogenetizado el cerebro y la actuación pública que se comporta por fuera con una moral y por dentro está carcomida, endeble, comogenetizada así como así. También han penetrado esos insectos pensantes en los bancos, bodegas, bodegones, tapicerías, obras en construcción, escuelas, hospitales, tiendas por departamentos, dulcerías, panaderías, comercios de todo tipo, restaurantes, hoteles, cementerios, terminales de ómnibus, taxis y hasta recónditos lugares como entidades agrícolas, cooperativas, granjas, unidades de acopio e incluso in situ insisto planes ganaderos, arroceros, cafetales, playas, aeropuertos, puertos, cualquier tipo de entidades, universidades, humedales, piscinas, mar abierto, aire comprimido, consultas espirituales y donde quiera que existan oportunidades de llevarse algo para la casa, desviar algún recurso o sobornar a algún funcionario o que no funcione dejando de recuerdo unas bolitas blancas redonditas de donde salen más de esos bichos y las alitas como testigos de que pasaron por allí...

Ellos estaban haciendo nido en las esquinas organizados en colonias jugando ajedrez, pelota, apuntando chapas de carros, haciendo algún "bisne", enamorando mujeres, utilizando sus celulares en el trasiego y la lucha diaria pero tranquilos sin trabajar ni enredarse en el compromiso de hacer algo legal que supone carné de identidad y disciplina laboral, pero de un tiempo acá los come genes se han comido los genes de la virtud y han taladrado las circunvoluciones cerebrales de los fieles en iglesias de todo tipo y de los más austeros cumplidores del deber, creyentes ecuménicos o simplemente ateos y con esto han desorillado y desmantelado las antenas parabólicas y las señales televisivas tipo Internet clandestinas superando con creces el espectro ideológico foráneo por uno nacional envuelto en una jerga difícil de entender que huele a un caló de cárcel y que dice "agua y qué bolá asere" cuando se acerca la policía...

Ellos han impuesto multas por la izquierda a taxistas diciendo que asedian al turismo que nos visita, han corrompido policías, jueces y fiscales y han levantado un grande y voluminoso edificio tipo pirámide egipcia de tal manera sólido que va a ser difícil acabar con ellos de una manera sulfúrica y probablemente por el contrario nos conviertan en seguidores cumplidores comedores de los dioses incas del patio pues son ellos incapaces de dedicarse al trabajo y nosotros incapaces de exterminarlos y seguiremos viendo cómo se desarrollan sus actividades y nosotros aquí pasando las de Caín buscando féferes en los agromercados clandestinos y ellos allá acabando con la masa ganadera que es otro de los objetivos de los come genes pues se han propuesto llevar a cero la existencia de esos animales para plantar allí donde pastan hoy, la bandera de territorio libre de vacas, caballos, carneros, mulos, chivos y cualquier otro ejemplar que se pueda comer asado o en salsa puesto encima de una mesa pobre pero honrada...

Por ello y gracias a ellos paella no hay, tampoco harina pues se la llevaron para el otro costal, no aparece la carne de puerco barata, se están inyectando los pollos con algún líquido misterioso puesto que cuando los cocinas se desinflan como el globo de Cantoya, se pierde el arroz a fin de mes, las galletas no vienen con la calidad requerida, los calamares son una calamidad, la industria nacional no tiene calidad y el equipo de béisbol fue descalificado porque los come genes como se ha dicho se comieron los bates y estuvieron los peloteros diez y ocho innings sin pisar el home o se ponían a batear sin hacer caso de aquel proverbio que siempre llevaba debajo de la gorra Mickey Mantle: "Si tienes el bate corto acércate más al home" y fue esa una labor de diversionismo ideológico de los come genes que convencieron a los jugadores seleccionados que se quedaron viejos como pelotas de plastilina siguiendo orientaciones de los coaches de la segunda guerra mundial mientras los japoneses hicieron un equipo rápido robador de bases antirutinoso y marcial que seguía disciplinariamente las orientaciones de los managers modernos y saludaba como si estuvieran en un combate con espadas afiladas y en el tatami hacían reverencias osotogari achibarai judo karate sumo mientras los latinos se dedicaban a comer carne a toda hora, arroces con frijoles, ensaladas mixtas y a engordar como si fueran puercos en ceba y así cuando llegaban a las bases se sentaban a esperar las suculentas meriendas con maltas, leche condensada y dulces robados y se comían todo eso y los come genes internacionales haciendo vídeos para saber qué hacían allí engordando mientras ellos estaban practicando secretamente las múltiples jugadas brillantes y sin hablar ni perder tiempo...

De ahí que cuando nos enteramos que se va a transformar el deporte nacional y todos los demás deportes alguna gente piensa que tendrían que acabar primero con los come genes porque esos invasores no vienen de Marte sino que están aquí todos los días de la semana y ¿de dónde sacan el dinero?, pues lo sacan del bolsillo de los demás y por ello sin paella habría que asumir lo siguiente: empezar a acabar con los come-come como hicieron en China con los gorriones y al acabar con los animalitos tener en cuenta que los insectos se reproducen y si se matan los pajaritos se comen el arroz y de la misma forma que se terminó algún día con el analfabetismo desaparecerá el comegenismo para que se pueda sembrar una bandera dentro de un siglo que diga que somos territorio libre de come genes y así despedir el noticiero con una rapsodia para piano sin comején que es lo mejor, digo, si no hay dudas, ya que el comején que se duerme se lo llevan las hormigas...

En fin, que no es la guerra de los mundos con aquel cuento de que llegaron los marcianos sino la guerra de este mundo, una fuerza que se abre paso hasta para coger las papas que vienen al puesto de la esquina y que sirve de información fidedigna pues los narradores orales distribuyen los criterios para el delito como tubérculos encima de las pesas y mientras eso sucede los come genes acaban con la quinta y con los mangos y los que pasan vociferan que es de ellos la culpa y es allí donde se forman los remolinos aciclonados que despiertan a los insectos y comienza de nuevo la balacera no solo de palabras sino de mordidas contra maderas y crofenico que es la suma de ciertos elementos en la tabla de Mendeleev y que todo el mundo sabe (cromo hierro niquel y cobalto) igual que aualbi (oro aluminio y bismuto) y muchos otros más por lo que digo hoy aquí sin que me quede nada por dentro que los genes de los come genes los tenemos también nosotros dentro en la mismísima pituitaria o mejor decir en una región cercana a la hipófisis que es por donde le entra el alma al cuerpo y con ella esos divertidos bichitos alados que intentan volar a quemar sus alas al sol...

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jueves, 19 de marzo de 2009

Un mensaje del bloguero a ciegas

En estos días no he escrito nada no sé por qué, parece que no tengo inspiración temática, una enfermedad que ataca a los que escriben algo cuando se va el invierno y no acaba de llegar la primavera.

Espero salir de este vaivén en unos pocos días así que le puedes decir a los lectores que no se agiten que ya les llegarán noticias de mis comejenes.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Utopía

Esta es una receta especial para un menú diario sin ingredientes, solo para personas, grupos, colectivos exclusivos que se decidan a aprenderla por lo que generalizar los resultados no sería recomendable... Una receta ideal sin un átomo de materia, algo así como un espíritu puro vagando dentro de las circunvoluciones cerebrales en medio de una tormenta de necesidades fuera de la conciencia, pero receta al fin no la vamos a encontrar ni en las más publicadas de Nitza Villapol ni en las que salen en las revistas recetudas que pasan la barrera de las aduanas y entran hasta las casas de vivienda para ser consumidas por lectoras novelosas ávidas de ver colores llamativos, trajes para modelos, bodas de alcurnia o anuncios para otros con eso que llaman dinero en el baúl.

