viernes, 6 de febrero de 2009

Utopía

Esta es una receta especial para un menú diario sin ingredientes, solo para personas, grupos, colectivos exclusivos que se decidan a aprenderla por lo que generalizar los resultados no sería recomendable... Una receta ideal sin un átomo de materia, algo así como un espíritu puro vagando dentro de las circunvoluciones cerebrales en medio de una tormenta de necesidades fuera de la conciencia, pero receta al fin no la vamos a encontrar ni en las más publicadas de Nitza Villapol ni en las que salen en las revistas recetudas que pasan la barrera de las aduanas y entran hasta las casas de vivienda para ser consumidas por lectoras novelosas ávidas de ver colores llamativos, trajes para modelos, bodas de alcurnia o anuncios para otros con eso que llaman dinero en el baúl.

Voy a poner un ejemplo sencillo: la conocida ensalada de espárragos. Esa receta necesita (si es para cuatro personas) un manojo de espárragos que pese 500 gramos, tres tomates grandes y rojos, dos huevos duros, cuatro pepinillos en vinagre, aceite de oliva, un ramillete de finas hierbas (perejil, cebollino, perifollo...), vinagre, sal y pimienta. Lleva un tiempo de preparación de 25 minutos. ¿Cómo se hace? Cueza los espárragos previamente pelados (pp) en agua salada hirviendo. Escurra bien. Lave y seque los tomates y corte uno de ellos en dos, otro en rodajas y otro en cuartos. Pique los huevos duros y lave y pique también las finas hierbas y los pepinillos. Prepare la vinagreta: en un cuenco ponga sal, pimienta, finas hierbas picadas, pepinillos y yema de huevo también picada. Añada dos cucharadas de vinagre por seis de aceite. Ponga las rodajas de tomates alrededor de la fuente y en el centro coloque el resto de los tomates y los espárragos troceados. No lo aliñe hasta el momento de pasar a la mesa... ¡Y a comer se ha dicho!

Sin embargo, en nuestro medio no existen los espárragos y, si los hay, no los usamos, ni los comemos o no los hemos visto nunca y cuando los vemos en una foto de revista decimos: ¿Y esto qué cosa es? ¡Parecen pichas de perro joven necesitadas de una pareja! ¿Pepinillos en vinagre?... ¿Pepinillos dijo Ud.? ¿Finas hierbas?... ¿Y qué cosa es el perifollo?... ¿Será acaso una cerca perimetral cubierta de follaje? ¿O quizá, tal vez, follar al peri como si fuera un perro detrás de aquel otro animalito en plena calle? ¿Cocer?... ¿Dice Ud. cueza?... ¿Eso se baila o se come? ¿Tomates cortados en cuartos? ¿En cuartos de alquiler? ¿La vinagreta? ¿De dónde sacaron eso de la vinagreta? ¿En seis de aceite?... ¿Todo el aceite, todo? ¿Un aceite de oliva quién lo compra en la shop? ¿Y esa fuente para la ensalada, de dónde salió? ¿Es de cristal, prestada, y si se rompe? ¿Aliñar, qué es aliñar? ¿Y a comer? ¿A comer picha de perro, qué falta de respeto es esa?... En fin, que no se puede, que no se debe preparar lo que no se tiene...

Pero en el caso de la receta de utopía no hay que tener en cuenta los ingredientes porque no hacen falta. Tal vez el único que se requiere, y no es un ingrediente material sino de otra índole, es una fuerza de voluntad descomunal que nos haga poseer la infinita virtud de la paciencia para pensar tan profunda y concienzudamente las cosas queriendo realizarlas y al mismo tiempo prepararnos a no tenerlas cuando no sea posible hacerlo, y continuar en el empeño una y otra vez hasta que un día lo logremos. Parece un trabalenguas sencillo y buena gente...

Una receta que no lo es y solo existe mentalmente en el fondo infinito ideal inmaterial y que no se puede dar para otros porque allá probablemente no existan las mismas condiciones ambientales, materiales, espirituales, ideales, modales, viales, platanales, fantasmales, bienes y males que tenemos aquí, en este archipiélago tipo caimán que nada en un mar bravío a veces, tranquilo otras, en el que se ejercitan apaciblemente los tiburones inofensivos de colores y por las noches las tímidas lechuzas simpáticas videntes nos arrullan mientras nos miran con sus miradas de asombro sin pestañas preguntándose eruditas si seguimos pensando en hacer aquello que siempre nos hemos propuesto o deseado.

