Cuando estudiábamos Ciencias Políticas en la Universidad (por cierto, todavía la estamos estudiando pero fuera de esa institución) había un compañero de aula que lo mandaron a estudiar las Reformas de Martín Lutero, personaje conocido no solo en Eisleben (Sajonia) Alemania sino en todo el mundo. Era hijo de un minero según dicen, estudió como monje agustino, en un convento por supuesto, y fue a dar clases a la Universidad de Erfurt y al final fue excomulgado por el Papa León X lo que no impidió que se casara con Catalina de Bora y que Bach le pusiera música en sus cantatas con aquellos versos interpretados por coros inmensos y música de órganos de iglesia que una vez escuchamos en alguna que otra idem de Berlín...
Pues bien, al tal estudiante amigo nuestro le pusieron de tarea de que nos hablara en un seminario sobre Lutero y estuvo dos semanas buscando datos y copiando citas hasta que el día tal ocupó el estrado y lo primero que dijo fue lo siguiente: "Compañeras y compañeros, me dieron la tarea de buscar datos sobre las reformas del útero y aquí estoy con algunas notas...". Está clarísimo que no le dimos tiempo para más ante el flagrante error de confundir no solo el nombre, sino también el tema y hasta el órgano (no aquel instrumento que sirve para tocar cantatas bachianas) sino el del aparato reproductor femenino harto conocido y no pudo decir ni una sola cita (se había empapelado de manera tal con datos médicos y anatomofisiológicos que ni él mismo entendía) y tuvo que retirarse del estrado porque ni se imaginaba qué es lo que había realmente hecho...
El asunto es que hay muchos chismes en el ambiente no solo docente o universitario sino también en otros niveles del tramado social que adelantan lo que a cada cual se le ocurre que sucederá en los próximos meses. Como no tengo seguridad de que tales habladurías sean ciertas, lo único que se me ha ocurrido es dar rienda suelta al cúmulo de ellas para que cada cual pueda tener alguna imagen de lo que está sucediendo. Solo quisiera advertir lo siguiente: No es lo mismo las Reformas de Lutero que las reformas del útero. La gente quiere cambios, claro, pero hay algunos rumones que confunden las cosas. Comencemos con algunos de esos rumores...
La gente anda diciendo que van a autorizar la bolita y la charada, la lotería y hasta los juegos prohibidos en cabarets y hoteles de lujo. Lo de la bolita y la charada no es necesario que autoricen porque todo el mundo sabe que en Ciudad de La Habana y otras provincias del país todos los días se juega dinerito a los números de la charada china tomando como referencia sueños de la noche anterior, cábalas, inspiraciones, casualidades o simplemente intuición del cubaneo y así por ejemplo los vecinos de atrás de la casa jugaron ayer el 29 (ratón) y el 34 (mono) porque uno de esos roedores se puso a hacer malabarismos encima del tendido eléctrico y realmente el animalito parecía uno de esos simios juguetones del mismísimo parque zoológico de la calle 26 en Nuevo Vedado... Quiero confesarles que no se sacaron nada. Yo no juego bolita pero según dicen (a mí no me crean) la tiran por Venezuela y se oye por la radio clandestina todas las noches del año (bisiesto o no), así que si van a autorizar eso estarían cometiendo una redundancia inusitada porque no se puede autorizar lo que ya existe. En este caso hablaríamos de legalizar, porque hasta ahora lo que yo sé es que tanto bancos, apuntadores, jugadores, listados de números y significados existen realmente y todo el mundo los conoce en el barrio...
Lo de los juegos en cabarets y hoteles de lujo es otra cosa porque el chisme dice que por ahora esos vicios prohibidos serán solo para turistas en los enormes buques que nos visitan (turismo de cruceros) y que atracan todos los meses en la bahía habanera y de lo que se trataría es de que el gobierno autorizara a subir a esos barcos a determinada cantidad de ciudadanos para que allí probaran suerte... En cuanto a la loto cubana el asunto estriba en con qué método vamos a tirar los números de lotería. En la de Berlín se utiliza una cámara seca con bolitas de espuma de goma que al introducírsele chorros de aire comprimido saltan y luego caen por una tronera parecida a la de un billar. Pero aquí esas técnicas no se podrían aplicar dada las características de incertidumbre del tendido eléctrico. Cuando menos uno se lo piense o se quedan las bolitas en el aire o no salen por los huecos y la gente comenzaría a pensar que hay alguna maraña para favorecer a alguien... Y utilizar niños de la calle para que saquen las bolitas de un jaula redonda como se hacía antes no tiene sentido porque muchos de los que vivimos aquella tragedia semanal estaríamos a punto de echarnos a llorar incontrolablemente porque o participamos en eso, o vendimos boletos, o fuimos capaces de vocear billetes o jugar con ellos y tomando en cuenta la experiencia de los bonos de Pastorita, que servían para optar por una vivienda, muchos no creen posible que se vuelvan a repetir aquellas escenas tristes y amargas cuando alguno obtenía los premios gordos y la inmensa mayoría se quedaba sin nada...
También se corre que van a ofertar los servicios de Internet a todo aquel que lo solicite cobrándole en CUC, así como celulares, antenas parabólicas, canales por cable, sitios para correos electrónicos a nivel de circunscripción y otros adelantos de la ciencia y la técnica moderna. Lo de los celulares ya salió en los periódicos pero la gente no sabe cuándo comenzará y muchos piensan que nos igualaríamos a algunos funcionarios estatales, extranjeros con dinero, jineteras de ocasión o simplemente trabajadores vinculados a firmas que tienen el aparatico en sus manos y ostentan de ello, muchos sin una cobertura financiera mínima para hablar más de 10 minutos pero confundiendo a otros como si lo estuvieran haciendo y se muestran en la calle con el telefonito en la oreja como si estuvieran hablando pero en realidad lo llevan apagado, se dirigen a un teléfono público y llaman desde allí...
Si venden parabólicas habría que ver cómo se instalarían porque ya las claves de recepción se pusieron de moda, hubo quien las fabricaba en su propia casa pero ahora como las matrices habría que pagarlas la gente se cuestiona si habrá quién lo haga ya que ni los salarios alcanzan ni la estimulación en chavitos tampoco por lo que el chismoteo está diciendo: en tal situación tener parabólica autorizada oficialmente es como aspirar a comer los fines de semana cotorra asada o cola de cocodrilos, especies que están en veda permanente y no se pueden tocar.
Otra de las bolas de radio bemba es que van a cambiar todo el entorno automovilístico existente desapareciendo como por arte de magia los carros de factura socialista (ladas, polskis y moskovichts a los que la gente ha apodado "los camaradas ideológicos") y que van a ser sustituidos por carritos chinos de paseo pequeños, ahorradores y convertibles (sin techos, como los yipis de antes) y los almendrones de factura norteamericana no tanto porque afean la ciudad sino por las necesidades de recuperación de materias primas sobre todo acero de los motores y carrocerías que al fundirse dieran posibilidades de utilizar esos elementos en la fabricación de cabillas para las construcciones de casas que se nos vienen encima y a los propietarios se les daría iguales carros chinos pero más grandes cosa de que al autorizarse también las licencias para la conducción de pasaje pudieran ser usados en tales menesteres y no como ahora que lo mismo te encuentras un panel lleno de gente que un carro de muertos con negros dentro tomando cervezas y que no van en la ruta del cementerio sino de la playa... En fin toda una revolución en la esfera de la cadena puerto, transporte y economía interna.
Que van a vender ventanas de plástico modernas para eliminar el ventanal de madera existente que es nido de comejenes, podredumbre ambiental, causa de derrumbes y otros desastres y que tales ventanales tipo farmacias y oficinas gubernamentales serían entregadas previa coordinación de los trabajadores sociales que harían inspecciones para determinar si es verdad que se necesitan y en qué cuantía, pero también eso sería imposible porque de acuerdo con el último censo de población y viviendas todo el país necesita 2 millones 340 mil viviendas nuevas de paquete y 3 millones más para la reparación y si tomamos en cuenta que cualquier casa o apartamento tiene no menos de 6 ventanas necesitaríamos alrededor de 30 millones de ventanas modernas y estaríamos en ese cambalache alrededor de 40 años más los que se sumarían a las nuevas necesidades y seguiríamos en lo de siempre...
Que lo mismo que va a suceder con los carros debe suceder con la ropa la cual debe ser cambiada por ropa nueva a tono no tan solo con la moda actual sino con la textura, la durabilidad, el color y le hechura y como la población de este país tiene alrededor de 12 millones de habitantes y cada uno de ellos necesita al menos 3 mudas de ropa (sin contar con la ropa interior tanto para damas como para caballeros) habría que fabricar, distribuir, intercambiar y poner a punto, llave en mano, no menos de 36 millones de piezas (pantalones, camisas, ropa de invierno, sombreros, corbatas, zapatos incluso y cualquier otro artículo que le venga bien al convoy) y para eso necesitaríamos una tal cantidad de fábricas, camiones de distribución, personal empleado, controles, metros de tela, hilo, diseñadores, materia prima y sobre todo gente que supiera y quisiera trabajar con entusiasmo que no sería posible por ahora satisfacer las necesidades siempre crecientes de la sociedad y llegaríamos a fines de siglo en las mismas o peores condiciones que las que tenemos ahora...
Que van a reparar las viviendas por circunscripciones, que van a cambiar la moneda, que van a eliminar las bodegas, que van a reinaugurar los viajes en helicópteros para turismo nacinal que se habían prohibido porque se sospechaba que la gente secuestrara los aparatos y se fuera en masa para la yuma todos los fines de semana, que van a darle un chance a las iglesias para que tengan su hora radial y televisiva, que van a montar cines nuevos en los barrios y reparar los que había hace 50 años, que van a instalar parquímetros para que los actuales parqueadores se incorporen al trabajo como policías de tránsito ganando su salario en pesos convertibles con meriendas especiales de refrescos Tycola y bocaditos de pan, queso y jamonada, que se van a cobrar las prótesis dentales, que van a dar licencia a todo el que quiera montar un pequeño negocio como un bar o una cafetería, que van a autorizar el jineterismo por dinero, la venta de motos de carrera, la pesca en las presas y en mar abierto, los programas de televisión como el palo encebado, aquí todos hacen de todo, en fin, las carreras de autos, de perros y de caballos, las vallas de gallos, las competencias de palomas por dinero, la montadera en globo como el de Cantoya o el de Matías Pérez, el surf aéreo y el patinaje en tierra, los programas como aquel de "Reina por un día", las de Reinas de Carnaval, las playas de nudistas, los paseos dominicales en monobikinis por el malecón, el lesbianismo y el homosexualismo público, la venta de cd y dvd en las tiendas trd, los créditos bancarios para inversiones pequeñas y medianas, la compra y la venta de casas y de cuanta mierda tenga la gente dentro de las casas...
Una cantidad de rumores, chismes, bretes, dime que te diré, allí fumé, de tal suerte tal astilla, que yo sinceramente estoy confundido, anonadado (un ano que ha terminado de nadar), atribulado y medio extraño, porque ya tuve un amigo que se confundió con Lutero y dijo útero y en una sesión de seminario un día se apareció al estrado con tal cúmulo de notas de consultas de ginecología que todo el mundo allí estaba pensando en que Martín Lutero, el reformador alemán, había caído en desgracia y estaba pidiendo que le hicieran un legrado diagnóstico porque así, con la barriga hinchada no se podía poner a dar misas, cantatas, ni siquiera gritos de alegría y de paso (a mí no me crean) lo que menos le gustaba al tal Lutero era que le confundieran con una menstruación o lo pusieran a parir.
Pero de eso no hay pruebas testificales, ni antecedentes penales, ni bultos de pañales. Claro está que Mr. Lutero tiene una cara de Federico el Grande que yo no sé si la van también a reformar, si se lo van a llevar a los carnavales de Río o van a hacerle un monumento en el Escambray en una recogedera de café... Por mi madre que ese chisme no lo sé y a mí sí que no me gusta pero me entretiene. Aquí los hay que confunden paulatinamente con la mentedepaulaenunatina y JoséEmeterio SaturninoLaGuardia con meterlasacarlasacudirlayguardarla... Pero cuando el río suena es que algo trae... Es así?
lunes, 31 de marzo de 2008
Las reformas del útero...
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jueves, 27 de marzo de 2008
Estas bicis nuestras de cada día...
Existen pruebas irrebatibles y fehacientes de que los españoles fueron los primeros en idear las bicicletas aunque, es bueno decirlo también, dice mucha gente que se equivocaron y les salió el amolador de tijeras... Las bicicletas alguien debe haberlas inventado pero Leonardo Da Vinci parece que las dibujó y los chinos (bicicletas Forever...) han cargado con el invento pues aunque no lo patentaron (como les sucedió a los italianos con las pizzas) se cuenta que fueron los de la dinastía Bing Cing Cletong los que ya tenían ese aparato para usarlo en las guerras intestinas que asolaron aquel inmenso país hace nada menos que 15,000 años. Se han encontrado cuevas en las que las pinturas rupestres tienen marcas de ruedas y rayos, cámaras y llantas, manubrios y timbres que no pueden ser otra cosa que piezas aisladas de bicicletas, triciclos, monociclos, motocicletas, motonetas, side car para miquimbriquis y otras modalidades de tan ilustre medio de transporte.