Voy a poner un ejemplo sencillo: la conocida ensalada de espárragos. Esa receta necesita (si es para cuatro personas) un manojo de espárragos que pese 500 gramos, tres tomates grandes y rojos, dos huevos duros, cuatro pepinillos en vinagre, aceite de oliva, un ramillete de finas hierbas (perejil, cebollino, perifollo...), vinagre, sal y pimienta. Lleva un tiempo de preparación de 25 minutos. ¿Cómo se hace? Cueza los espárragos previamente pelados (pp) en agua salada hirviendo. Escurra bien. Lave y seque los tomates y corte uno de ellos en dos, otro en rodajas y otro en cuartos. Pique los huevos duros y lave y pique también las finas hierbas y los pepinillos. Prepare la vinagreta: en un cuenco ponga sal, pimienta, finas hierbas picadas, pepinillos y yema de huevo también picada. Añada dos cucharadas de vinagre por seis de aceite. Ponga las rodajas de tomates alrededor de la fuente y en el centro coloque el resto de los tomates y los espárragos troceados. No lo aliñe hasta el momento de pasar a la mesa... ¡Y a comer se ha dicho!

Sin embargo, en nuestro medio no existen los espárragos y, si los hay, no los usamos, ni los comemos o no los hemos visto nunca y cuando los vemos en una foto de revista decimos: ¿Y esto qué cosa es? ¡Parecen pichas de perro joven necesitadas de una pareja! ¿Pepinillos en vinagre?... ¿Pepinillos dijo Ud.? ¿Finas hierbas?... ¿Y qué cosa es el perifollo?... ¿Será acaso una cerca perimetral cubierta de follaje? ¿O quizá, tal vez, follar al peri como si fuera un perro detrás de aquel otro animalito en plena calle? ¿Cocer?... ¿Dice Ud. cueza?... ¿Eso se baila o se come? ¿Tomates cortados en cuartos? ¿En cuartos de alquiler? ¿La vinagreta? ¿De dónde sacaron eso de la vinagreta? ¿En seis de aceite?... ¿Todo el aceite, todo? ¿Un aceite de oliva quién lo compra en la shop? ¿Y esa fuente para la ensalada, de dónde salió? ¿Es de cristal, prestada, y si se rompe? ¿Aliñar, qué es aliñar? ¿Y a comer? ¿A comer picha de perro, qué falta de respeto es esa?... En fin, que no se puede, que no se debe preparar lo que no se tiene...

Pero en el caso de la receta de utopía no hay que tener en cuenta los ingredientes porque no hacen falta. Tal vez el único que se requiere, y no es un ingrediente material sino de otra índole, es una fuerza de voluntad descomunal que nos haga poseer la infinita virtud de la paciencia para pensar tan profunda y concienzudamente las cosas queriendo realizarlas y al mismo tiempo prepararnos a no tenerlas cuando no sea posible hacerlo, y continuar en el empeño una y otra vez hasta que un día lo logremos. Parece un trabalenguas sencillo y buena gente...

Una receta que no lo es y solo existe mentalmente en el fondo infinito ideal inmaterial y que no se puede dar para otros porque allá probablemente no existan las mismas condiciones ambientales, materiales, espirituales, ideales, modales, viales, platanales, fantasmales, bienes y males que tenemos aquí, en este archipiélago tipo caimán que nada en un mar bravío a veces, tranquilo otras, en el que se ejercitan apaciblemente los tiburones inofensivos de colores y por las noches las tímidas lechuzas simpáticas videntes nos arrullan mientras nos miran con sus miradas de asombro sin pestañas preguntándose eruditas si seguimos pensando en hacer aquello que siempre nos hemos propuesto o deseado.

Un cielo azul que nos cobija en el dipintodiblú, que alumbra las montañas surcadas por auras viajeras, una casita de una sola ventana con un caminito rodeado de flores y un árbol frondoso en el que anida un colibrí que liba una naranja, aquel enrejado suelo sobre el que ladra y corre una perrita de color carmelita y danza otra renegra como la noche oscura, y la pizarra mientras el maligno ciclón acaba con las siembras y vienen los hombres poderosos amados por las mujeres de voluminosas e intensas tetas a reconstruirlo todo en los días de calmas cantando el trágala del triunfo, del honor y de la gloria para volver a protegerse contra la embestida del cruel viento...

Un país pequeño, mayor que otros que se hunde centímetro a centímetro en millones de años y que lo que más admira es un sol que no sabe utilizar, un mar pacífico salado, un mar, un invierno breve y fantasmal como susurro, unas canciones para cantar y bailar, un trabajito para trabajar o para quedarse tranquilo sin hacerlo, carpinteros sin ser doctores y académicos que lavan su bicicleta forever para siempre, viajeros incultos cariñosos, caballeros sin etiqueta que hacen la reverencia en la cola de los jubilados, nosotros los enamorados mal alimentados pero constantes, los empecinados en hacer sin pensar pensando hacer como en los festivales latinoamericanos del nuevo cine, allá vamos siempre recomendando en las largas filas de cinéfilos tómese Ud. una pastilla de secnidazol para eliminar las amebas histolíticas y las giardias, un remedio de cañasanta para el estómago, un ajiaco de lechón asadocongríensaladadetomates para las pesadillas nocturnas y verá qué bien se siente.

Nosotros los musicales risueños utópicos ectópicos embarazados cariñosos casados divorciados hijos de esa ventura que nos dio la vida, ay mamá iné cómo está usté aquí loj blanco tomamoj café, cómo se prepara esa utopía nadie lo sabe, cómo la hemos hecho y conservado entre nuestros parietales nadie tampoco, cuándo la hemos servido en nuestra mesa manual de parados nunca se ha escrito, lo pasado se fue ahora mismo y lo futuro no ha llegado todavía por lo que dicen en las consultas espirituales que el presente vale que es lo único que vale y hay que vivirlo revivirlo, lo que te den, cógelo, y revísalo, una angustia nos toca cuando nos vamos y otra la misma cuando regresamos, los eternos simbatientes dientes de oro en colmillos sanos a los que nadie puede quitar lo bailao, seguiremos a pesar del otoño tejiendo la receta de la utopía magnífica epónica cíclica cíclope cítara aderezada con flores de marabú convertidas en leche, mientras viene soplando alguien con la taza en la mano, ese chofer tiene una jarana y una frase hechas para decirle a sus pasajeros que den un pasito al fondo finito y que se pongan a mirar a través del cristal trasero a los que se han quedado en las paradas esperando que venga vacía la de atrás y que no le echen tuercas en la caja del menudo.

Lo peor de todo será que no habrá quién escriba lo que nos está pasando con esta receta y si alguien lo hace nadie lo leerá porque no habrá tiempo para leer cuando la mismísima utopía a la criolla nos exija el cuento y algún mesero nos traiga la cuenta de los espárragos olivos al aceite espolvoreado con floripollo o perifuelle aderezados con rúcula y brócoli, nos la traiga en bandeja con servilleta para ocultar dentro la cuenta material que dice gracias por su visita camarero socito propinita además al diez por ciento, nos traiga esa cuenta utópica y también la del dinero en nuestro baúl volátil inexistente ideal un billetico con un fantasma verde
y grande peluca que ponemos ahora frente al sol para ver la sonrisa del fantasma de la ópera cómo se ríe y ya, y con esto seguir soñando que estamos en la diplomática mesa de Sir Tomás Moro pensando en cuándo será que le vuelvan a cortar la cabeza que descansa en el soporte que tiene encima de los hombros, cortada con aquella hacha filosa inglesa la misma que nos impulsa seguir escalando esta loma empujando la almendra enorme que nos lleva y que nos trae, que nos saca a pasear volando por encima de los baches y nos invita a comer y a dormir nuestras bineurónicas vidas utópicas de nuevo...