De la paternidad china sí que no hay dudas puesto que si Ud. visita hoy el Barrio Chino de Centro Habana se puede dar cuenta de que el 90% del transporte que allí se mueve lo hace en ese tipo de aparato, incluyendo los bicitaxis, un invento también asiático que ha sido trasladado genéticamente a ciudades del interior como Sagua la Grande, en Villa Clara, Remedios, Caibarién, Cienfuegos y Fomento, todos poblados villareños originalmente habitados por chinos de Cantón y de Manila que vinieron importados por los españoles en el Siglo XIX en número cercano a los 150,000 y que fueron utilizados en labores caseras como sirvientes, cocineros, ayudantes, pintores, albañiles y otros oficios para ir sustituyendo poco a poco la fuerza de trabajo esclava negra que vino en los galeones desde el continente africano.
Los chinos se casaron con negras y dieron lugar a la mulata china que tanto abunda en Cuba, muchísimo más que las bicicletas, claro. Y también se casaron con blancas españolas y criollas que dieron lugar a la criolla achinada, montaron negocios como los de lavandería, fondas (la famosa fonda china que vendía sopas de legumbres), cuartos de cuartería que dieron lugar a expresiones típicamente criollas como aquella: "Búscate un chino que te ponga un cuarto", bodegas y kioskos de todo tipo. Y fueron tan amorosos que enamoraron a cuanta hembra se les acercaba haciéndolo sigilosamente, discretamente, misteriosa y calladamente como cualquier cosa que hacen los chinos y tan ingeniosa y meticulosamente que las enamoradas nunca dijeron que fueron chinos los que las enseñaron a montar bicicletas, patinar sobre el asfalto, lanzarse sobre canales hacia el mar encrespado, volar en globos rojos te compraré que eres casi una niña, comer arroces fritos, sopas y berenjenas asadas, jugar cartas encima de tapetes verdes, trenzarse el cabello suelto a lo caballar, practicar artes marciales de todo tipo, jugar ajedrez sin hablar, escribir verticalmente, pintar biombos y adornar paredes con lámparas de papel, volar papalotes y comer maní... Y hacer aquellos dulces de calabazas chinas que nadie hoy sabe hacer ni qué son.
Y sin embargo con tantos logros a su favor los chinos no pudieron quitarse de encima la huella de esa culpabilidad genética: el pelo lacio, su imposibilidad de pronunciar la erre y la oblicuidad de sus ojos. No existen chinos con pelos enredados en la cabeza como las pasas de negros, ni hay chino que diga correctamente: "Erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido corren los carros cargados de caña por el ferrocarril"... Ni hay chinos con descendientes de párpados redondos sino almendrados. Por otro lado, hablar de chino es imaginar a esa persona montado en una bicicleta o almorzando con palitos...
La bicicleta, según el erudito en ciencias humorísticas H. Zumbado (ver sus datos por Mr. Internet) tiene 3 enemigos reconocidos: las lomas, los perros y los aguaceros. No queremos abundar mucho en tales análisis puesto que dicho autor nos puede acusar, y con razón, de estar robándole ideas, imágenes, viajes de ida y vuelta y otros menesteres propios de bicicleteros, bicitaxeadores, corredores de fintas, vueltas a Cuba, al Táchira y campeonatos de velocidad de todo tipo y eso no sería honesto de nuestra parte. Lo que sí quisiéramos agregar es que en el ámbito del sistema bicicletario parece que existe una ley gravitacional que persigue a este tipo de locomoción pedalística: el aseo del artefacto está en proporción directa a la cuota de propiedad que el mismo posee. En otras palabras: en la medida en que la bicicleta de que se trate sea del dueño, más maltratada y fea está. Eso es un hecho, como dicen en los juicios americanos.
Nadie ha podido encontrar una explicación homogénea de tal aseveración pero las bicis más limpias y bonitas están en las vidrieras y mostradores de las tiendas donde se venden (en su mayoría hoy en las tiendas recuperadoras de divisas), las que son nuestras por el hecho de habérsenos entregado para ir y virar al trabajo en los tiempos del llamado período especial están sucias, famélicas, despintadas, escachadas, faltas de aseo en general, sin piezas, paradas, recostadas a paredes, oxidadas, olvidadas, ponchadas, desgusanadas, sin gomas apropiadas, sin timbres de mano, sin cadenas de resguardo, sin candados ni espejitos, listas para la cremación, destruidas, aplastadas, chocadas, heridas, despreciadas, despeluzadas, descocotadas y ya no son las bicicletas relucientes originales diversiformes y nutrimentales sino unos cacharros que no le hubieran servido ni a Atila para dar una vuelta por alguna lomita a conquistar señoritas dándole un descanso a su famoso caballo que cuando trotaba por ahí no crecía más la hierba...
Así que ahora que van a vender según se corre los carros por la libre, que van a cambiar todos los almendrones vetustos y despintados que sirven para botear por las calles de la ciudad por autos chinos modernos y confortables, que han cambiado los aires acondicionados, bombillos incandescentes por ahorradores marca Liya, ahora que están cambiando los refrigeradores, televisores, ventiladores y todo tipo de equipo electrodoméstico por equipos chinos, cacerolas, ollas arroceras, ollas carnerosas, ropa reciclada incluso, computadoras, freidoras y que se dice que van a traer y vender "microgüeis" chinos acabaditos de sacar de las fábricas, que ya están dando calentadores de agua y hornillas eléctricas, fogones eléctricos chinos, chinísimos, la gente se ha puesto a especular que van a cambiar nuestras maltratadas y robadas bicicletas por moticos ahorradoras silenciosas volantes sin claxon con freno de mano para transportarnos de ida y vuelta y viceversa al trabajo, que nos sirvan además para ir a la playa a disfrutar las vacaciones, moticos biopreparadas, movidas no por las piernas juantorénicas de los dueños sino por baterías recargables igual que las lámparas de noche y que tengan además la propiedad de cuidar con ello el medio ambiente y el ambiente entero para que no se siga ampliando el hueco de la capa de ozono, contribuyan a la descontaminación ambiental y puedan asumir con hidalguía y responsabilidad ciudadana el porciento de clientes y usuarios que hoy se montan en los ómnibus de última generación Yutong interprovinciales, intermunicipales, municipales y de barrio que gastan mucho más, son más costosos y no dan abasto a tan elevadas necesidades que tiene la población de esta parte occidental del país que ya va casi llegando a los 5 millones de habitantes...
¿Y qué van a hacer con las bicis que nos quedan en casa? Bueno, pues comprimirlas y mandarlas para chatarra con cámaras incluidas, aplastar sus hierros y quemar sus gomas para convertirlas en lo que fueron inicialmente: acero acabado de colar en hornos gigantescos. Un acero que pudiera utilizarse en el montaje de las petrocasas que se están edificando, unas casas que tienen el techo exterior preparado para la recepción de los rayos solares, que están cubiertas interiormente con un preservo para que las habitaciones no se calienten y que llevan un clóset especial para guardar las futuras moticos de todo tamaño y diseño, unas moticos chinas de pelo lacio, ojos oblícuos y pronunciación por el tubo de escape sin erre, que tengan la virtud que tienen todos los millones de chinos que existen en el mundo: son todos igualitos. Y que venga el Dragón a jugar Mayón... Pero cuidado, que el chino que todos llevamos detrás no se quede en casa porque si se queda, ay mi madre, ¡silenciosa y hábilmente tendremos chinos de familia!
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jueves, 20 de marzo de 2008
La máscara de hierro
En estos días se va dejando atrás el diseño de las rutas de transporte como un plato de espaguettis (solo la pasta, sin queso, ni puré, ni siquiera sal, un enorme plato de fideos gordos regado por toda una provincia) y se va abriendo paso el nuevo diseño al que se le puede nombrar "estrategia de una cuarta dimensión sobre un tablero de ajedrez". Al menos el fluir, el ir y venir, el arrastre, el retorno, el tránsito de los enormes camellos obsoletos y abultados de gente ya no existe casi y en vez de ellos hay guaguas rígidas o articuladas que ni llevan todo lo que le cabe dentro ni van tan vacías para dejar que las novias de los choferes les hagan el cuento desde el primer asiento delantero...
Nuestros cariñosos camellos han pasado a mejor vida o lo van a hacer dentro de poco y sin mucho ruido, se han ido o piensan irse dejando el recuerdo de sus nombres y apodos (películas del sábado, porque en sus barrigas se daba el triángulo perfecto: sexo, violencia y lenguaje de adultos), dromedarios, bestias salvajes, elefantes con motor, rinocerontes sin cerebro y otras. Sexo porque cualquiera era objeto o sujeto del placer erótico dada la coyuntura propicia para lo que muchos llaman el "jamoneo", otros "repello" y, los más, el intento o el abuso católico sexual (un acercamiento al sexo contrario que se le ocurría a cualquiera por sus santos órganos de reproducción). Violencia porque en los pasillos de tan ilustres monstruos se formaban tal cantidad de camancolas, broncas, asaltos de boxeo, forcejeos y pugilatos que más que un medio de transportación de personas, aquello parecía más bien un ring de campeonatos de lucha greco, un tatami de kárate o judo o una competencia de puños a mano limpia típica de los pueblos del interior del oeste norteamericano antes de la expulsión injusta de los indios aborígenes por parte de los carapálidas del ejército confederado de la Unión. Y lenguaje de adultos porque esas palabras divinas que tanto usamos y de las que tanto nos cuidamos de usar en defensa del idioma que nos legaron nuestros conquistadores eran las constantes y apaleadas palabritas que transitaban dentro de aquellos ballenatos rodantes.
Hoy, la familia de los P2 (ya hay quienes dicen que P2 es un nombre muy fino y sofisticado para una ruta de ese tipo, que mejor le pongan "Los Peos") es una familia elegante, pintadita por fuera y por dentro, caballerosa ("pase ud. primero señora, por favor"), amable, displicente, bien educada y puntual (a la escuela hay que llegar puntual, desde el preescolar al sexto, siempre puntual, como todo el mundo sabe) y las caras han cambiado radicalmente su fisonomía... No es lo mismo que un conductor de camello diga a todo volumen sacando la cabeza por una ventanilla sin cristales a una señora que trata de montar por la puerta trasera: "Que acabe de meter el carapacho esa negra culona, caballeros", que en un Yutons moderno articulado un conductor elegante y uniformado con un altavoz pequeño diga semejando al anunciador de una terminal de aeropuerto: "Se ruega a los señores pasajeros no echar papeles en nuestro lustrado piso"... aunque ambos tipos sean la misma persona.
Hay un árbol genealógico de las caras que ahora se muestran en los asientos de los articulados (antes eran los archi culados o culosos) o rígidos que pudieran considerarse dentro de un menú facial nada despreciable. Las caras pálidas que son las del asombro, porque para estas caras lo del transporte no tenía solución hasta el 2020 con buen tiempo y ahora el aire mañanero les despeina el rostro sentados encima de los confortables asientos de "los peos". Si se analiza profundamente la imagen que la gente le está dando a la expresión se comprende fácilmente por qué se ríen los cubanos. Veamos esta: "Aquella vieja carapálida está sentada cómodamente encima de un peo".
Están las caras rojas, los pieles rojas que alimentados convenientemente y polivitaminizados se sientan sobre los "peos" y se les nota la rojidez de los pómulos no tanto por el torbellino sanguíneo que le corre por dentro sino porque algunos "peos" están pintados con esa pintura roja proveniente de China que nos recuerda no tanto a la Gran Muralla gigantesca y serpenteante sino a la Gran Marcha protagonizada por El Gran Timonel, aquel mismo que rompió record histórico de permanencia acuática nadando atléticamente a los 80 años por las aguas energéticas del Yant Zé, rodeado de banderolas rojas y de guardias de igual color con brazaletes rojos con hoces y martillos como queriendo decir a viento en popa y a toda vela aquí marchamos con la guardia en alto, mostrando el sacrificio-conciencia-sacrificio con nuestra hemoglobina roja de la ingestión de carne de caballo sacrificada y más enrojecida. Son caras que se ponen rojizas cuando se mira fijamente el color de los articulados que ahora ruedan por cualquier avenida programada.
Las caras y las cruces, esas de las monedas que se tiran al aire para saber y preguntar cuánto cuestan los ruteros que se trasladan por 5 pesos cubanos desde Santiago de las Vegas hasta la Terminal de Omnibus Nacionales... Cuánto cuestan los Yutons que van desde San Agustín hasta el Parque de la Fraternidad (una besana de tierra en las áreas colindantes del Capitolio que está rellena de árboles y estatuas...) de ida y de vuelta... O el articulado que viene desde Alamar hasta la mismísima Terminal de Trenes... rompiendo el espaguettis clásico por la eficiente estrategia ajedrecística... Se lanza la moneda y si cae cara viene el conductor con su sonrisa a cobrar en esa moneda y si sale cruz también, sin traganíquel, sin talanquera, sin cobrador, uno allí con una moneda indefinida en la mano para pagar algo que no tiene ticket... Se dice que el asunto va a ser perfeccionado vendiendo en los estanquillos la tarjeta plasticada del costo mensual, semestral o anual de la ruta, pero eso es todavía un misterio parecido al de Hemingway...
Las carátulas, que son las caras que ponen los usuarios dentro de esos transportes mirando las cenefas ausentes de letreros u otro tipo de propaganda y publicidad, sin informaciones, aparatos de vídeo, anuncios y consignas, como antes que lo mismo te vendían una Coca que una batería: "Acumuladores Lazo, písalo y arranca"... "Si le gustan gordas y peludas, tohallas Antex, acarician al secar"... "No se la haga usted ni deje que su novia se la haga, compre su ropa hecha en Oscar, Manzana de Gómez, sastres anatómicos y fotométricos" y otras. Ahora hay ausencia de pancartas, logotipos, clips, rapiditos, flashes, fotos, carnada para la venta... Son rígidos y articulados calvos, lampiños, como bolas de billar con un solo anuncio visible: la nuca del chofer y la sonrisa Yutons del conductor-cobrador...
Las caras bellas y maquilladas de las que se sientan en los asientos laterales mostrando sus rodillas aéreas, sus faldas ajustadas, sus medias paralelas, anuncios en vivo a todo color que no necesitan de marketing, engoe, fusta en la nalga del caballo, incitación ni piropo, es solo una muestra de lo que lleva oculto, unas rodillas sin huesos como ciertas aceitunas, brillosas, museables, que invitan a bailar o a caminar, rodillas de catcher y de pesistas que resisten el peso de los años y de los ejercicios, que ahora descansan sobre las piernas y zapatos con el único pecado capaz de ser perdonado: mostrar su ingenuidad transportable... Como hay rodillas bellas en estos Yutons señoras y señores... Y asientos vacíos también.
Las caras feas de los que somos feos por fuera y bellos por dentro, en eso que han llamado el espaguetti de las circunvoluciones del encéfalo. Me he puesto a mirar esas caras (mi cara entre ellas) y realmente ahora comprendo por qué la cara es el espejo del alma... La cara tiene vamos a ver cosas que mostrar como el mentón (que es la parte menos hermosa de la quijada), los labios, la nariz (mira que hay narizones en mi país hermanos míos), los pelos que están dentro, los ojos con todo lo que llevan de arrastre, las cejas ("Qué bonitos ojos tienes, debajos de esas dos cejas..."), la frente que aunque no es parte consustancial de la cara porque está ubicada un poco más arriba de esta es la parte más preocupada y preocupante del rostro por ser entre otras cosas la más arrugada... Las orejas que aunque custodian la cara se mueven haciendo pausas mientras la cara habla, ríe, llora, se preocupa y se ocupa, hace guiños y las orejas están ahí, como el Emperador Austríaco oyendo la interpretación genial de Amadeus Mozart, los pelos de la cabeza (el que los tenga) que aunque no son carótidos están encima cubriendo la almohadilla del chacra superior, el que no se debe tocar, el obbatalá del cabezón que sirve de base para que baile encima de él el arito que nos custodia, el de la felicidad nanotemporal, ese mismo que nos cae detrás para posarse como colibrí cuando por ejemplo damos maíz a las palomas o regalamos guayabas a los muchachos y como colofón de todo, en la cara están los poros, las dendritas y axones que nos transportan la información al cerebro, los vellos o barba (el que los posea) y un tic que siempre tenemos encima que nos descubre cuándo decimos la verdad sin el sombrero puesto o cuando la mentira con el barquito de papel de periódico cubriéndonos la huella más visible del cuerpo: esos ojazos que nos regalaron para servirnos de ellos como semáforos de avenidas...
Dentro de lo que se mueve hoy en la capital cubana están por supuesto las caras y el cuerpo de los transportados, de los llevados, de los sentados y parados, de los que van y vienen, de los que se dejan llevar y de los que conminan a otros a dejarse llevar, aquellos que han depositado la confianza en dos brazos, dos piernas, una cabeza, un tronco y una licencia de conducción y que nadie conoce porque solo se puede identificar en la cobertura trasera de sus orejas de murciélago albino, blanco, mestizo, negro o simplemente epidermis indefinida un empeño en ser algo o alguien: nuestro querido y nunca bien ponderado chofer de guagua.
Dentro de un Yutons se olvida uno de los abismales baches de calle, del calor de gigantes que hace fuera, de los aires de cuaresma en semana santa, de los olores de mar propios de la orilla arrecifada de la bahía y de las necesidades urgentes actuales como es la del consumo de papas en los agromercados de bodega, la necesidad de realizarse pruebas ambulatorias de colesterolemia, la actualización del cambio de direcciones en el carnet de identidad o la participación activa en reuniones de trabajo o comunitarias para buscar solución a problemas con la recogida de desechos sólidos, los precios abultados de ciertos productos agrícolas, la incertidumbre y nerviosismo de cierto segmento de mercado cautivo ante la probabilidad de cambio de moneda, el aumento de salarios a personal empleado con calificación técnica suficiente y un historial envidiable o la estrategia de desarrollo de estudios y personal dedicado a la atención geriátrica ante el avatar de conversión social masiva a edades seniles. Sentados cómodamente mirando el paisaje que pasa y los postes de electricidad que solos regresan, nadie medita sino disfruta, nadie se nota preocupado sino placentero por aquello que gustaba repetir Saint Simón: "No se piensa lo mismo viviendo en una cabaña que en un palacio".
Las caras pueden preguntarse también muchas cosas, a veces es aconsejable mirar, oir y callar que hacer un comentario pueril sin una base sólida. Nosotros los sociólogos espontáneos, esos que nos hemos graduado en la Universidad del Sentido Común ahora estamos en nuestra fase científica de observar y analizar. No nos hemos querido aventurar más allá de Alberro, allá por la Autopista del Mediodía, no hemos querido salir todavía a escarbar en las rutas intermunicipales de Habana campo, no nos hemos decidido a navegar en los aviones recién comprados de un confín a otro confín de este archi piélago sencillo, fértil, cálido y tropical, todavía no es tiempo de constatar cuánto van a durar los nuevos "peos"... no hemos optado por clasificarlos, mejor decir ponerlos sobre cubierta para fregarlos con detergente de barcos. Al menos aquella parte mayoritaria de la población que vive en esta capital estancada de nuestro subdesarrollado país, que ahora va saliendo de su sueño inquieto lentamente, sin apuros, como las comunicaciones de la empresa telefónica, tiene una opción que si la cuida y la mantiene, le puede servir, pero si esa misma población deja que alguien la maltrate, rompan sus calobares parabrisas, pinten y dañen sus asientos o sus espejos visuales, si esa minoría indisciplinada apedrea estos transportes que ahora y siempre hemos necesitado, entonces no nos salvará ni el mismísimo médico chino, no vendrá en nuestra ayuda el dragón de larga trenza y mirada dura y esquiva sino que probablemente caigamos en una tembladera de escoria blanda y fétida de la cual no vamos a salir nunca... o saldremos poniendo cara de ese orificio que todo el mundo vivo superior tiene al final de la última vertebra de la columna vertebral: una cara de espanto sórdida flácida áspera súbita clásica mórbida, la misma cara que ponía Juan Angulo cuando se metía a bañarse en el mar.
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martes, 4 de marzo de 2008
En respuesta a los comentarios de Julio
(Julio, mira que me he reído leyendo lo que ha escrito mi papá... porque yo conozco de memoria la cara que debe haber puesto escribiendo estas líneas, disfrutando que le hayan echado una peseta para cogerse el peso y el vuelto! Saludos desde Berlín de mi papá desde La Habana!!)
Para el tex ano, agradecido muchísimo con sus notas sobre aquella región donde hoy vive... Se pueden tejer muchas historias pero habría siempre que remitirse a los orígenes de la nación. En la historia perdida esos terrenos siempre fueron de sus aborígenes, hoy en día se está estudiando mucho si realmente podemos hablar de un "hombre americano" autóctono... La mermelada se complicó después de la Independencia de las Colonias de la Metrópoli inglesa. Son los "Padres Fundadores" los que metieron sus delicados dedos en la firma de aquellos límites y la parte de México quedó en el olvido. Luego de la guerra de mitad del Siglo XIX el asunto vino a tomar fuerza (la paleta se usa para darle consistencia al dulce, decían los antiguos) y en un baile tapatío aparecieron unos cuates que originariamente claro que eran del Sur, se montaron en un caballo pintado y se fueron con una carga de ajíes picantes un poco más al norte y como estaban bebiendo tequila del bueno confundieron el estambre del límite fronterizo, lo pusieron más al norte y se olvidaron que allí habían tribus autóctonas, ni siquiera carapálidas del ejército del Norte... Parece que Lawton, el General Lee y Tomisaboy en medio de una orgía de "wiski" tipo The Man in the floor firmaron aquella declaración de pedir ayuda a ellos mismos... y junto con algunas señoritas que trabajaban en un Saloon fueron a ver a un Sherrif y le dijeron: "María, the bandidos comming to the frontera... give me the pistolas para to kill a ellos". Y se pusieron a cantar aquel corrido mexicano que dice así: "De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera..." hasta que rendidos de beber dijeron órale, se bajaron los pantalones y dejaron al sereno bajo la luz de la luna lo único propiamente mexicano que tenían: la terminación de la palabra y ahí vinieron los yanquis go home y se quedaron con el pedazo de terreno, metieron mano e hicieron un stadium de béisbol y de ahí la frase del umpire cuando uno se poncha: "Out!"... botaron fuera de la frontera a los mismos mexic anos que habían supuestamente pedido ayuda que no fue otra cosa que le ayudaran a limpiarse el redondo pues con la borrachera ellos mismos no lo podían hacer y más nunca se empataron con aquel papelito que dice de donde tú eres aunque tu seas de un iglú del polo Norte y revuelto brutal que nos hiela los huesos... Y mientras el tex ano se consigue el sombrero, lo invito a que se lea la crónica sobre Chaflán que no era ni del este ni del oeste ni del norte ni del sur sino del centro de la isla, nada menos que de Santa Clara y se puso a inventar lo mejor que se ha inventado: un sombrero para decir la verdad con él en las manos y el mismo aparato para decir mentiras cuando se lo pone en el cocorioco... Así que manito, no hay líos, yo tengo aquí muchos datos no solo sobre Texas sino también de otros terrenos de béisbol... pero hermano no te motorices mucho porque se te enfrían las neuronas y entonces no hay sombrero que te sirva. Vale decir que el trozo de terreno con césped de que hablamos fue anexado por EEUU nada menos que en 1845 y claro que era independiente, con una x en el medio que en Mexicali se pronuncia como una j suave así como Tenoxtitlán, Oaxaca y en fin, también aquí tenemos nombres parecidos, como moxones, xicotea, ximaguas, tinaxa y otras que son cubanas y no nos las van a arrebatar, pero en fin, cuando vengas trae un buen cargamento de buena salud y mucha suerte, yo quiero una banderita mexicanita para tenerla guardada aquí en el corazón porque cuando muera lejos de México que digan que estoy dormido y que me lleven allí, ya que ahora hasta Sergio Corrieri pidió que lo cremaran me soplas un tin de polvito allá en Texas para que se quede en el aire y se pose suavemente en la corteza de los árboles de alguna tribu sioux, apaches, piel roja mexicantili y nos pongamos en el otro mundo a caernos a sombrerazos, lloremos un poquito y demos saltos en un viaje a la luna como aquel que hicieron los cosmonautas que nunca se dio porque Nixon contrató a un equipo móvil y filmaron todo en un estudio de tv... Mira cómo nos han engañado... Juásxe y póngame cuatecito un alipuz para la del estribo!!. No obstante ya le pasé su duda al periódico El Universal que tengo allí dos cuatecitos que se saben esa historia del plan de pelota con pelos y señales, son coyotes de desierto periodístico. Ajúm!
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El sombrero de Chaflán
La última vez que lo ví en vida fue en el Parque Vidal de Santa Clara. Estaba allí con su sombrero a lo Daniel Sesohueco encima de la cabeza, una mirada fija en un punto cualquiera como ensayando en el vacío y la sonrisa cómplice del que sabe que va a decir algo que provoca una sonrisa, una risa o una carcajada (más de lo mismo pero diferente)... "Manolón (me dijo) cuando digas una mentira a medias ponte como yo el sombrero y si quieres decir una verdad igual te lo vuelves a quitar". Y se alejó con una mano encima de la cabeza, sin sombrero esta vez, sin mirar hacia atrás, perdido en un boulevard que comenzaba por aquellos años, con la misma camisa para los espectáculos y aquellos pantalones anchos que le hicieran decir un día de show: "Parece que me hice caquita".