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lunes, 2 de febrero de 2009

Diez mandamientos

Mucho se ha dicho y se ha escrito acerca de los valores que en épocas de crisis se pierden irremediablemente y en las épocas donde no las hay desaparecen como conejos en un acto de magia, se debilitan como enfermos de patologías incurables, no se encuentran ni en los centros espirituales...

Hay quienes lo justifican todo diciendo que esos principios nunca existieron, mientras algunos ni quieren hablar de eso y otros parece como que nunca los han tenido, ni siquiera saben lo que son. En un momento hablaremos acerca de ellos (de los valores morales) pero hoy, en medio de una globalización de la recesión tal como dicen analistas de izquierda y de derecha, la hambruna para millones de personas que se nos avecina según los especialistas, allí donde se teje el ciclo de dirección empresarial que los teóricos han denominado: planificación, organización, gestión y control (otros han añadido también comunicación...) sería bueno tener en cuenta los mandamientos que todo dirigente o dirigido debiera cumplir a la hora del recuento diario en y fuera de la jornada laboral. Se ha sugerido que tal comportamiento ético es el mejor remedio para paliar la crisis que no es solo financiera o inmobiliaria sino sistémica, energética, moral y ética... Como me lo contaron, aquí les va:

No usarás el celular asignado más de lo que permite la cuota mínima modesta pues el subsidio de ese aparatico debe destinarse para otros menesteres menos gastadores y ostentosos.

No dejarás que tu chofer deje de convertirse en tu mano derecha confiable y austera por dedicarse a la venta ilegal de la tarjeta de la gasolina porque con ello él se desviará de sus objetivos fundamentales y te arrastrará al pecado mortal irremediablemente.

No envidiarás el cuerpo y el alma de tu casada secretaria porque ella también es personal de tu confianza y más vale tenerla eficiente, discreta e intocable que convertirla con esa mirada libidinosa en objeto de placer y acoso sexual indetenible y mezquino. Recuerda siempre que tu propia esposa es a la vez secretaria de tu mejor amigo y...

No usarás en tu provecho la computadora y las bondades modernas que la misma brinda porque ese panel es un instrumento para tu trabajo y no para tu morbosidad, tu incoherente vicio de jugador de cartas o tus correos personales siempre de visita en Internet.

No reclamarás viajes al exterior ni al interior del país en aras de resolver problemas personales y/o familiares ni exigirás que te envíen por delante y por encima de aquellos que más se lo merecen sino que tomarás dicha labor como la más sacrificada y simple del mundo a la par que austera, lo que implica el cese radical del acarreo de regalos familiares y/o personales al regreso de cada uno de ellos.

No aspirarás a sembrarte en el cargo más del tiempo que el mismo requiere y en todo caso siempre pondrás el mérito por encima del salario que recibas y el modesto anónimo afán por el trabajo antes que la prebenda, el nepotismo o el sociolismo y en todo tiempo lucharás contra la compra de juristas venales (jueces, fiscales, abogados defensores, inspectores y otros funcionarios) exigiendo que apliquen la ley y la justicia en cada caso que atiendan.

No aspirarás a subir por la escala de poder sin merecerlo como vulgar arribista o/y oportunista pues "ese néctar no nos podrá nunca embriagar" como está escrito y cuando el momento lo requiera harás tu autocrítica pública diaria poniendo sobre la mesa la renuncia de tu cargo sin temores.

No exigirás vivienda ni ostentosa ni diferenciada del resto de la población que no ocupa cargo alguno si no tienes mérito probado y, si lo tuvieres, rechazarás cualquier fuero y privilegio tomando como premisa "el sagrado cumplimiento anónimo del deber" pagando tu alquiler como cualquier mortal sencillo y humilde.

No lucrarás en tu provecho ni en el de ninguna persona sea o no familiar, amigo, socio, colega, camarada tuyo ya que en el muladar del lucro un mirlo puro no se debe enfangar jamás y nada hay más poderoso en la actuación pública que la virtud.

No dejarás estudio por alcohol, deber por derecho, espíritu por vida material, honor por falsa gloria porque de la misma manera que al convocar al empeño utilizas la figura y el ejemplo mejor de la misma forma cuando traicionas el principio la propia masa que diriges te retirará la confianza y el prestigio.

Y una recomendación final: Llega primero al puesto de trabajo y márchate de él siendo el último en la fila, come de tu salario y de lo que aporte tu trabajo sin aceptar prebendas, regalos, insumos, finanzas o recursos porque si predicamos la monogamia en la vida de familia la peor ofensa que recibimos es la del dedo acusador de los incorruptibles y el mérito mayor es el de darlo todo con fidelidad de apóstol por una obra y un derrotero que los fundadores de la doctrina siempre han predicado y cumplido y, por ende, si de rectitud hablamos los primeros en el sacrificio somos nosotros mismos sabiendo siempre que "la miseria pasa, la deshonra no". Y no duermas tranquilo sino vidente, insomne y firme para que en el mismo sueño vayas matando canallas... y con tu pala de moral al hombro (palear no es paliar, claro) "paliar la crisis que se nos viene encima"... Y ya veremos cuando vuelvan a pasar los próximos cincuenta años si con la pala fuimos capaces de hacer una pirámide de tierra lo suficientemente grande para en el hueco enterrar la crisis o si la crisis no se dejó remediar con nuestro paliativo y fuimos nosotros los que nos enterramos en ese fétido lugar mirando desde su fondo increíble e infinito la belleza de la pirámide y el deslave sistemático y paulatino cuando llueve de su talud... Amén.

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viernes, 30 de enero de 2009

La calesa de casa

Parece que somos una especie a la que le han inyectado en la sangre un germen raro capaz de hacer maravillas con las manos o de pensarlas que no es lo mismo pero es igual. Desde que nacemos nos proponemos metas, objetivos, propósitos, lo único que nos mata es la inacción, la abulia nos es repugnante y por mucho que digamos "qué bueno es no hacer nada y después descansar" lo tomamos a broma porque "nada fatiga tanto como el reposo", un reposo torpe que entumece y nos hace homúnculos incapaces de oler las rosas del jardín o dejarlo todo para mañana como sucede a veces. Pero un día nos levantamos con el ánimo y el don de revivir las cosas y se hacen, se cumplen los horarios, se saca el desecho inservible y se restaura...

Allí precisamente estaba empotrada en los muros de la casa la calesa de dos caballos, conducida por su maestre calesero con bombín cubriendo su cabeza negra y que llevaba la carga vírgen para mostrar a los presentes: tres señoritas que salían a pasear por las tardes de sol sin sombrillas, para ver los árboles crecer y los ramilletes de buganvilias colgando desde los muros de mallas, la tozuda guayaba que no se dejaba doblegar por el viento del sur, el césped verde que iba lentamente cubriendo aquel paraje donde crecían los flamboyanes enanos multicolores, las flores blancas de papayas paridas, las anaranjadas de los plátanos frutales que se mecían bajo la sombra de las uñas de antas poderosas, el oloroso orégano y las pequeñas flores que anidaban a la par de las malangas ornamentales, los lirios de estación y las diminutas clavellinas silvestres aferradas a las arecas carmelitas rebeldes que ocultaban las caracolas de patio, lagartijas inteligentes y veloces, zunzunes caprichosos y algún que otro murciélago voraz, rápido y hermoso que libaba en los rosales.