El secreto de su éxito espontáneo estaba no solo en el sombrero, sino en las manos, en la mirada y en el chiste. Al ponérselo sobre las orejas le daba tiempo de inventar una situación cualquiera y al quitárselo y tenerlo entre las manos, el tiempo de buscarle una solución al asunto... Aquella vez yo le quise preguntar qué se hacía cuando no se tenía un sombrero entre las manos pero Chaflán me dió la espalda y días más tarde en un programa televisivo dijo sin que nadie se lo recordara: "En el Parque Vidal pensaron preguntarme qué se hacía cuando no se tenía un sombrero entre las manos y yo viré la espalda y me fui sin contestar, pero ahora le digo a aquel amigo: yo nunca he tenido un sombrero entre las manos, sino sobre la cabeza o debajo de ella". Otra humorada más, por supuesto.
Era y es todavía aún después de muerto, un sarcasmo viviente, una biblioteca ambulante de anécdotas y cuentos, un relator oral, un cuentero o como se reconozca un refranero, un comediante, un cómico, un showman, un perspicaz, un clown vivo, un malabarista de la lengua, de la sorna, del invento... Es una lástima que no se conserven muchos chistes creados por él en la inmediatez de una presentación, que no se hayan filmado muchos de los gags que a él se le ocurrieran original y seriamente, como aquel de la viejita en medio de la calle con una jaba vacía en la mano que le pregunta a un vecino: "Mi hijo, mira cómo tengo la cabeza que ahora no me acuerdo si iba o si venía de la bodega". O la de la otra que quiere subirse al ómnibus por delante pero el chofer le cierra la puerta y va caminando hacia la puerta abierta de atrás pero el chofer la cierra también y le abre la de alante y la vieja se para en el medio de las dos puertas y le grita al chofer; "A mi no me interesa ya que sea por delante o por detrás viejo, pero sí que las tengas abiertas y bien parada la guagua".
Se sentaba sobre un taburete o una silla sin espaldar (como el clásico banco de borrachos) y comenzaba la función soltando uno tras otro chistes sobre chistes, sin descansar hasta que los del combo que le acompañaba o la gente misma le decía: "Chaflán, viejo, déjanos tomarnos al menos una cerveza"... Pero nadie podía porque allí mismo respondía: "No tomes mucho que te da por mear". Y volvía al ataque sin parar mientras la gente lloraba de la risa, se quedaba llorando como si le hubieran regalado pañuelos para secarse aquellas lágrimas, seguían sin comer saladitos, ni tomar tragos y no podían ni fumar siquiera porque él con sus anécdotas no se lo permitía. Era mejor que Alvarez Guedes por supuesto, como un Chanito Isidrón pero sin música de laúdes, un Enrique Arredondo de pueblo del interior, un Jesús Alvariño, un Pous del barrio, un Pototo (Leopoldo Fernández) en la Tremenda Corte, un villareño ocurrente, simpático, feo y serio que no se rió jamás mientras contaba un chiste y se quedaba disfrutando la risa en el aire como si él mismo la hubiera concebido. Y sin embargo nunca tuvo un programa especial bajo su conducción, ni un papel protagónico, porque Chaflán (cuyo nombre Argelio García nadie recuerda, por supuesto) era ese héroe anónimo de las tablas, del cabaret nocturno, de la esquina que lo único que no permitía era que le trajeran un chiste hecho por alguien porque él mismo los fabricaba...
Pienso que el mejor chiste de todos los que hizo era aquel de decir una media mentira con el sombrero puesto y una verdad a medias sin el sombrero. Una noche le escondieron el artefacto y allí mismo inventó la frase: "Con el sombrero... sin el sombrero". Pero no era lo mismo decirlo con la voz que hacerlo con las manos y del respetable público se lo volvieron a entregar, por cierto, una dama bellísima que subió al escenario y con el sombrero entre las manos se lo fue a devolver y Chaflán le dijo de inmediato: "Señora, Ud. lo que me trae es eso en bandeja de plata y es una lástima que desde aquí no le pueda ver bien el hueco para meter la cabeza".
Pero si El Guayabero le ponía música y sabor al chiste de doble sentido metiéndolo dentro del sonido de su guitarra, Chaflán lo decía tan noble, ingenuo y serio que la música se la ponía el propio auditorio. Dicen que incluso estuvo bromeando unos minutos antes de morir, pidiendo que no le cerraran los ojos hasta ver si habían llegado los huevos a la carnicería... Y a todos, repito, nos dejó no un chiste sino muchos, una ocurrencia como esa de decir las cosas serias y en broma. En otras ocasiones citaba a otro gran villareño (de Sagua la Grande, como Wifredo Lam) también humorista de los grandes (Enrique Núñez Rodríguez) de quien decía que nunca se quitaba el sombrero no porque era mentiroso, sino calvo y no lucía bien sin aquello en la cabeza. O mencionaba también la campaña publicitaria que el propio Núñez le hizo a un político auténtico de apellido Mier cuando aspiraba a representante a la Cámara y que consistía en una frase lapidaria y bromista: "Mier no promete, Mier dá" y le pedía permiso al autor para citarlo en su show esa noche.
En una ocasión sugirió con el sombrero puesto al auditorio: "Cuando alguno de ustedes quiera que lo tomen en serio díganlo con el sombrero puesto, que la gente no se lo va a creer y cuando quieran que la gente no le crea diga las cosas en broma sin cubrirse la cabeza que es cuando mejor a uno le creen". O aquella escena de pedir una pluma para escribir un número de teléfono encima de un papelito, se queda con el bolígrafo y luego dice: "Me quedo con él porque seguro habrá alguien que me va a dar otro número y ya no tengo que pedir de nuevo el favor". Y como nadie del público lo hace, el dueño del bolígrafo le dice: "Quédate con él para el próximo número" y así comienza de nuevo a pedir otro bolígrafo diferente...
A Chaflán le debemos pues habernos enseñado un comportamiento: andar diciendo cosas en broma o en serio para que la gente no pueda indentificar cuándo es una o cuando es otra. Es una filosofía común, un sentido de la vida que se puede llevar hasta la misma bodega de la esquina cuando se le pregunta al bodeguero: "¿Ya vinieron los cigarros?". Y el tipo responde: "No, los trajeron en unas cajas de cartón". O aquel que inquiere al carnicero mostrándole la libreta de abastecimientos: "¿Sabe Ud. si a mí me tocan los huevos?!"... A lo que el dependiente responde mirándole a los ojos: "Sólo si Ud. lo solicita por escrito, previamente, claro".
Aquí en el archipiélago la gente se levanta poniéndose o quitándose el sombrero mientras toma la palabra y dice cualquier cosa. Por la acera pasan los vendedores ambulantes con dulces de coco hechos con azúcar prieta y cuando muestran lo que traen dicen: "Coge tu mojón de negro aquí, vamo!!!". O cuando ven una pareja de perritos ensartados en plena calle comentan: "No se sabe si es ella la que no quiere soltar o es él el que quiere irse solo de paseo". O frente al cementerio hacen el mismo chiste: "Si los que están afuera no quieren entrar y los de adentro no pueden salir, ¿para qué le ponen cercas a los cementerios?"... O la pregunta tonta de siempre: "¿Sabe Ud. dónde entierran en Cuba los muertos de Cabeza?". Y como nadie responde, dicen: "En el pueblo de al lado, porque en Cabeza no hay cementerio". Esas respuestas son chaflanistas, son ocurrencias de aquél... como el cantinflismo del personaje del mexicano Mario Moreno.
Siempre nos pasa lo mismo: los mejores se conocen bien por todos cuando salen al exterior. Eso le ha pasado a Chaflán, ahora después de muerto que se ha ido a ese viaje la gente siente su ausencia. Un animador como Mario Aguirre se roba el show, otro como Doimeadiós también... Alguno como Churrisco, como Mariconchi, hacen un buen chiste, pero nadie como Chaflán por una sencilla y compleja verdad: el médico tiene el estetóscopo, el abogado la toga y el birrete, el odontólogo la maquinita para la caries, el chofer su gorra típica, el pelotero su bate, su guante o su pelota, el boxeador sus guantes, el escritor su pluma, pero nadie como Chaflán se ha subido a un escenario con un sombrero típico en la mano y nadie tampoco lo ha manejado con esa maestría propia de los grandes... Lo mejor que pudiéramos hacer es sentarnos en este sitio, el sitio en la loma de las colaboraciones a por lo menos lanzar un cuento o un chiste lindo a lo Chaflán, a su memoria... Y terminar aplaudiendo que es lo único que piden los grandes y los pequeños artistas cuando hacen algo que vale la pena. Ahí les va la convocatoria vamos a ver quién se embulla. ¿Sí?
Como no tengo muchos, ahí les escribo unos "es para guettis" con el sombrero puesto:
Una gran tela en la pared del cementerio de Colón:
- "De este centro, todos vamos el domingo al trabajo voluntario".
En el Hospital Psiquiátrico Nacional un enfermo se para en las rejas y le dice a un policía que pasa por Boyeros:
- "Policía: ¿son ustedes muchos allá dentro?".
En una alcantarilla, la rosa le dice a la caca:
- "Yo soy la flor de la boda"... y la caca le responde: "Y yo el cake".
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miércoles, 27 de febrero de 2008
Comer y dormir...
Nos hemos convertido en bineurónicos, unos binarios vivos con dos principales neuronas: la de comer y la de dormir. Cuando dormimos soñamos que comemos y cuando no comemos no podemos dormir. Comer para dormir y no al revés, para mantener la obsesión latente, presente, omnipresente, consecuente, constantemente, como entes que somos. Es una ansiedad por rellenarnos las tripas con algo, sólido o líquido, algo en tubos o compactados como el jabón de lavar, ingerir alimentos como los cosmonautas, como los cerdos, los pollos de crianza... y luego podrir como los grandes reptiles, somos como boas, majáes santamaría con el estómago lleno, ahítos, el hombre es un animal que come decía Aristóteles, dejar de comer por haber comido no hay nada perdido era la frase predilecta de Heliogábalo...
Yo no como carne, atestiguan los vegetarianos puros, esos que se ufanan de no deglutir cadáveres, solo hierbas, vegetales del cantero, un yerbazal inmenso como la amazonia, langostas humanas de esas que se comen un baobad entero con raíces, tierra, flores, mientras nosotros los carnívoros los heterocárnicos digerimos todo tipo de carnes, masas, pellejos, huesos, grasas, los metemos obligados en la máquina de moler y tragamos, embutimos el organismo, nos enorgullecemos de acabar con las montañas vivas (todo lo que vuele que no sea un avión, lo que flote que no sea un barco y lo que camine que no sea un tanque)...
Es hora ya de que meditemos qué realmente somos los terrícolas (debían llamarnos acuícolas porque es mayor la superficie de las aguas que de la tierra, eso sin contar los glaciares, esa poderosa máquina de hacer helados de todos los sabores) de qué estamos hechos de una sustancia cósmica con más del 72% de agua, por qué comemos, por qué dormimos, qué es lo que realmente hacemos (despiertos dormidos?), soñadores, dormilones, despiertones, nosotros realmente no hacemos nada, solo transformamos la materia prima inicial en un output como decía Althusser unos días antes de volverse totalmente loco y entrarle a hachazos a las puertas y ventanas de su casa...
Nos levantamos de noche con el insomnio estomacal y andamos directo hasta la nevera, como los osos polares que van a buscar su cuota de pescado en la alacena de un iglú natural, si logramos dormir se nos despiertan los ojos no por la claridad del ambiente sino por el hambre ocular, la esclerótica pide agua y sal, ver el amarillo del huevo hervido no es otra cosa que el síndrome del hambre del ojo, ver tostarse una rebanada de pan... nuestros sentidos olfativos nos exigen oler una fritada, una leche hervida que se desborda del jarro, nuestras huellas dactilares sienten solamente cuando acarician un trozo de chocolate, degustamos el dulce, la mermelada, solo oímos la semilla dentro del aguacate, una semilla de mamey resbalosa, azucarada, lista para oler y comparar con el olor de las almendras... son almendronas pero más grandes.
Las tiendas no satisfacen la demanda, pedimos más, queremos más, necesitamos toneladas de quesos, de mariscos, de animales muertos, de campos sembrados, nosotros los depredadores, los devoradores de todo, nos estamos comiendo nosotros mismos en un ejercicio de canibalismo fervoroso, como si trituráramos la cáscara de millones de panes para empanizar la chuleta más grande del mundo, solicitamos hamburguesas, en los desayunos frugales y opíparos, en las meriendas, el café de media mañana, las donas de policías, los almuerzos gigantescos, el té de las tardes, las comidas generosas, las cenas inventadas, las madrugadas apetitosas... De todos los órganos internos del cuerpo humano el intestino es el más largo y voluminoso y sin embargo la neurona del cerebro es casi invisible, tenemos veinte mil millones más o menos que gastamos y nos duran para toda la vida, las gastamos y no las recuperamos... una célula que come algo para producir nada, una nada ayúnica, estéril, una imagen ideal sin estómago, que no es la cosa misma sino su reflejo, esa es la neurona que se excita por las dendritas y los axones, una microcélula que nadie sabe a qué rayos sabe ni cuándo se llegó a formar... probablemente a partir de los ácidos.
El bostezo no es síntoma de salud sino de necesidad alimenticia... La sangre no es otra cosa que la modalidad de los cuerpos albuminoideos... el genoma, las combinaciones químicas, los lunares, los glúteos, las uñas, las imprescindibles pestañas no son más que gotas de alimento... el ser humano es una bola de carne con ojos... fulano es un pan... está gordo como un cerdo... ella suda como un luchador de competencia... si ella no come comemos por y paella... la dieta no es limitación sino pura bobería de impotentes sexuales... un beso es un gramo de proteína... el amor entra por la cocina... te invito a comer... ostras!!!... un pan con timba y guayaba no... No hay mejor sacerdote que una pierna de cerdo... Barriga llena corazón contento... La anorexia es la obesidad al revés..
Lo mejor para muchos es seguir comiendo, desaforadamente, sin pena ni tasa, sin límites, ad libitum (a voluntad, a elección), con el orgullo de llevar dentro una carga pesada, una medalla de alimentación, una PH viva (PH es la proteína histórica), enérgica, que se muestre como valladar contra los vientos de cuaresma, ciclones y terremotos, obstáculo contra enfermedades de todo tipo, vacuna contra el hambre... Comer bien y no mirar a quién... como el manjar predilecto de Víctor Hugo (comer una naranja con cáscara, a dentelladas, de sobremesa) o el de Enrique VIII liquidar una pierna de cerdo asada con las manos como si fuera la misma naranja pelada por la famosa maquinita. Y luego dormir, ambos dormían desesperadamente, soñaban despiertos uno con escribir novelas de todo tipo y el otro con degollar mujeres, delgadas, finas, no obesas.
No existe relación probada entre la rellenez del intestino y las pesadillas. Falso completamente, las más truculentas pesadillas se sueñan en el horario del matutino cuando la digestión ya hace horas que pasó. Son pesadillas de andén de trenes, breves, pasmosamente olvidadizas, que uno mismo elabora casi al despertar y duran poco porque no están asociadas al comer sin tasa. La gula es un pecado agradablemente sazonable, una desviación de especias hacia el corredor de la mente, no hay como soñar pesadillas después de una cena deliciosa llena de fantasmas olorosos a clavos de cocina, cilantros, ajos y cebollas, frijoles dormidos con hojas de laurel y comino molido.
El cubano come de todo, hasta piedras comemos, sin algún plato en específico, un congrí por ejemplo, unas masas asadas de carne de cerdo, una yuca con mojo de ajo y ajo, unos tostones de plátanos verdes, una ensalada mixta de ocasión y luego de postre unos casquitos de guayabas con queso crema, café sin mezcla, agua bien fría y una cerveza en vaso sudado bien tarde en la noche, para soñar pesadillas de cocina, películas de sábado de gloria, de nochebuena semanal, de picnic casero, meter todo lo que encontremos dentro de los calderos y destapar a cada rato, oler y probar, deglutir, tragar, respirar profundo y luego echarse a dormir inmediatamente, boca arriba en el primer sofá que encontremos, sin que nos molesten las moscas, nos piquen los mosquitos o nos despierten los ruidos extraños de los pregoneros que nos venden cualquier cosa menos su alma, soñar así pesadillas de horror y despertarnos sobresaltados sabiendo que la misma soñadera era falsa y tuvo el mérito de despertarnos para que fuéramos directo hasta el refrigerador a consumir nuestras tres bolas de helado de chocolate con crema encima, para volver a dormir a pierna suelta, soñando entonces con volver a abrir los ojos y no hacer otra cosa que volver a comer...
Comer con adobo o al natural, al vapor, batir, blanquear, tomar un caldo blanco, cincelar las hortalizas, cocer o no, confitar, decantar, dorar, escabechar, o preparar una farsa, o mejor fondear, hidratar cociendo a la inglesa, a la francesa, a la juliana o mejor como en Macedonia o si uno prefiere macerar, marinar, perfumar, saltear en el wock chino, pero con mucha sazón y bastante sal y por supuesto sofreír, trinchar, reducir, refrescar y rehogar, mojar, revolver, cortar, picar, pelar, raspar, hacer y deshacer, voltear, en fin preparar para comer, ese verbo en el que no podemos dejar de pasar ni olvidar, para poder presumir, para ir a cenar... y no morir, sino vivir. Por todo eso y por mucho más necesitamos una nueva edición del manual de Nitza Villapol o adquirir el de Gladys Egües (algo parecido que se vendió en la actual Feria del Libro) con recetas fáciles de hacer...
En la reserva diaria debemos tener acelgas, berenjenas, calabaza, habichuela, col, maíz tierno, cebolla, quimbombó, remolacha, pimientos, guisantes, frijoles, boniatos, papa, malanga, plátano, otras viandas, arroz (sin arroz nadie se atreve a comer), zanahoria, perejil, algo de pollo Alicia Alonso, carnes, mariscos, coco, frutabomba, guayaba, mango, melón de agua, piña, aceite, mantequilla, yogur, si se puede un guanajo (en el país existen todavía muchos guanajos), codornices si las hay, una jicotea, colas de langosta, camarones, ostiones, pescados, sin pescar, carne de res, lomo de cerdo (en el país hay muchos cochinos todavía), una jaba con algo, azúcar, sal y un manual o recetario...
Vamos a experimentar: Mayonesa de vegetales y aguacate: 1 aguacate maduro, 2 cucharadas de ajo majado, 4 cucharadas de aceite, 2 cucharaditas de zumo de limón, sal al gusto. Aplasta la masa de un aguacate maduro y únele el ajo majado y la sal a gusto. Luego, poco a poco le añades las cucharadas de aceite y revuelve hasta que espese. Por último le adicionas el jugo de limón. O también una salsa de perejil y ajo: 1 taza de perejil trinchado, 2 cucharadas de ajo majado, 1/2 cucharadita de orégano, 1/2 media taza de vinagre, 1 taza de aceite y sal al gusto, 1 hoja de laurel o una pizca en polvo. Mezcla la taza de perejil con los ajos, la hojas de laurel triturada y el resto de los ingredientes, rectifica el punto de sal y revuelve. Finalmente añade el aceite...
Sin embargo siempre es lo mejor comprar la bechamel ya hecha en el grocery, las salsas de queso o de albahaca, las vinagretas cremosas, con queso, con limón y comino, con hierbas aromáticas y yogur, una salsa Maitre d'hotel, una tártara... cualquiera, aunque nunca es mejor que la que hacemos en casa, para sentir el placer de ver cómo se hace una salsa, meter paletón de madera y probar, vengan aquí a este circo de cocina a probar mi aliño criollo, mi festín de calabaza, mi almíbar.
El hambre no es una carencia física sino más bien mental, no es una queja del estómago sino del espíritu, es una voz de las masas oprimidas intestinales del cerebro y un vendaval que anuncia nuestro principal pecado: esa tozudez que heredamos del animal que nos antecedió y que más nos guste con el ánimo de emprenderla con todo lo vivo alrededor para engullirlo, aderezarlo, sazonarlo, asarlo, comerlo crudo, masticarlo, saborearlo, desaparecerlo de su existencia real objetiva y convertirlo en idea de satisfacción por aquello que recomendaba Raúl Gutiérrez Serrano: "Necesidad satisfecha no motiva"...
Comer una y otra vez la misma cosa para saber qué sabores tiene y soñar lo mismo aunque lo repudiemos o no nos acordemos de lo que soñamos... Un sueño culinario exactamente igual al que tuvieron los primeros hombres y mujeres del mundo cuando vieron aquella pizza margarita ponerse roja dentro de un horno eléctrico. Y después de comer, que vengan los terremotos... que nos cremen, que nos lancen desde el acantilado hechos polvito ensobrado como los polvos que una vez mandaron de una vieja que murió en Miami y aquí la gente creía que era una sopa ensobrada y se la comieron todita en la película "Los Sobrevivientes" de Tomás Gutiérrez Alea. Ah!... el placer!!!, como decía nuestro querido amigo Tata Güines, que en paz descanse: "Hala más que una turbina de Mig 15".
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domingo, 24 de febrero de 2008
Vendemos donaciones...
Ya se nos está acabando la semana... y me da por pensar que estamos convirtiéndonos en unos comerciantes de excelencia porque hoy vendimos un pitusa viejo en 3 CUC y una bisutería para adorno de mujeres en 4 CUC... Nos quedan algunas cositas que Lázaro se llevó (dice que las vendió todas) y otras que van a salir la semana que viene, pero las botas de Soto nadie las quiere, cosa rara porque aquí somos todavía un país agrícola y sin embargo la gente no le mete el brazo a las botas de moda puntiagudas como esas y además negras... Lo mejor que tienen estas ventas es que los artículos que ofertamos nos los han regalado, son donaciones que nos han hecho (nosotros vivimos de donaciones) y que no nos sirven, como ese pitusa del año de la corneta que no me entra por mi barriga de viejo y que tenemos que vender porque nadie lo quiere gratis ya que vinculan el obsequio a un regalo de alguien que le dio la patada a la lata y se fue a comprar y vender al mundo de los felices muertos. La gente no quiere usar ropa que supone de personas fallecidas digamos ponerse un traje nuevo de paquete de uno que murió ayer, qué va, con ese traje nadie se quiere casar.
Vendemos nuestros valores de uso regalados, nuestras entrañables donaciones porque si no lo hacemos nos tendríamos que dedicar a almacenarlas, llenar los closets de donaciones etiquetadas por años y especialidad, tipo y carácter y no sería útil hacer eso porque el tiempo (ese ladrón que siempre la ley deja impune, como decía Bonaparte) no nos alcanzaría para tal ni los nichos tampoco... En ocasiones decidimos echarlo todo a la basura (lo que pensamos no sirve) y guardar en un escondite del cerebro la imagen de la cosa, pero esta es una operación muy delicada: se nos puede olvidar el origen y el nombre de la persona que nos hizo la donación y eso nadie se lo perdona. El cerebro humano es una computadora tremenda pero a veces se le bloquea el disco duro o se le dañan las conexiones...
Por eso cuando nos entra algún dinerito de la venta de una donación amorosa los ojos se nos llenan de agua destilada con sal, sentimos que los billetes o el menudo que gotea en nuestra caja contadora custodiada por el Lord Canciller Tomasito Moro ha brotado como manantial de agua termal no de la oferta y la demanda en el mercado presuroso en el que se enfrentan los propietarios privados (unos ofertando su valor de uso y otros adquiriéndolo por su valor), sino de un mercado inexistente en cualquier otro lugar del mundo, el mercado en que uno entrega amor recibido de otro y recibe dinero contante y sonante adquirido bien o mal según el caso... pero dinero, mercancía, dinero...
Nos habían dado unas riñoneras para regalarlas a personas que las necesitaran como nosotros pero en esta casa se repele ese tipo de entrañable pacotilla no por provenir de algún lugar lóbrego o ilegal sino porque con los recursos con que contamos no poseemos cosas que meter dentro de sus compartimentos estancos, como lo hacen los boteros, los tarimeros de agromercado, los vendedores de aromatizantes caseros, los merolicos de bajo y alto mundo, los mercachifles, venduteros, pregoneros, parqueadores, taxistas, arregladores de cualquier cosa, panaderos ambulantes o cualquier oficio sensato, útil, provechoso pulcro o no... las llevaríamos orgullosos colgadas de la cintura pero sin utilizarlas para nada, ostentando que las tenemos pero sin usarlas.
No nos imaginamos a mi mujer con su riñonera en la calle sacando monedas para pagar un picadillo de pavo para que coman las perras por raciones pequeñas o cambiar un CUC por un sobre de detergente y sacar el metálico de la riñonera para una transacción sencilla, modesta, mínima, que incluso no llevamos en la cuenta de los gastos mensuales... O a mi nuera con su flamante riñonera vociferando en una plaza cualquiera: "Coge tu pizza aquí, vamo"!!! (sin ese al final) y tener guardadas varias de ese tipo no tendría sentido tampoco y sería carnada apetitosa para las cucarachas y ratones, murciélagos hambrientos y lagartijas anémicas que harían probablemente nido dentro y nos sorprenderían cualquier primavera con un enjambre de descendientes glotones que saldrían al exterior a pedir su cuota de alimento, merienda, desayuno y almuerzo con el derecho propio de una primogenitura como los huevos de comején.
Ni tendría sentido tampoco acumular ropa vieja para engordar los estómagos de insectos de todo tipo o ser utilizada para la limpieza de las piezas del carro, el pulido de pisos o alguna exposición itinerante de ropa usada del siglo pasado por personas necesitadas y de bajos ingresos... Tampoco la quiere nadie regalada porque la asocian a limpiezas de santería, hurto indebido, infecciones, malencias o enfermedades desconocidas y las van a aceptar por pena pero las llevarían inmediatamente al crematorio o directamente a los tanques de basura para ser objeto de interés de los buscadores de tesoros, buzos de basureros, menesterosos y limosneros que las romperían aún más, las deshilacharían y se mostrarían con ellas puestas, sucias a más no poder en los pasillos de iglesias o en calles destinadas al almacenaje de escombros (los actuales llamados desechos sólidos no reciclables) y atentarían contra el medio ambiente, incrementarían la polución y crearían el caos en el hornato público, en el hábitat, el status quo y otras menudencias parecidas...