Y sin embargo nadie se había puesto a mirar la tal calesa porque estaba protegida por los árboles de enredaderas trepadoras, oculta tras la sombra del poderoso cocotero además y olvidada, preterida, somorgujada y que semejaba una jarcia muerta que es aquella que está fija y mantiene la arboladura. No era una volanta o quitrín sino una calesa de dos asientos y las señoritas estaban sentadas mirando el entorno sin sonreír parece, mientras a lo lejos como en una nube de utopía los caballeros las saludaban y se oía una música celeste anunciando la marcha de los potros domados, que sin arneses desafiaban el aire que les venía del norte, despeinaba sus crines y entorpecía su paso.

Más de treinta años estuvo allí la calesa y su tripulación luchando contra la invasión de las luciérnagas, el vuelo de los pájaros de presa, la defecación de las palomas, el ladrido de los perros callejeros, el hedor del muladar de la esquina, la lenta erosión de los criaderos de hormigas, la labor anónima de las babosas de tierra, la picada de las abejas locas, viendo cómo se edificaba la nueva casa de los vecinos de enfrente y el paso de las etapas de la construcción y vida del hombre nuevo en la zona, el cambio de las libretas de abastecimiento, la autorización de la divisa convertible, los precios en los mercados topados, el abre y cierre de los puestos de agricultura, el robo de las bodegas y carnicerías, la sacrificación ilegal de ganado mayor y menor, el comercio clandestino subterráneo, la democión de directores y su ubicación horizontal o tangencial en otros puestos similares, la otorgación de viviendas teniendo en cuenta méritos y necesidades, el bacheo ineficaz de las calles, la fumigación contra mosquitos y otros vectores, las reuniones innecesarias, la vagancia, el miedo a los ladrones, los policías corruptos, las secretarias ineficientes y cientos de cosas más que ponían en el primer plano aquellas dos fases conocidas para la edificación del conglomerado social: las dificultades del desarrollo y el desarrollo de las dificultades.

Estaba oculta la calesa allí debajo de la sombra de los mangos viendo nacer y morir generaciones las primeras de combatientes y las más nuevas de simbatientes, altiva sin amorrarse, envuelta en su tela bombasí, saludable como caprifoliáceas de primavera, descimbrada por el calesero, colgada en su escarpia y rodeada de marmolina blanca para ocultarla más a la vista de todos, frágil pero fuerte como guañil americano, hermosa en su negro color, ignorada pero amada por alguien como jade, kamichí o culto de latría, como macsura que ha sido ahora encontrada y expuesta al público luego de tenaz trabajo de pulimento y pintura, una muestra de que para algo serviría y no sólo para mostrar su figura lineal y ágil sino también para alertar al que pasara, al transeúnte, al vendedor, al periodista, al familiar, al de correos con la carta o el telegrama urgente, aquel número de calle visible ahora como testamento público notarial, ortotrópica y a la vez poseedora de una especie de parhelia en su rejilla, deslumbrante al fin, sacada de las penumbras como nacida en la villa de Santoña, indicando allí en su cifra tricentenaria la modesta teofonía que motivaba decir: "A partir de hoy estaré a su disposición ad gloriam...".

Esto es lo que hemos hecho: rescatar y restaurar el adorno de la entrada principal de la mansión y el número de la calle que le sirve de soporte y ya se ve y se muestra sin las robustas palmeras de la entrada, feliz y hermoso, como uncia, vado, wapití liberado, sinfonía tocada por un maestro en su xilófono, como yapa de regalo dada por una Diosa a un zíngaro. Una labor sencilla y humilde con el único instrumento que acepta una obra de arte de orfebrería de este tipo: el afán. Una brocha, un cuchillo de raspar y un centímetro de pintura es lo mejor. Hay que decir que a cada raspadura salía de la nada una figura mítica, sí.

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jueves, 22 de enero de 2009

El carro

En ciertas partes del planeta tener uno es como un símbolo de poder (el carro, la casa, el dinero), pero en otros lugares se dice que no es un lujo sino una necesidad. Es también conocido que en ocasiones se piensa más en el modelo que en el color, pero comprar un coche siempre entra por los ojos, a nadie se le ocurriría comprar uno de color mostaza desteñida. De todas formas, cualquiera que sea la denominación que le demos un carro, es según Ford "un sistema en el cual la parte más importante no se ha fabricado todavía" o Iacocca que decía que "el elemento insustituible en un coche es siempre el dueño". De la misma manera que conocemos a la persona por los zapatos que trae puestos, la podemos adivinar también por el carro que usa, así que la gente que va dentro depende del andamiaje que han fabricado.

Lo mejor en todo caso es sentir la fuerza irresistible del volante, la magia de la pizarra, la suavidad del rodamiento, la ingeniosidad de la música que le instalemos, el tictac del reloj que posee o la capacidad interior que permite. Cuando el feliz propietario hace el contrato de adquisición (a crédito o al contado) no piensa mucho en el deterioro futuro pasados los diez primeros años, ni mucho menos en el garaje donde lo va a poner de noche a dormir, más bien lo que le interesa es probar ese caballo, aprender a domarlo y mostrarse sonriente cuando lo vean dar la primera vuelta a la manzana.

Trabajar durante muchas jornadas, mirar cómo corren por las calles los carros de otros (o los otros en sus carros), conformarse con el metro o el autobús cuando no se tiene el timón en las manos o sencillamente suspirar por las noches de vigilia mientras se dibuja en la mente la imagen brillosa del automóvil deseado, es algo que ni los científicos han analizado todavía. Pero lo más importante es lo siguiente: nadie piensa en ahorrar para la tarjeta del combustible cuando tiene uno.

El carro hay que estudiarlo a conciencia, analizarlo de tal manera que aparezca siempre como dominado por el dueño, domado y obligado a responder por el propietario y no a la inversa como sucede a veces a ciertas personas que son encabritadamente usados por el auto. Pudiéramos decir que son auto-flagelados y en no pocas ocasiones existen personas que tratan al coche como iguales... si le falla el carburador o el inyector le dicen al mecánico que lo atiende: "A veces él me hace como que quiere arrancar pero se niega, como que le duele alguna pieza o algo le falta". Y no pocas veces los mecánicos piensan que están en presencia de un animalito o de otra persona necesitada de un chequeo médico, un electrocardiograma o probablemente pasarlo por el somatón para saber lo que tiene. De la misma manera que la medicina veterinaria es la más difícil de las ciencias médicas porque el paciente no habla sino su dueño, la mecánica automotriz se comporta de manera similar: los carros sufren la patología que los dueños son incapaces de descubrir.

Para un chofer no hay placer más grande que sentir cómo el auto se desplaza abriéndose paso por entre la madeja de otros similares, rompiendo el aire que trata de detenerlo de frente y demostrando la potencia de su motor. Y sin embargo en ese instante nadie piensa en las leyes de la mecánica clásica descubiertas por Newton ni en las de la cuántica descubiertas por Planck. Nadie se pone a pensar en el movimiento rectilíneo uniforme o en la función del odómetro... el placer de la movida no tiene comparación.

Cuando uno va en un carro nuevo las chicas le piden un aventón en cualquier esquina pero cuando uno se traslada a pie, ni lo miran. Y claro que la mejor marca es "Nueva" como esos cochecitos deportivos que han sacado como muestrario para dos personas que han decidido volar bajito un fin de semana a desafiar la fuerza poderosa de las olas cuando rompen sobre el arrecife de la costa. Un auto probablemente rojo, sin capota, pulido y ronroneante, el mejor para una pareja de enamorados. Pero cuando se tienen dos hijos lo primero que sale a relucir es aquello relacionado con los asientos para menores. Ellos no se ponen a mirar mucho si hay o no que ponerse el cinturón de seguridad, pero de lo que sí estamos seguros es de que disfrutan esas vueltas como si fueran los nuevos cosmonautas. Hasta que un día crecen y le discuten el asiento al chofer...