También nos han donado una profusión de collares, aretones de viejas, blusas fuera de moda, zapatones que no se usan, botas puntiagudas de domadores de leones de circo, toreros, montadores de motos todoterreno, amazonas de pueblos de campo, jinetes de rodeo anticuados, bicicleteros, campesinos cultivadores de maní, soldados rusos de batallones participantes en las dos guerras mundiales que nadie quiere porque a nadie se le ocurriría salir a la calle un domingo por la tarde con una de esas muestras y que le dijeran a todo grito: "Patéate el culo con esa bota rusa muchachón!!!". Así que decidimos vender ese tipo de donaciones, junto con los relojes que tienen marcas famosas y todo el mundo sabe que son fantasías y reproducciones baratas, algunos con solamente dos números (el 6 y el 12) pintados en la esfera que tienden a confundir los horarios, no dicen nada de minutos ni segundos y aunque se sabe que esas marcas falsas las usan artistas de renombre como B. Pitt la gente no se las pone porque los jóvenes de aquí no saben ni usar relojes para ver la hora y nunca los han tenido y ahora con solo dos números podrían decir que tal hora es a las seis de la mañana o de la tarde o a las doce del día o medianoche...
De ahí que hemos acopiado condones, gorras, líquido para eliminar termitas, lapiceros sin repuesto, fosforeras viejas, tenis sin marca, disquettes de computadoras cacharrosas, banderas, pegamento, perfumes baratos, jaboncitos de hotel, pañuelitos de viejas, tarjetas postales atrasadas, globos de cumpleaños (si uno le regala un globo de esos inflado la gente no lo quiere porque dice que fueron inflados por algún enfermo pulmonar) que deben ser vendidos sin inflar y cubiertos de talco para que no levanten sospechas, corbatas, camisas bacteriosas y usadas, bastones, sombreros, ropa en fin reciclada, mierda envuelta o no, que nos donan los que vienen a visitar nuestro zoo vivo creyendo que nosotros las vamos a usar y lo que hacen es retratarnos con esos bultos en la mano, como a los osos del zoo de animales a los cuales lanzan panes y gaceñigas sin pasas pensando que los plantígrados comen de ese tipo de cosas y lo que hacen esos animalitos enjaulados es dejarlas en el suelo para que se las coman los empleados que vienen por la noche a limpiar sus aposentos... o los limosneros recogedores de charrancha que tienen ese oficio como empleo fijo. Y nosotros agradecidos... pensando siempre en que sigan mandando.
Sin ánimos de lucro, hemos puesto una venduta en cualquier esquina previendo que no íbamos a tener éxito y sin embargo en breve tiempo se han formado allí colas inmensas para raspar, arañar, escarbar en el pulguero improvisado las cosas que la gente necesita y que no se muestran en ningún plan tareco habitual (nuestros planes tarecos son en realidad intercambios de regalos, uno lleva lo que no le sirve y se lleva lo que le sirve a uno) y hemos podido comprobar que la caja contadora suena, que nos trae el pan metálico de cada día sin excusas ni pretextos, un dinerito amistoso, fruto del cambio y trueque bondadoso, sin dolo, ingenuo, cándido, sin lucro, de una donación que se nos entrega con amor y un dinero que se recibe con más amor todavía... Y lo más importante de todo: una transacción risueña, ágil, sin publicidad ni aguaje, casi mímica, como la oferta que hacen los obreros de telefonía cuando intercambian el pan con jamonada y el refresco de cola que destina la empresa para su merienda por el peso convertible generoso y limpio, un trueque de donación gratuita por dinero legal que los deja con el estómago vacío y el bolsillo relleno, ese mismo que le sirve para comprar mañana en la shop el aceite para freír el
pescado jurel de la carnicería que necesita.
!Coge tu donación aquí, vamo!!!! (sin la letra "ese"...). !Se aceptan trueques!!! Un pitusa por un litro de aceite de girasol y 5 paquetes de galleticas de fresa con chocolate!!! Vayá, llévate tu aretón!!! Calandraca patucabeza vamo!!! Con el juego y la jarana ya metimos en la caja de Moro la caballerosa y educada cifra de 20 CUC que ha salido del cachumbambé del dinero por la donación y no hemos perdido la moral. No la hemos perdido por aquello que el propio Marx decía: "La moral no puede ser nunca superior a la estructura económica que la condiciona". Y no hacemos nada con enorgullecernos de tener un almacén de riñoneras usadas y de botas de policías europeos guardadas y al mismo tiempo esa debilidad extraña en el estómago que nos aparece a media noche y nos inyecta el sonambulismo... Al menos hambre en las tripas no tendremos la semana que viene.
Y cuando hacemos el trueque nos hemos puesto a pensar desde luego que la donación que no ponemos en venta es aquella que no se puede vender, digamos un abrazo o un beso que nos mandan los amigos o nos los dan cuando llegan por aquí... Imagínense ustedes vender un abrazo o un pellizco de niño, cambiar un besito de nieto por digamos 1 CUC. Hemos tratado pero esa donación se nos escapa, se nos volatiliza. En realidad no es una donación sino la entrega de un cariño y cuando eso ocurre ya nadie piensa ponerlo en el mostrador del trueque. Coge tu cariño aquí, vamo!!!! Llévate tu beso envuelto, ya!!!!
Un refresco de latica y un pan con mortadella se puede ofertar en una esquina poniendo énfasis en la mirada y escondiendo el producto detrás de una nalga, como hacen los de la telefónica, pero cuando se trata de un cariño en qué lugar lo vamos a esconder? Y si lo vendemos con qué cariño nos quedamos? Aquí se está vendiendo hasta la sangre, hasta la caca (uno que la vendió para que le hicieran un análisis y poder ayudar al otro a trabajar en el turismo) de personas desparasitadas. Pero hasta a los más vendedores no se les ha ocurrido nunca vender cariño. Ambientador sí, pero cariño no. Señores, sería el colmo!!! Los pocos y preciosos valores que habíamos heredado no se nos pueden escapar así de pronto. Para venderlos tendríamos que envasarlos y eso cuesta mucho.
Aunque pensándolo bien si todos nos dedicáramos a vender cariño sería tan millonaria la oferta que el propio cariño no tendría valor y tendríamos que regalarlo y si lo vendiéramos así, regalado, pudiera alguien decir que lo poseíamos y si todos tuviéramos cariño poseído nadie nos lo compraría, ni necesitáramos comprarlo, así sí, nos darían cariño por cariño en uno u otro caso de compra venta y todos felices, como los negritos ñatos de narices o las infelices codornices que son institutrices pero no meretrices... Debiéramos impulsarnos un día, llenar los pulmones de aire (como los chicharrones de viento) y ponernos a gritar todos a una en calles y avenidas, azoteas y cloacas: Coge tu cariño aquí, vamo!!! Al mismo tiempo, a cualquier hora, para ver qué nos dan a cambio, qué nos regalan y qué aceptamos, porque si vendemos un buen cariño gordo, suculento y portentoso, masivo, estaríamos en condiciones de exigir uno igual...
Yo quisiera para ese entonces regalarle a la primera muchacha linda como mi nieta que pasara por mi jardín un cariño sabroso y grande del bueno y que ella me devolviera lo mismo u otro cariño parecido... Ay mi madre!!! Dejaría esta tarima de hoy, este trueque de donaciones por dinero a un lado y me pondría a bailar el bar sobre las olas, nadando en el manubrio azúr... o a tocar la varsovia húngara del brindis en la sala en el mar de los patinadores de lágrima cristi, esa música plástica buena, de lo mejor que se ha hecho en el mundo... de la Uneac. Comprando y vendiendo cariño sin dinero como merolicos de esquina, desnudos pero encariñados mejor que mejor, sin jabas para meterlo ni caja para contarlo sencillamente entongado como caña para central, diario, fértil, humilde, inteligente, un cariño cariñoso que se nos quede debajo de la piel y salga fuera cuando menos uno lo piense...
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martes, 19 de febrero de 2008
Lutgarda y los gritos
La vejez es un estado del cuerpo y del alma (existe un alma que no esté en un cuerpo?), pero más de la segunda que del primero, según piensan algunos. En la medida que nos vamos poniendo viejos por fuera, también nos ocurre algo parecido por dentro, dicen otros. Sin embargo hay personas que nos hablan así por ahí: "Creerse joven es mejor que envejecer". O también: "Lo más importante es sentirse joven por dentro". O como cantaban hace unos años: "Joven puede ser quien lo quiera ser". De una forma o de otra, como quiera que Ud. lo mire (todo es según el color del cristal con que se mire?), el asunto de la juventud (ímpetu, arrojo, energía) y de la vejez (experiencia, calma, sabiduría común) viene preo y ocupándonos desde hace mucho tiempo.
De qué estamos hechos?... Se envejece día a día o de una sola vez? Es cierto que desde el nacimiento estamos envejeciendo, muriendo? Es este polvo cósmico vivo del que estamos hechos material o pura nada? Es sabido que a más años más arrugas, más tropezones, más rabietas, más malas pulgas, más calvicie, más canas, más dolencias, más achaques. Cuando uno es joven puede darse el lujo de subir de dos en dos los escalones hasta un décimo piso y por tanto todo lo contrario... En mis años mozos yo... Pero al grano, que aunque hemos dicho algo al menos sobre la vejez y la juventud (ese divino tesoro?), no hemos entrado en el tema de hoy...
Cuando niño en mi pueblo (aquel mismo de la gente de largos brazos, piernas cortas y nariz ñata) había una maestra a la que llamábamos "Lutgarda la Maestra". Yo quisiera encontrarme con alguien que recordara los apellidos de tan ilustre señora, siempre atenta, educada, orientadora, una pedagoga espontánea, seria y afable, en fin, "La Maestra"... la misma que llegó a cumplir 80 años y a quien todos respetábamos. Pero nadie se acuerda de sus apellidos. Estaba allí por las tardes sentada en su portal, viendo pasar la vida joven por delante, saludando y sonriendo como si estuviera calificando algún examen. Ella no dijo en su vida ni una sola palabra equivocada (ni una mala palabra), fue siempre comedida, señalaba el defecto en voz baja educando con su propio ejemplo, observaba la conducta y al mismo tiempo indicaba qué debíamos hacer. La gente decía que tenía un halo que la rodeaba: el del respeto. Cuando entraba en la casa el halo le seguía los pasos, cubriendo su contorno con cierta protección habilidosa.
Pero al tema... el asunto es que hace unos días vino a buscarme una ancianita de nombre igual y parecida a la otra, cosa curiosa porque enseguida que me dijo el nombre vino a mi mente la figura de mi maestra y comencé a creer que aquella teoría de la transmigración de las almas (y de los cuerpos?) debía tener cierta validez. Esta anciana era idéntica a la otra, cálida, serena, encorvada y silenciosa, se llamaba igual y era de cara la misma, venía nada menos que para solicitarme la acompañara a unas gestiones que tenía que hacer con su esposo (un anciano de barba hirsuta y de andar pacífico igual a ella) en la Habana Vieja. Hablamos, nos pusimos de acuerdo, precisamos la dirección, la hora, en fin... qué honor para mí transportar a la Sra. Lutgarda II la copia holográfica o al carbón de "La Maestra".
Ayer fui hasta esa casa en la cima de la Loma del Chaple, en la calle San Carlos, mira qué elevado viven, vericuetos, adoquines, diferentes aceras, como un cerro de Caracas, aquellas soledades, edificios inmensos, casas como castillos, puntales altos, silencio había, la tarde estaba como calmada, columnas gruesas, las azoteas, los escalones, subiendo lomas, vienen los pájaros, no hay pregoneros, el sol no quema, en fin aquel escondite por donde pudiera entrar la siembra de cualquier frijol mágico buscando la tradicional gansa de los huevos de oro... Y allí, entre las nubes en su castillo chapleano estaba Lutgarda II con su esposo Ceferino I esperando la recogida.
Montamos, nos fuimos, bajamos, subimos, en fin cambiamos de panorama municipal, de las portentosas y elevadas edificaciones sólidas todavía a las llanuras de la Habana Vieja, allá por la Lonja del Comercio, en plena Plaza de San Francisco, donde se huele la espuma del mar y salen volando las palomas multicolores asustadas por la explosión premeditada de una palmada que hace el caballericero de turno con dos maderos de cedro... Se bajaron del carro, se perdieron caminando entre la muchedumbre de turistas, en medio del laberinto de las calles adoquinadas, saludando a custodios, floreros, policías y transeúntes, ávidos del paseo y de la solución de la gestión que me habían solicitado... Los esperé el tiempo convenido pero no aparecían. Fui a buscarlos pero no estaban, se habían evaporado como espuma de jabón por el tragante del baño. Y en la espera me preguntaba: qué es la vejez?
Pregunté a los que estaban si los habían visto pero no habían visto a nadie por allí. Me hundí en las callejuelas, pasadizos, escaleras, comercios, museos, pero nada... nadie se había dado cuenta de que esos seres estuvieron alguna vez paseando de brazos siquiera cerca. "Son unos viejitos de lo más simpáticos", dije, pero un parqueador me respondió: "La inmensa mayoría de nosotros nos parecemos a ellos, pero esos que Ud. dice no están por aquí". Otra persona me alertó: "No se preocupe que la gente cuando se pone vieja se olvida que salieron de algún lugar y se meten en otro". Una doctora que pasaba sentenció: "En mi consultorio atiendo a muchos que ni siquiera saben qué día es hoy y vienen a verme como perdidos".
Era una prueba de que en la vejez existe cierta cuota de olvido, porque tampoco yo sabía, ya desde hacía unos años que iba olvidando cosas, sintiendo la arruga de la vejez comiéndome la cara no podía recordar eso mismo, probablemente sí el número del día, pero no el día de la semana... Por ejemplo: hoy es 15 pero no sé si viernes o jueves... Incluso se me pierden en el baúl de los recuerdos las calles, los nombres, recuerdo las caras pero se me olvidan los nombres... Le dije a la Doctora: "Y ese olvido es grave"? Pero la muchacha vestida de blanco se había marchado y no estaba o tal vez increíblemente me la había imaginado. La gente ya no estaba, se habían marchado todos y yo allí ahora dentro del tren presidencial parado sobre los rieles con la señora que explicaba: "El coche tiene dos similares, uno en México y otro en Estados Unidos pero aquí no están sus viejos". Tuve intenciones de preguntarle por Lutgarda II y Ceferino I pero cuando dijo eso el tren había también desaparecido y yo estaba apoyándome en la estatua del Caballero de París... viendo al tren alejarse, yo levantando mi mano de la mano del Caballero diciendo adiós al tren que se alejaba por la calle Amargura, mientras lo saludaban por Obrapía, Lamparilla, Acosta, Teniente Rey, saludaban el tren y me dio por sacar la cabeza y decir a los saludos: "Hola, aquí estoy en este tren tratando de encontrar a unos viejos...". Pero no pude porque estaba clavado como estaca agarrándome del dedo brilloso del Caballero...
Me empeñé en responder la pregunta de la vejez y entré a Corredores de Aduanas, a una Cadeca, la Plaza de Armas, El Templete, Bar Dos Hermanos, las lanchitas de Regla y Casablanca, la Alameda de mi nieta Paula, la Iglesia de ella misma, Sol, Muralla, San Ignacio, Cuba, Aguiar, Oficios, Mercaderes, Habana, la Catedral, el boulevard de Obispo... me subí hasta en el murciélago de Bacardí pero no daba con la respuesta. Madre santa y los viejitos no aparecían! "Por qué están vacías estas calles dígame Ud. por favor señor"? Y la explicación de un ujier en la Casa de la Moneda: "Están perdidos dos ancianitos que dicen estuvieron por aquí con cien doblones de oro". Y acto seguido el hombre se desvaneció en el aire que entraba desde la bahía y lo ví corriendo Obispo arriba hasta perderse en Monserrate debajo de los portalones del antiguo Centro Asturiano...
Una mujer me preguntó si yo tenía lumbre, pero le dije no por instinto, un no cenizo, apagado, como carbón mojado, mientras le repetía la palabra porque me había olvidado de su significado, me confundí con que pudiera ser un combustible encendido, una pieza de las armas de fuego, una parte de la herradura, un brillo o esplendor, umbral, eslabón, pedernal, yesca, chispa, una superficie acuática, pero lumbre no tengo le dije ni podía tener algo que no sabía qué era... Y la propia mujer desapareció como un cuerpo luminoso, por la abertura de un techo, por el orificio de entrada o salida del vapor, por el hueco central del cepillo o la garlopa como si fuera una persona muy notable, una lumbrera, o un palco en la plaza de toros... y me dijo al saludarme que la vejez era y no era, que era lumbre de vivos y brillo de muertos.
Estuve vagando con todos mis años encima por avenidas y azoteas, barcos y cines, bares y montañas, nubes y escondites, buscando a los viejos, con la ansiedad de que aparecieran, que me gritaran algo, que me salvaran de la agonía, que me trajeran al menos la tranquilidad de verlos para llevarlos de regreso a casa pero no pudo ser, se habían perdido, se me habían perdido unos viejos en la Plaza de San Francisco, en medio de un enjambre de palomas y gorriones y no los había podido encontrar hasta que un viejo igual a mí revendedor de periódicos me dijo: "Oiga joven Usted tiene cara de haber perdido a unos viejos, verdad"? Y le dije que sí, que los estaba buscando porque los había perdido y me dijo enseguida: "Todos nosotros también, los encontrados buscamos los perdidos". Y se fue buscando lo perdido, como el callado que es el que habla, el parado que es el que está sentado, el joven viejo, el viejo joven, el Castillo de Atarés mirando con sus dos torres cómo un muchacho lanza una piedra china encima del agua de la bahía y cuenta la cantidad de saltos... el castillo preguntándonos a todos si sabemos qué es la vejez.
Me fui a buscar la profusión de profesiones pero los viejos no estaban con los artesanos, los pintores, los encofradores, los limpiabotas, los artistas, ni con los escritores, allá donde están los tocadores gallegos de gaita (de gaita gallega), los vendedores ambulantes, los dulceros, los maniseros, los músicos y cantores, aquellos que lustran los pasamanos de las escaleras, los editores, los lectores, los libreros (debían estar entre los libreros, pero no estaban) y me dijeron: "Búsquelos entre las flores"... Pero entre las flores no estaban ni estaban en los jardines colgantes de los balcones, ni en los canteros interiores ni exteriores, ni en las aceras con las vendedoras de flores, ni en las florerías llenas de flores, ni en el antiguo cementerio, no estaban, se habían escapado a algún lugar pero allí tampoco estaban...
Y me indicaron: "Búsquelos entre los soñadores", pero no estaban ni despiertos ni soñando, ni en los trasnochadores ni entre los acomodadores dormidos de cine, ni entre los doctores, ni siquiera entre los olores, su olor no estaba allí tampoco... "El viejo de larga barba, que repite siempre la última palabra que Ud. dice..." le dije a alguien y me dijo: "Como nosotros, que decimos algo y nos quedamos repitiendo la última palabra, somos los viejos ecos, ecos, ecos...". Y siguió repitiendo la última palabra. Y me dijeron tantas variantes que me puse a mirar desde el mismísimo muro del malecón viendo entrar y salir chalupas de pescadores, barcazas de prácticos de puerto, lanchas de transporte, barcos de gran calado, buques de marineros, cámaras de camiones, maderos de santos, todos flotando encima del agua de la bahía pero no estaban los viejos, probablemente se habían ido ya después del ocaso a dar limosna a los menesterosos comida a los perros, leche a los gatos. Se habían ido porque allí no estaban y me vociferaron unos pescadores: "Aquí todos se han ido, esos viejos y los otros, porque ya no están".
Entonces apareció la muchachita de ojos de esperanza, verdes como la hierba del jardín donde hemos sembrado las rosas y me dijo: "Usted que busca a los viejitos, viejo también es y no los encuentra porque no sabe lo que es la vejez" y ella tenía un cartel que le colgaba del pecho, de los pechos hermosos de vírgen y mujer, que decía que cambiaba globos por botellas, globos para volar como Matías Pérez y botellas para que los ciegos pudieran ver desde el fondo de las botellas de todos los colores el color de la vejez y quise hablar con la muchacha pero desapareció metida en una botella por donde mismo había venido que era por la mar encrespada rellena de medusas, ballenas y globos inflados como pompas de jabón y fue que ví dentro de aquel museo tres pintores que se disputaban la primogenitura de las definiciones y uno de ellos dijo señalando con el índice: "Vaya a preguntar al negro de la esquina caminando por Prado qué es la vejez".
Y allá fui, hasta Prado y Trocadero y me dijo el negro viejo pintor de brocha gorda: "El único lugar donde usted no ha buscado a los viejos es dentro de Ud. mismo... siga buscando que allí puede que estén". Y los busqué por todo un tiempo eterno e infinito dentro de mí mismo, por los siglos de los siglos y no los encontré, los sentí cerca tal vez algún día pero no los pude tocar, no eran ellos, eran otros, los originales se me esfumaron como en la plaza, se perdieron entre la muchedumbre de turistas, se me fueron, los años detrás de los viejos y ellos se me desaparecieron, pasaron, volaron, los perdí, no los pude encontrar, lo último que supe de ellos fue que gritaron como nunca gritara Lutgarda la Maestra, dijeron lo mismo que ella pero a gritos, unos gritos como sonido de trombones, como pólvora quemada, como quejas de delfines, gritos dentro de mí: "Yo fui lo que tú eres, tú serás lo que yo soy".
Y se fueron diciendo aquello como un sonriente coro griego, aquellos viejos tiempos se fueron, irreversiblemente ya pasaron y lo único que me quedaba de ellos era la constancia de su existencia, el recuerdo, un recuerdo fértil, duro como roca que quiere irse pero es incapaz de hacerlo, que se quiere marchar pero se queda, que deja una estela en otros, una especie de mareo de puente de madera sobre río bravo, una página escrita, un epitafio, una foto, una lágrima, un intento... una solicitud de viaje sin regreso, un yo no sé. Y se llevaron con ellos la vejez que es un concepto según dicen que no existe realmente y por lo tanto no se puede encontrar...
Y me dí cuenta que los que habían hablado eran los callados, los frescos jóvenes eternos, los enérgicos poetas desentonados, los sonrientes juguetones, que se sentaban alrededor de ellos mismos aclarando conceptos, custodiando a los viejos perdidos y a la vejez misma, diciéndonos a gritos que aquellos viejos no han existido nunca porque la vejez es nada más que un momento de la eterna juventud y que los viejos mismos son más viejos que ayer pero menos que mañana y me dijeron que no los buscara más ni dentro de mí ni fuera tampoco, que me quedara en la plaza para leer el poema que estaba grabado en la pared del convento de San Francisco de Asís, "el varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís... y me pusiera a oir el revolotear de las palomas, el relinchar de los caballos de paseo, el olor de los maderos flotantes de la bahía para que me acordara que todo esa búsqueda no había sido inútil y se había iniciado solamente una vez, solo un segundo antes de que tuviéramos en la cabeza la primera canción de cuna y el primer destello de luz de los que habían nacido. Y que con aquello encontrado no nos sentíamos ni viejos ni teníamos por cama la vejez, sino un colchón de alpiste para canarios danzando en el silencio de los quelonios, un alma de mujer cantando a mediodía, un rayo de oro, un cálido vapor que se deja tocar por los labios y permanece, un deseo de seguir siendo, de amar más que ayer, de desear sumergirse en el océano y flotar allí boca arriba mirando las nubes infinitas para que vengan a salvarte los hipocampos y las ballenas...
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sábado, 16 de febrero de 2008
¿El amor se come...?
Hoy compramos un cake hecho en casa de una vecina para cuatro personas, una torta rosada adornada con un letrero de merengue encima que decía: "Muchas felicidades" como si estuviera dedicado a niños que cumplieran años. Esa frase no iba dirigida a nadie en particular sino a todo el mundo, unas letras en un mar de dulce de huevo, polvo de hornear y grajeas que la dueña del negocio dibuja para que los que coman el producto se embadurnen no solo el estómago sino también los sentimientos. En otras palabras, para que se coman un pedacito de amor.
El asunto no es fácil, ni yo mismo lo entiendo bien: comer amor en trozos alrededor de una mesa mientras pensamos qué día es hoy. Hace algún tiempo dijeron que se trataba del "Día de San Valentín", algo que se nombró así sin la consulta previa con el Santo probablemente. Como estaba asociada la fecha a una creencia es casi seguro que mucha gente haya hecho la fuerza para que no siguiera así y se le cambió el nombre por "Día de los Enamorados" pero no tuvo muchos votos porque con ese nombre las enamoradas estaban en desventaja y eso así mutilado no se vale. Hoy nos levantamos con la noticia en el ambiente de que el día en cuestión había sido nombrado por algunos como "Día del Amor" y nada mejor en ese día que hacer un regalo.
La lluvia ambiental parece que se había embullado con la polémica porque los muchachos cuando pasaban para la escuela debajo de las sombrillas estaban presurosos no por mojarse sino por llegar temprano. Y no hay nada que despierte más energía que el sentimiento de que hablamos. Un cuerpo lleno de amor se mueve como si volara en la superficie lunar, como pez en el agua, como marea que regresa, como colibrí en celo. Y era así que se estaba formando un torrente de besos y de flores muy curioso como el que no se había producido en el resto del año, un torbellino que entró a las casas y no quería salir de ellas pensando en que si se quedaba errante por las calles la gente ni se iba a dar cuenta de que estaba allí.