Por donde quiera que se le mire, adquirido después de un trabajo fatigoso durante años o conquistado también a puro esfuerzo meritorio, tener un auto propio es una especie de ubicación laboral diferente en el status social asumido. Las ventas de coches aparecieron siempre precedidas de un terremoto comercializador en el que el comprador ("Usted...") afirmativamente ("Sí...") hacía gala ("puede...") de capacidad adquisitiva ("tener...") una marca preferida ("un Buick..."). De tal suerte, hoy, con la adquisición de ese transporte sistémico, nos igualamos no solo a cualquier dinastía de reyes o sultanes sino de taxistas, funcionarios gubernamentales, probadores de taller, corredores profesionales, gente de mundo, policías e incluso ladrones de bancos al por mayor. Al tener la posibilidad real de conducir y frenar en el primer semáforo uno puede pensar que es cualquier cosa, hasta ese músico, poeta y loco de quien cualquiera habla un poco.

No obstante el mejor chofer siempre es una dama y si es elegante, mejor. Nada como ver bajar de un auto nuevo a una de esas mujeres ejecutivas de pelo suelto encaracolado hablando por su celular mientras lleva el maletín con la agenda del día. Ese es el único momento en que no nos fijamos en el auto que ha parqueado. No pocas declaraciones de matrimonio o piropos serios se han hecho a ese tipo de dueña y no a ese tipo de carro. Y en todos los casos el señalamiento no se hace al artefacto sino a la señorita. Si el coche pasa en estos casos a un segundo plano la mujer se ve reivindicada en su lugar de honor. Por desgracia estos casos no abundan mayoritariamente. Son más las expresiones de asombro ante el cruce de un auto de lujo que ante el bamboleo de una mujer inteligente y hermosa.

Cuando nos dijeron la noticia del auto comprado en esa casa de virtud que es la de la familia, la antigua angustia de la carencia desapareció de repente y en su lugar apareció una nueva: la del síndrome de tenerlo. Si el almendrón que estamos empujando cuando se rompe o lo están reparando nos deja con fiebre y dolor de cabeza, ¿qué sucedería si el carro marca Nueva desapareciera de la vista por la tozuda labor de los ladrones?... No sabríamos qué nos faltaría además del coche. ¿Y qué dirán los muchachos ahora que se compró?... Cuando se acostumbren a montarse en él no van a querer bajarse de los asientos. Pero que no se les ocurra subir al perro en el delantero sin que hayan otorgado la propiedad. Eso sí que no... al perro se le quiere pero siempre es más importante el asiento que cualquier ser vivo. Eso lo dijo el Rey Luis XV cuando le trajeron por primera vez un juego de sala para poner en uno de sus castillos: "Es una maravilla el tapiz de los asientos y una lástima sentar el trasero en uno de ellos". Le tomaron la frase tan al dedillo que los juegos de ese estilo solo se ven ahora en los museos... ¡Dime tú!

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domingo, 18 de enero de 2009

Tres gracias almendradas

(Aquí va el agradecimiento de mi viejo por las felicitaciones que recibió por el día de su cumpleaños. Fíjense que a veces ni sabe, por los seudónimos, quién es hombre o mujer, jijijiji)

Tengo que hacer un mensajito para los amigos del blog que me mandaron felicidades y se lo pasas. Ahí les va:

Felicito a Diliviru y le recomiendo que le ponga el dedo al del para cualquier virus que lo amenace... Para Rosa que la quiero tanto como a las que tengo en el jardín y cuando nos veamos algún día yo la voy a saludar con un cafecito en la mano... A Teresa Dovalpage que me guarde una página de las que tiene en el apellido para escribirle algo especial, digamos cómo hacer un buen arroz en la olla o un gran tamal en la calderita... A Neysa G que la estimo más que ayer y menos que mañana y que fue tan sonado sus felicidades que se oyeron clarito aquí mismo en la esquina de la casa... Para Lola que yo también lola-mento, no poderte abrazar y cantar aquello que dice así: "Todos los niños del mundo vamos una rueda a hacer"... Para Salva el de Colonia que me guarde una de esas colonitas de afeitar que son las que me salvan la vida, que me mande canciones en italiano la próxima vez y así poder dominar mejor ese idioma y si vamos juntos a Roma que le mande saludos al Papa de parte mía... A Gaviotazalas que estuve pensando en esa ave cuando fui a un hotel Gaviota y me senté en su sala de estar y allí estuve pensando qué decir y qué escribir y se me ocurrió hacer algo sobre los almendrones... A Eufrates del Valle que también le agradezco desde este promontorio mirando siempre el vallecito como si estuviera en la loma del Purio y allá a lo lejos se ve una franja azul marino que debe ser la de la ensenada de Granadillo donde la patana se llena de sacos de azúcar y se va por el ancho mar a conocer amigos de aquí y de allá... Para Miguel Caballero un saludo sin sombrero pues lo tengo en la mano, súbase Ud. señora y Ud. también Caballero en esta volanta que ustedes empujan y yo escribiendo mientras me llevan de sueño en sueño despierto, despierto... A Ciborg30 le digo que cicatrices tengo muchas pues me afeito la cara todos los días pero se me está acabando la espuma de la buena aunque tengo el sol bueno y el mar de espumas que no es lo mismo pero es igual... Al camarada E-migrad que me desea paz interior le digo que también necesitamos eso en el exterior, un cuerpo que tenga solo lo de adentro no tiene sus relaciones exteriores en buen estado porque como dijo Maquiavelo "lo de adentro sin lo de afuera es como divide y vencerás"... Para Lulita que sus palabritas me sacaron una lagrimita pero agarré un pañuelito y me limpié esa cosita, oh Lulita la hija más chirriquitica de Lula que es mi socio y me mandó un regalito pequeñito como Brasil que tiene 190 millones de habitantes y ocho millones de kms. cuadrados como algunos funcionarios... Y para Betty aquello de siempre: por más lejos que estemos yo la veo cerca como los plátanos de la mata del jardín. Ese tipo de amores no se olvidan, joder... Y para todos aquellos que escribieron mil gracias como Elízabeth de Gracias, como Tres Gracias de Coppelia la única heladería que tiene nombre de ballet y que no hace dieta sino colas y nosotros en casa comiendo ensaladas mixtas ahora que se ha actualizado la canasta de los vegetales de ciclo corto después de los ciclones... Y a los que no escribieron pero lo pensaron les digo desde esta lomita en que me han puesto a pitchear: Cuesta arriba seguimos empujando el almendrón así que lean esa crónica que está requetebuena porque la hice yo mismo y hoy temprano me dije ante el espejo: "Mimismo, hay que escribirle a los que te dejaron mensajitos de felicidad etcétera, incluso, in situ, up supra, ok, vamos empujen cógelo ahora y saca el pie para que arranque de nuevo"...

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lunes, 12 de enero de 2009

Empujando el almendrón...

Me he demorado en redactar unas líneas sobre mi queridísimo almendrón por una razón obvia: no arrancaba. Teniendo en cuenta que todo coche (auto, carro, móvil, diligencia, piragua, hierro, caballo, bicho, etcétera incluso ipso facto...) es un sistema, he llegado a la conclusión sencilla de que toda parte o accesorio del que está formado es no solo útil sino imprescindible.

Digamos por ejemplo el chiclé de baja, si está tupido con una minúscula hebra de hilo ya no arranca cuando lo necesitamos. Otro ejemplo es el de la válvula del aire de uno de los neumáticos: si se sale por el "gusanito" se desinfla la cámara y ya el aparato no camina... no hablemos de la batería que se supone compuesta por un dispositivo más-menos digamos y que si no tiene el nivel de ácido requerido ya el animal se encangreja.

Así sucede con el nivel del agua en el radiador, el alternador, un relay para el claxon, las luces de los faros delanteros, el sistema de embrague o frenaje, aquello que los rusos llamaron el ralentí y que no pudimos saber con exactitud de qué se trataba, o el aceite o un filtro, un minúsculo filtro que lleva en la entrada de gasolina al carburador y que impide la tupición de la bandeja, o más específicamente la llamada peonía del nivel de entrada de dicha bandeja hecha aguja percutora o aguila del goteo del combustible a la recámara de combustión... Sin embargo los detalles nos pueden ocultar el verdadero quid pro quo del asunto que estamos tratando. Hay más que una montaña de piezas para explicar filosóficamente qué es un almendrón.

El susodicho nombre le ha sido puesto no precisamente por ser este carruaje ese árbol rosáceo de flores blancas o rosadas cuyo fruto es la almendra que a su vez proviene del almendro que es originario de Asia y que se introdujo en Europa más o menos en el siglo XVI. ¡De eso nada! Este de que hablamos lo trajeron en ferry nada menos que desde USA y se quedó aquí cuando aquellos dueños se fueron y los que se quedaron lo conservaron como tesoro futurista.

Un almendrón es algo incomprensible para los visitantes foráneos que se quedan asombrados viendo cómo todavía los viejos carros se utilizan en las bodas y las fiestas de quince. Los hay originales con todas sus piezas rebuscadas y reparadas de cientos de almendrones en desuso similares o mandadas a traer de rastros de autos viejos que todavía sirven de piezas de repuesto, pero nada como mi queridísimo almendrón que es el único unicornio que no se me ha perdido y que mantiene el reto de una buena salud humana: con el empuje y empuje el organismo, esqueleto y osamenta que poseemos se mantiene en entrenamiento diario.

Lo más que uno admira de un almendrón que ha durado más de medio siglo y sigue caminando es su insistencia en no dejarse vencer por las dificultades, las crisis, los baches del pavimento o el pesimismo de los demás. Pueden subir o bajar los precios del combustible, de las piezas, de los aceites y lubricantes, del forro de los asientos, de la pintura o del acetileno pero lo que nunca ha bajado de categoría es el propio concepto de almendrón. Podemos decir que un almendrón que camine todavía es la muestra más palpable de que sí se puede y que un coche mejor es posible si le reparamos sus partes y accesorios disponibles.

Nadie más eufóricamente contento que un dueño de almendrón original chapisteado y pintado con los colores de fábrica que lleve cauchos (gomas, ruedas) pintadas de blanco y mantenga sus niquelados brillosos y relucientes. A carro limpio dentadura de oro... Pero lo que más se admira del almendrón no es su exterior cuidado y lustrado sino su pizarra interna. Si tiene todos los focos pequeños funcionando, si marcan sus relojes entonces podemos cantar la victoria total porque el dueño feliz lo que más muestra es ese corazón interno que ha permanecido como pieza museable por más de sesenta años... Vanagloriarse de tener un Ford del 40 es algo único que eleva la pertenencia, el sentido de la vida o el prurito interno del ser humano.

Un almendrón es también el museo ambulante de este zoológico que nuestros amigos vienen a visitar cuando se les ocurre venir a vernos. Es imposible no preguntar por el carro más numeroso y promiscuo que vive caminando por las calles de nuestra ciudad. En cualquier lugar del mundo esos autos yacen enterrados en cementerios de óxido o convertidos en chatarra derretida que se usa en el laminado de ciertas piezas. No causa asombro saber que las llaves de tal o cual cerradura han sido hechas a partir del acero logrado con la hervidura de piezas de almendrones fallecidos. Pero aquí ostentamos un récord muy difícil de igualar: ningún almendrón ha sido enviado a los hornos de fundición. Por el contrario, han luchado por permanecer y añejarse en el placer más vulgar que se conoce: servir para que la gente se les monte encima. Cuando se quiere ir a la playa con toda la familia y los vecinos incluso, in situ, ambos dos, entonces se requiere la prestación de ese servicio exclusivo que ofrece el almendrón. Algunas agencias de autos viejos tienen un lema visible: rentar una fantasía. ¡Dime tú!

No hay cuadra que no posea un almendrón, claro vamos a ver. Cuando alguien pregunta por Heliodoro, digamos, la gente responde con una pregunta no tanto ingenua como suspicaz: "¿Cuál Helio, el del almendrón?". Y acto seguido indica en qué numero de casa vive el tal o más cual. El almen es por eso un punto de referencia como la meta que es también a decir de Mario Kuchilán un punto de partida. De tal suerte el cacharro se ha convertido en un paradigma, una brújula, un status quo, un paralelepípedo, algo rebúlico, ósico, brámino y puruloxícoceo, del cual no nos podemos cohibir ni desconocer.

El almendrón es una prueba irrefutable de que lo viejo no pasa, de que la farándula carrícola tiene necesariamente que posar con ese auto viejo restaurado, rescatado, reformado o cacharreado pero vivo. El Caballero de París ambulante y móvil no ha podido ser borrado de la lista de útiles y enviado a la de inservibles. Téngase en cuenta que es el objeto más visto, más comentado, más nombrado, más usado y más criticado de todos los que existen en nuestros alrededores. Piénsese que sin su presencia la propia ciudad no tendría sentido pues, junto a esos vetustos edificios, ese malecón concomitante y consuetudinario, ese Morro y esa Cabaña, ese Cristo Redentor en la loma de Casablanca, esas lanchitas que navegan ida y vuelta, esas iglesias y esos collares entre otras muchas cosas que nos caracterizan música aparte, el almendrón se ha convertido, quiéranlo o no, en una pieza de ajedrez insustituible en este ajiaco que Dios nos permitió hacer para destacarnos de los demás pueblos del mundo.

Podremos someterlo a la crítica roedora de los ratones, condenarlo de por vida al deshonor de haber encabezado la tarea de herir el ornato público o someterlo a la trituradora labor del chapista o del mecánico, pero de lo que no cabe duda es de que él ha sido capaz, con su intransigencia y negativa a dejarse enterrar, uno de nuestros símbolos de resistencia más inequívoca y lo queremos aunque tengamos que empujar, ese deseo de seguir adelante cuesta abajo o cuesta arriba que es como mejor se desarrollan las pantorrillas, los antebrazos y el cerebro puliendo la gotica de sudor que es el mejor premio al esfuerzo cotidiano, lo queremos ya como un ser viviente de la familia, tanto como a los perros, las plantas sembradas en el jardín, el blog del mismo nombre que nunca he visto o las mismas personas que nos rodean, porque sabemos que cuando muramos el almendrón nos llevará en ese último viaje hasta el tiempo eterno en menos espacio y traerá a la gente viva hasta la mismísima puerta de la casa, le apagarán el motor, por supuesto, y luego tendrán que empujarlo de nuevo en pago a tan gallarda osadía de vivir. Y si quieren constatar lo que decimos, vengan a vernos y móntense en uno de estos ataúdes rumbeantes para que vean si tengo o no razón.