Hoy hicimos el ritual: pusimos un mantel, unos platos, cuatro cucharitas y el cake en el medio, un pastel tipo castillo, de un solo piso, hermoso y crujiente no solo para despertar el apetito de los seres vivos sino para recordarnos una pregunta que a muchos se nos olvida: ¿Por qué comernos el dulce una sola vez al año?. Vamos a ver... Si hoy es el Día yo puedo pensar que el resto de las fechas no lo son. Si el año tiene como el actual 365 días, los otros 364 que restan no son días del amor sino de otros sentimientos... El día de la esperanza por ejemplo, el de los besos, el del trabajo (hay un Día del Trabajo, sí señor), el de la mujer (hay también uno), el de los padres y de las madres... Pero hablando de sentimientos parecidos al amor (¿cuál es el sentimiento más parecido?) ¿por qué no tienen también su día? Nos han dejado aquí en un solo día a Mr. San Valentín, al de los enamorados y ahora enjaulado al del amor, una concentración de cariño de una sola vez para acabar con toda la oferta de cosas que nos demuestren que nosotros los humanos no nos olvidamos de eso: flores, tarjetas, llamadas, vestidos, zapatos, perfumes, regalos... para gastar todo el dinero del mundo de un solo manotazo en el contexto de las 24 horas de un intocable día en nada menos que el mes más corto del año.
Y nosotros con el cake-castillo, con el feudo de crema en los brazos debajo de la lluvia, protegiéndolo del goteo incesante, del aire desordenador, invitando a los perros callejeros hambrientos a que hicieran la cola de las limosnas para aspirar a probar un dedo embarrado de merengue rosa. Nosotros esperando para la concentración del amor encima de la mesa, para comer el trozo de amorcito escondido dentro del pastel y llevarnos la cuña de torta más allá de la laringe al viaje intestinal oscuro, cavernícola, lento, fiero, seco, un viaje que termina casi siempre en un baño cualquiera.
Al menos los muchachos que iban con sus regalos hoy no se iban a entrar a golpes como sucede en casi todos los demás días del año, sino que con los nuevos cambios del nombre del día famoso iban a probar qué sucedería, pero cuando lo supieran bien dejarían los regalos a un lado y volverían al ring de boxeo dentro de las aulas y fuera de ellas. Los golpes y los empujones son en un muchacho de primaria una necesidad lúdica. Las carreras también, porque un muchacho que no corre al menos lo piensa que es el tipo de carrera mental que todos hemos querido hacer algún día. La flor del viernes, el acto diario en el matutino, los buenos días a la maestra y a todos debíamos extenderlos al día del amor. Pero seguimos reduciendo los sentimientos ya no a las 24 horas de la vuelta de la tierra sobre sí misma de un mes cualquiera, sino al instante en que le decimos a alguien que lo queremos más que ayer y menos que mañana. Casi se ha convertido este instante en algo así como la felicidad que es un nanosegundo que le cae a uno detrás para posarse encima de la cabeza y quedarse temblando allí como aro de santo o como tembleque de cake que es más o menos lo mismo.
Hoy en el estadio de pelota, cuando se enfrenten los eternos rivales (Industriales y Santiago de Cuba) se va a aprovechar la ocasión para festejar el día, deportes con cultura, pelotazos de amor, jonrones de alegría, besos de ponche, miraditas de bases por bola. Pero el resto del año los orientales le van a decir a los habaneros amarillos y estos a los otros palestinos. Quien quiera sonrojarse que vaya al estadio a oír malas palabras cualquier día del año menos el 14 de Febrero. Y no me digan que los ampayas se salen de esos encontronazos, los pobres ampayas reciben más improperios que cualquier condenado por robo. La gente grita en el estadio como si los que jugaran sobre el terreno fueran gladiadores y uno de ellos tuviera irremediablemente que morir.
El malecón es la barra más larga del mundo, la gente compra su botella de ron y va allí a tragar alcohol como si fuera agua, sin ver la puesta del sol, bajo la lluvia o el salitre, con los calores del verano o los fríos del norte en la época del invierno, un cubaneo alcohólico rico, amoroso, lascivo, enervante todo por un día, concentrado en un momento del año en el que ya borrachos perdidos la gente ni se dá cuenta de que hora es ni a quien tiene delante y lo mismo el tipo le besa la bemba a un negro cualquiera que la muchacha abraza al primer perro callejero. Una festividad parecida a la de los romanos en tiempos de la decadencia que no nos conviene mucho porque cuando terminan la botella pasan la calle sin ver las luces del semáforo y son atropellados por los carros.
Sinceramente no creo mucho en el día mentado... Me gustaría el cake con amor a cualquier hora, de noche o de día con una sola condición: que no faltaras tú... y los demás. Un cake para otros, para ver cómo saltan los colores del merengue en la cara de las personas. Un besito mañanero contento de estar vivos. Una frase cualquiera diaria como aquel título de película: "Yo seré cualquier cosa pero te quiero". O no decir palabra alguna y escribir un graffiti, meterlo en un sobre y dejarlo que cruja debajo de la almohada para que se sienta cuando se acueste a leer la novela antes de dormir. Esa carrera del hijo o de la hija, del nieto o de la nieta hacia tí cuando se ha dado cuenta que tú estás y que descubriste su presencia no puede ser enclaustrada en un día, sino en todos los días, en el eterno decursar del tiempo infinito de vida de las generaciones. Y mientras eso ocurre, que me sirvan en el plato mi trocito de dulce, un caracol de clara batida, para que vean cuánto dura un merengue en la puerta de un colegio.
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lunes, 11 de febrero de 2008
Réquiem por Caty
(Este réquiem lo escribió mi papá pocos días después que muriera nuestra perrita Caty. Mi gua-guaita murió el 8 de Mayo del 2006. Él no ha querido leerlo más, dice que aun está triste. Mi mamá sabe del texto pero ni siquiera se ha atrevido a leerlo. Aquí lo hago público pues a mí me gusta mucho. Quizá a ustedes también...)Caty se nos fue de viaje sin un pasaje de regreso físico el lunes por la noche. La llevé a la terminal para que abordara la alfombra y estuvo esperando a que avisaran que la venían a buscar en el carruaje las últimas dos horas de la angustia. La puse envuelta en una tela azul estampada en blanco para que reposara encima del tapete y allí estuvo mirándome con sus ojos de almendra y su cabeza de quilla de barco invertida cada vez que se le ocurría como si estuviera controlando mi presencia y me exigiera que no la dejara ir sin que alguien la despidiera en el andén.
Hemos dicho muchas veces que los animales que han vivido con nosotros en casa son en realidad personas y que las personas que vivimos con ellos somos en el fondo unos animales racionales que hablamos y escribimos pero marcados por el dichoso pecado original: nos confundieron de piel. Esas personas tienen un alma fina como láser verde que se les escapa cuando ya deciden abordar el transporte que se los lleva para el otro mundo y se proponen antes dejarla ver a los que las han querido de verdad. Esta alma es como una llave que alumbra avisando que ya no nos acompañarán de nuevo en el ladrido de por la mañana pero que están dando vueltas durante las 24 horas del día, revoloteando de un lado para otro como si fueran palomas en celo en una tarde de primavera.
Así se ponía Caty a caerles detrás cuando las parejas de torcazas hacían malabares con sus alas unas encima de las otras subidas en la cerca de alambre que rodea el jardín. O cuando pasaban sus amigos de raza por la acera llena de hojas de laurel caídas por las ventoleras diarias a conversar un rato. O cuando saludaba a los que preguntaban por ella por ser la más pequeña de las tres y tener la punta del rabo tan pelado como bola de billar de salón.
Era una persona sin apellido alguno con un solo nombre que le bastaba para reconocernos cuando le decíamos a voz en cuello: !Caty, sube! !Entra! y !Ven! Sin proponérselo ella estaba demostrando lo innecesario de los patronímicos, aunque en realidad, en el mundo de esas especies lo común debiera ser atender la voz por el nombre de los progenitores: !Caty Lucas Canela, ven!
Se comportaba sin embargo renuente a que le recordaran los ancestros porque cuando lo hacíamos era tal la alegría que acumulaba que se atolondraba completamente y no atinaba a cumplir ninguna orden. Más bien se desprendía a correr por encima de las hierbas, alrededor de las matas de rosas, salvando los obstáculos de los muros, en los pasillos interiores y hasta en los cuartos, para terminar la carrera en el pozuelo de agua hervida que nadie podía tocar. Y luego se dormía con la cabeza entre las patas al lado del refrigerador que era su coto de vida diurna, mientras que el que estaba debajo del teléfono de pared lo destinaba para el de dormir por las noches.
Pero lo que más le gustaba era que la cargaran en las piernas, la mecieran en el sillón y le cantaran bajito alguna canción para perros hasta que se dormía para soñar con el viaje final en la alfombra de ir y que le tuvieran sus lugares de reposo para volver en la de regresar. Y que después la colocaran debajo de la lámpara del cuarto principal para hacer un triángulo de madrugada entre sus tres lugares escogidos tapada la cabeza con un trapo estampado que nadie le podía quitar.
Sin embargo, el lugar en que menos tiempo estuvo no fue ninguno de estos tres sino el del reposo esperando su último viaje, debajo de unos mangos florecidos y llenos de frutos, que crecían bajo la sombra de una inmensa ceiba en el patio de espera. Yo pensé que no se iba a parar de allí pero no, me sorprendió cuando en varias ocasiones se puso en posición de alerta, husmeó con su nariz para los olores a ras de suelo y me pidió con un gesto de las orejas que le pasara un algodón húmedo por los ojos para quitarse el polvo que la estaba molestando.
Estuvimos hablando mucho esas dos horas... hasta que me dijo que llamara al conductor del coche para que la sentara en el asiento más cómodo que había. Así lo hice y así se fue, saludándome con sus extremidades y con su rabo hasta que la alfombra tomó altura y desde allí liberó su rayo verde como un flash de cámara fotográfica que solo yo pude ver bien, porque el auditorio que estaba aquella noche en la consulta de los veterinarios no se percató nunca ni de nuestra conversación ni de ese relámpago divino que me hizo de despedida.
Estuvo hasta el final resistiendo el embate de las colonias de bacterias que la atacaron despiadadamente, con su carga de antibióticos y de sueros como armas de combate pero su escudo principal era el deseo de vivir que la mantuvo así hasta el final y que sacó de su propio almacén en el escondite de un corazoncito duro como diamante que no pudo ser destruído por nada ni por nadie.
Le estuve pasando la mano por la piel carmelita y tomando el pulso de latidos hasta que me pidió que la ayudara a incorporarse para pasear un rato. Y Angelito, que es tan duro como acero tuvo que pedir ayuda para que la subieran a la alfombra porque no tuvo valor de hacerlo él mismo. Y eso que la trató exquisitamente durante los últimos 4 meses y ya cuando lo veía ella lo saludaba con el único recurso que nos deja abatidos de cariño: un ladrido de afecto.
No nos dijimos adiós porque ella me prometió que volvería pronto, tan pronto como enseguida y que cuando no la viera por las mañanas salir detrás de mí para recoger las hojas de los alrededores no pensara que estaba ausente de la tarea sino que estaba haciendo algo debajo de los plátanos del fondo. Y era totalmente cierto... hoy mismo me pasó. Salí con la escoba, el recogedor y el cubo de la basura y cuando viré la cabeza me pareció verla al doblar de la esquina de la casa rumbo al patio, cerca de la montaña de tierra donde se esconden las hormigas. Y cuando regresé a decírselo a su madre postiza no pudimos ni siquiera hablar de eso porque estábamos anegados en llanto.
Nos hemos quedado con sus recuerdos envueltos dentro de un nudo en la garganta y ya no seremos los mismos de ahora en adelante. Estamos olfateando que va a pasar mucho tiempo para que nos repongamos de la pérdida. Pero nos ha hecho mucho bien saber una simple cosa: cuanto más queremos a otro más crecemos por dentro. La gente no para de preguntar por ella y gracias a Dios tenemos otras dos en casa para mostrar al menos que aquí corre la vida. Y fuera de aquí sus 4 hermanitas (que se le parecen como gotas de agua y que nacieron el mismo día en que mi hija cumplió años) algún día nos harán la visita o las veremos en cualquier lugar y nos parecerá que Caty ha vuelto para ladrarnos exigiendo su cuota de helado. Irremediablemente no tendremos otra opción por el momento que mirar y volver a mirar sus fotos en la cómoda del cuarto.
Si en algo esta oración puede mitigar la tristeza que sentimos y servirle a ella de algún consuelo entonces tiene validez. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde y siempre se queda con la impotencia de no haber podido hacer algo mejor para prolongarle la vida. Tendremos en cambio que seguir llevando a cuestas la nuestra, con el ímpetu de siempre o más alto, luchando por dotar a esa fauna increíble que nos rodea de más cariño del que hoy le prodigamos que en la calle es bien poco.
Intentar que las autoridades tomen conciencia de la necesidad de garantizar los medicamentos que necesitan y la alimentación que requieren, perfeccionar su atención médica y trabajar porque tengan locales apropiados para que sean atendidos humanamente mientras nos damos a la labor de entender mejor al prójimo que cuando tuvo pérdidas similares no valorábamos lo duro que habían sido, no puede ser una utopía. Este hago constar se nota cuando alguien pasa y hace el comentario: "Uno sufre lo mismo que si hubiera enterrado al último de sus muertos".
Al menos para las condolencias y el descanso le hemos sembrado en la cerca una serie de cinco buganvillas rojas que cuando crezcan y florezcan le servirán de corona viva. Amén.
Publicado por
Aguaya
en
9:48:00 a. m.
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