Leonardo da Vinci, aquel gigante del Renacimiento que era un grande genio de todo lo que hacía además de pintor, dijo una vez, mientras daba pinceladas finales a la Gioconda famosa, probando uno de aquellos frutos provenientes de Asia (perdonen los amigos lectores mi italiano, tal vez el hermano Salva desde Colonia pueda corregir mis errores...): "Il almendrone será la nao del futuro per atravesare el mare aperto, la provenza italiana, el sole mío, el espaguetti a la bolognesa e la pizza napolitana. Una nova revolutione dil gusto e de la relacione humana il comercio e la comunicacione". Y el maestro tenía razón, como siempre, y dicho esto cerró los ojos y se puso a pensar en ese raro invento del motor de combustión interna... ¡¿Qué les parece?!

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jueves, 8 de enero de 2009

Minirespuesta como adelanto

Mimi, luego te escribo más pero antes de terminar me felicitas de rebote a los amigos del blog que me mandaron palabras tan lindas que las he leído como 10 veces seguidas y les prometo que escribiré algo al respecto... qué bueno tener correos así con sopa de letras lindísimas... Besitos.

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miércoles, 7 de enero de 2009

Uno que se fue y otro que viene...

Estaban esperando a que uno saliera para que el otro entrara, que uno se bajara para que el otro subiera, que uno se despidiera para que el otro nos hiciera la visita, que uno dijera adiós y el otro buenos días y sin embargo era el mismo tiempo con el mismo espacio y movimiento, la única materia eterna e infinita transformándose ella misma y dando a luz la conciencia como su fruto más preciado y el trabajo como su realización más concreta...

Porque si vamos a tener en cuenta la sucesión de los días y las noches, ese peregrinar de trompo que esta redondez en que habitamos nos regala, y ese baile alrededor de la bombilla de helio a la que llamamos sol que nos hace cambiar los años consecutivos, no hay manera que podamos contarlos ni apariciones u ocasos sino un vaivén natural en el cual navegamos, un pairo en el que nuestro corcho se hunde y sale a flote, una música suave o bravía que nace como antídoto mejor contra la picadura de las víboras de cascabel que nos acechan, el pugilato eterno entre el amor y el odio que nos protege de la muerte con la prueba inequívoca de la vida generacional algo que nadie ni nada puede detener ahora ni nunca...

Parece que por estos lares la gente comienza a reunirse para hablar de integración, lo que no hacía hace cincuenta años, los mismos que hace y mucho más en que la guerra comenzó para no acabar todavía tratando inutilmente de enterrar la vida, un tiempo infinito en que los imperios blancos le abrieron las puertas a los mestizos, en que las crisis estallaron y las medidas matemáticas y físicas se redujeron hasta dimensiones de quantos fantasmales, los leopardos y las ranas comenzaron a extinguirse, se amaron los monos salvajes y los pingüinos siguieron arrastrando su monogamia tradicional, los flamencos detuvieron su vuelo en los humedales y hasta los anélidos se escondieron todavía más profundo para protegerse de las radiaciones y la pesca furtiva...

Las religiones siguieron perfeccionando sus oraciones cambiando los lugares de peregrinación y descubriendo que todas se parecen o son las mismas fantasías creadas por los dioses que nacieron en las circunvoluciones cerebrales o se escondieron en las botellas de arcanos o en los baptisterios mágicos que son algo así como calmiles o disertos que a su vez significan algo bendito como espumuyes, fajardos, gémulas, henales o isipoes y se quedaron allí para alumbrarnos y hacernos juvias poderosas, kebires, lopas geniales, mansurrones viriles, nibelungos radiantes olefínicos, picuros quiragras o simplemente réspides, sobordos, trisagios, ululatos veringos, wapitíes, xilotitas, yurumíes o, más precisamente, zaguas...

El triunfo del brindis sobre el duelo, del valor sobre la pereza, de la paz sobre la incertidumbre, estábamos esperando que pasara la noche para volverla a ver y padecer del dolor cervical de mirar las estrellas, de ver cómo se acerca el viaje al poderoso astro y cómo crece la hierba para después cortarla sintiendo el placer del trabajo cuando se hace gota de sudor en la frente, ya llega el nuevo tiempo en que los ojos captan la belleza y se esconde pero no hemos podido todavía saber con fecha fija cuándo es que volveremos a nacer o a morir, cuándo nos volveremos a ver para despedirnos, cuánto crecerán los que han nacido de nuestra sangre y la de otros, qué nuevos descubrimientos habrá que merecerán ser generalizados o premiados, en qué parará tal o cual historia, cómo nos recordaremos y si habrá lugar para los que vengan a visitarnos, qué viaje haremos y hacia dónde, qué olor a rosas nacidas nos rodeará o a tierra húmeda tendremos para asirnos cada hora o nanosegundo de la vida queriendo que las cenizas no desaparezcan...

Probablemente lo que ocurra sea parecido a una montaña en cuya cima se oiga siempre un ajetreo ruidoso, un grande forcejeo para hacer algo en cualquier momento, una necesidad espontánea de ir a ver a alguien, invocar un espíritu escribiendo un diario, buscar la orientación a pesar del otoño, seguir un rastro que nadie nos ha mostrado, oler instintivamente alguna corteza de árbol y decir lo mismo a otra persona lo mismo que se dijo en tal o cual situación y que el otro no hizo caso, lanzar un mensaje dentro de una botella al mar y recogerlo hecho volutas de humo que se elevan desde parajes lejanos y responder cuando alguien nos llame por el nombre que nos pusieron cuando nacimos y caminar respirando mientras los años nos pasen por encima y algún día no podamos ni dar de comer a los patos ni ensartar una aguja de coser...

Una muerte benigna que dé paso a la vida, que se enrede en las raíces de las flores de los jardines y salga hecha lirio o rosa para que las abejas liben y fertilicen los papayales, crezcan los flamboyanes multicolores o copulen de nuevo las lagartijas en medio de una potente y rítmica conga oriental que marche rezando aquel verso conciso: "En el patio de mi casa hay una piedra bendita donde se bañan las viejas y se vuelven señoritas". En este más acá somos muchos más que en el más allá, porque aquí no están todos los que son ni son todos los que están, allá los que se fueron a morirvivir no imaginan vivos y aquí los vivos estamos constantemente imaginando muertos, unos muertos poderosos que nunca han existido que danzan como lobos indios con miedo a los carapálidas y se pintan de escorpiones la piel para hacer el amor a hembras multicolores de todos los continentes y todos los idiomas...

Ese es el cumpleaños un cumpledías un cumplenoches un sagrado segundo que ya no volverá sino dentro de un año normal o bisiesto dentro de un mes dentro de un lustro en un milenio, hoy sin el cake encima de la mesa con las velitas dentro, unas velitas encendidas que se dejen soplar y el ojomeneado allí rodeado de los nietos y los hijos ausentes, un cumple en el que se cante la canción más cantada de todas esperando el milenio en que ya nadie lo recuerde porque terminarán las celebraciones especiales, se habrán acabado los géneros y sexos, los estados y naciones, se perderá una nave en el eterno e infinito espacio galaxial y retornaremos envueltos en polvo cósmico como si nada hubiera sucedido, convertidos en insectos para fertilizar cientos de miles de cuerpos estelares que tengan condiciones para la vida misma y allí reir de todo lo ocurrido, hacer cabriolas o magia, la única ciencia útil cuando se tiene menos de cien años de vida y nos llevan al circo a ver volar los elefantes...

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martes, 6 de enero de 2009

Fotos

A finales de año sacamos las fotos de la caja de zapatos vacía donde las metimos hace mucho. Ellas son la prueba jurídica irrefutable de que el tiempo ha pasado, de que no somos los mismos cuando decimos que lo somos, del deterioro del color, de la muestra de una reacción química y de una cámara que nadie sabe qué marca poseía. Las fotos de la familia, de los amigos, del pasaporte, de aquel carné de identidad, del pase laboral, la foto del picnic, de la boda, del paseo, del cumpleaños, de los quince, del bebé, de la reunión, del lugar, del jardín, unas fotos que atraparon los ojos abiertos, la boca diciendo queso, carne, habichuela, una foto agrícola muda seria agropecuaria campestre campechana campesina campoalegre... pero la más linda foto es la que no se ha tirado todavía y le siguen en turno la de los nietos, la de los hijos que hoy son sus padres y una especial, la fotocopia de colores, el fotograma, la fotosíntesis, aquella que nos sorprende cuando vemos el fruto de la papaya colgando de la flor copulada por la abeja, la gran foto de la familia alrededor del cake y, por supuesto, la fotoflash que me mira desde la pantalla de la compu o desde el mismo papel brilloso y que me dice: "yo fui lo que tú eres, tú serás lo que yo soy".

Estamos a fin de año rodeados de turistas zoológicos que vienen a visitarnos para saber cómo estamos detrás de estas rejas, cómo comemos dormimos hablamos saltamos vivimos morimos cagamos nos movemos pernoctamos andamos subimos bajamos contamos pensamos miramos retratamos y somos retratados cuestionados invitados despertados interrogados besados saludados queridos amados cagados limpiados, turistas hermosos los que un día llegaron nos miraron siguieron se fueron y no volvieron, a ver monito ¿cómo me explica usted que haya aquí cuatro monedas vamos a ver?... Pues fácil Mr. Turista Belga Ecuatoriano Mexicano Español Alemán, el lío es fácil porque somos políglotas y como hacedores curadores expositores somos además artistas de la plástica poliméricos y así compramos cebollas en pesos cubanos, aceite de soya en pesos cubanos convertibles divisas, tabacos bien torcidos matanceros varaderísticos en euros y pasajes visas compras de viajes en dóllars bill in god we trust... ¿OK?... ¿Y cómo me explica Ud. compañero oso que come pan, eso de la libreta de abastecimientos vamos a ver?... Pues fácil Mr. X, se lo explico a Ud. como se explica por sí solo un capítulo televisivo de los Expedientes X diciendo esto: es para lograr cierta homogeneidad dentro de lo diversiforme y nutrimental al propio tiempo que organicidad rítmica vocal en obertura No. 1 que comienza como toda ópera prima con la introducción versátil y vociférica "Quién es el último" y nos ponemos uno detrás del otro como en esta foto que Ud. ve aquí en que esta manada de osos y osas, oseznos y oseznas, Osetia y Ostravas, Knuts y Knutas están haciendo la cola para el picadillo de res que viene todos los fines de año, un picadillo argentino brasileño pellejudo y rico en proteínas que viene masivo y sin pesar y que se coloca suavemente dentro de la jabita de nylon transparente a media libra por persona y que no tiene en cuenta aquella marcada diferencia para los vegetarianos, los ulcerosos, diabéticos o acabados de nacer que solo toman leche materna ante todo o Nam No. 1 que se prepara con agua hervida caliente cremosa cremallera camello conservadoramente...

Y me puede decir camarada ¿qué significa esta foto de personas desnudas en plena playa abierta que sostienen en sus manos esas botellas color ámbar sin etiqueta vamos a ver?... Son niños y niñas monsieur madame mrs. frau y como están en la arena que impide la subida del mar hacia la tierra muestran como trofeos las botellas vacías de cerveza recolectadas junto a diferentes basuras ambientales en un trabajo voluntario para sanear el medio ambiente y poder decir que respiramos más puramente y putamente sin alcohol tomando sol con yodo para la hipotermia costera el cuidado del arrecife coralino, la belleza del azul dipinto diblú del mare nostro de cada día en el gotas kaen del litoral maleconero... ¡Ah, nuestro eterno verano!

Y Ud. ¿qué piensa, a ver, de esta otra foto en la que no hay nadie conocido, una foto multitud en esta gran concentración y marcha dígame usted de gente obligada a estar allí de pie con los brazos en alto siempre aplaudiendo, qué me puede decir?... No son personas sino curieles, son aves o peces multiplicados, esos que no tienen pestañas para dormir dentro sino que están siempre despiertos mirando desde su oscuridad submarina los globitos de su aire comprimido cómo suben a la superficie, los mismos ojos con los cuales identifica la carnada y que se esconden como morenas dentelludas dentro de las cuevas del fondo, como toninas y guasas enormes que no se pueden pescar por nadie, nosotros los que nos mostramos en el acuarium público para que nos tiren fotos los turistas como usted signore, baronesa, abriendo la boca para morder sus carnadas de lascas de queso, de aceitunas, sus engoes de alcohol y de tapas perfumadas, entre ud. silvuplé jaguaryú baibai dosvidania sayonara taluego orrevuá danqueshén y nosotros aquí con estas sandalias tipo Jesucristo con nuestra única túnica y sin dinero en el bolsillo solos en multitud alrededor del Caballero de París dando en oferta nuestro Sagrado Corazón en nuestra iglesia de Nuestra Señora, cerca de la tumba del soldado desconocido, ¿tasclaro manito, tasclaro?...

Y esta otra fila frente a la estatua de un libertador ¿cómo me explica ud. que no signifique un intento para derrocar al gobierno y qué me dice si ahora mismo se hicieran unas elecciones qué dirían en esa fila, vamos a ver?... Pues mire Mr. Tur de coche chapa roja no se trata de una estatua lo que Ud. ve en la foto sino de un campesino vestido de guayabera con un enorme puro en la boca y un sombrero de guano y el único intento que tiene es de venderle a Ud. fabricado por sus propias manos en la pura ciudad un puro original que cuesta 20 cuc la caja con un cuarto de cien dentro y sellos originales que se mantiene prendido en la misma medida en que duerme sobre el cenicero puesto y si hay que votar votaremos volaremos vamos voltaje volvo peugeot lada y le damos también café turquino serrano cubitas ron con hielo y hasta limón con yerbabuena para los mojitos, ¿me copia Mrs. Zetayón?, esta imagen está frente al capitolio de usa que lo trajeron en ferry y lo pusieron aquí mismo en la calle Prado como una muestra del poderío de nuestra sociedad civil ong y artesanos por la libre, ¿quiere que le venda el Capi o el Malecón?, se lo vendo a Ud. así nomás... ¿Anjá?... ¿Olráireserved?... ¿Dáyesgüíyá?

Pasó el día y la tarde, vino la noche y los turistas alimentados con cámara chic nos tiraron esta foto muda, nosotros comiendo carne asada en la bodeguita del medio de la calle empedrada con un mojito acuoso hielo puro y los baros en el bolsillo que me da el barman mi socio y me dice "pláncha y sale mi foto cucú" y el negro se ríe dentro del lente que guarda el obsturador, un mecanismo digital que no sabremos nunca hacia qué caja de zapatos vacía del disco duro de una computer irá esta imagen que se queda per sécula seculorum se secó el culorum con una servilleta el Mr. Turist, oh estas fotos a todo color ella no sale, él no la considera, no la saca en la foto y mi socito negrito le mete un beso en la oreja a la belga de pelo amarillo que me dice gritando: "A mí mogdegme un ferroz león negros una orreja y le metí 10 cuc en la buoca como lizmoznas" y yo le dije: "Culona nohaymásná que a foto muda regalada cuc no se le mira el colmillo !!!! ¿Yes?"

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jueves, 1 de enero de 2009

Hoy cumple años mi papá

¡Sí, hoy 1ro de Enero es su cumpleaños!

En mi blog Desarraigos escribo unas líneas más sobre el tema...

Un abrazo para todos y feliz 2009, ¡¡que ya empezó por Europa!!

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