Un cielo azul que nos cobija en el dipintodiblú, que alumbra las montañas surcadas por auras viajeras, una casita de una sola ventana con un caminito rodeado de flores y un árbol frondoso en el que anida un colibrí que liba una naranja, aquel enrejado suelo sobre el que ladra y corre una perrita de color carmelita y danza otra renegra como la noche oscura, y la pizarra mientras el maligno ciclón acaba con las siembras y vienen los hombres poderosos amados por las mujeres de voluminosas e intensas tetas a reconstruirlo todo en los días de calmas cantando el trágala del triunfo, del honor y de la gloria para volver a protegerse contra la embestida del cruel viento...

Un país pequeño, mayor que otros que se hunde centímetro a centímetro en millones de años y que lo que más admira es un sol que no sabe utilizar, un mar pacífico salado, un mar, un invierno breve y fantasmal como susurro, unas canciones para cantar y bailar, un trabajito para trabajar o para quedarse tranquilo sin hacerlo, carpinteros sin ser doctores y académicos que lavan su bicicleta forever para siempre, viajeros incultos cariñosos, caballeros sin etiqueta que hacen la reverencia en la cola de los jubilados, nosotros los enamorados mal alimentados pero constantes, los empecinados en hacer sin pensar pensando hacer como en los festivales latinoamericanos del nuevo cine, allá vamos siempre recomendando en las largas filas de cinéfilos tómese Ud. una pastilla de secnidazol para eliminar las amebas histolíticas y las giardias, un remedio de cañasanta para el estómago, un ajiaco de lechón asadocongríensaladadetomates para las pesadillas nocturnas y verá qué bien se siente.

Nosotros los musicales risueños utópicos ectópicos embarazados cariñosos casados divorciados hijos de esa ventura que nos dio la vida, ay mamá iné cómo está usté aquí loj blanco tomamoj café, cómo se prepara esa utopía nadie lo sabe, cómo la hemos hecho y conservado entre nuestros parietales nadie tampoco, cuándo la hemos servido en nuestra mesa manual de parados nunca se ha escrito, lo pasado se fue ahora mismo y lo futuro no ha llegado todavía por lo que dicen en las consultas espirituales que el presente vale que es lo único que vale y hay que vivirlo revivirlo, lo que te den, cógelo, y revísalo, una angustia nos toca cuando nos vamos y otra la misma cuando regresamos, los eternos simbatientes dientes de oro en colmillos sanos a los que nadie puede quitar lo bailao, seguiremos a pesar del otoño tejiendo la receta de la utopía magnífica epónica cíclica cíclope cítara aderezada con flores de marabú convertidas en leche, mientras viene soplando alguien con la taza en la mano, ese chofer tiene una jarana y una frase hechas para decirle a sus pasajeros que den un pasito al fondo finito y que se pongan a mirar a través del cristal trasero a los que se han quedado en las paradas esperando que venga vacía la de atrás y que no le echen tuercas en la caja del menudo.

Lo peor de todo será que no habrá quién escriba lo que nos está pasando con esta receta y si alguien lo hace nadie lo leerá porque no habrá tiempo para leer cuando la mismísima utopía a la criolla nos exija el cuento y algún mesero nos traiga la cuenta de los espárragos olivos al aceite espolvoreado con floripollo o perifuelle aderezados con rúcula y brócoli, nos la traiga en bandeja con servilleta para ocultar dentro la cuenta material que dice gracias por su visita camarero socito propinita además al diez por ciento, nos traiga esa cuenta utópica y también la del dinero en nuestro baúl volátil inexistente ideal un billetico con un fantasma verde
y grande peluca que ponemos ahora frente al sol para ver la sonrisa del fantasma de la ópera cómo se ríe y ya, y con esto seguir soñando que estamos en la diplomática mesa de Sir Tomás Moro pensando en cuándo será que le vuelvan a cortar la cabeza que descansa en el soporte que tiene encima de los hombros, cortada con aquella hacha filosa inglesa la misma que nos impulsa seguir escalando esta loma empujando la almendra enorme que nos lleva y que nos trae, que nos saca a pasear volando por encima de los baches y nos invita a comer y a dormir nuestras bineurónicas vidas utópicas de nuevo...

4 comentarios:

glazam dijo...

!Qué maravillosa forma de exponer la realidad! Utopía: fantasía, ilusión, sueño,invención,alucinación, idealización,imaginación, ficción, sueño,anhelo... esos son algunos de los sinónimos que describen este extraordinario post. Gracias mil y mi afectuoso saludo.

~Zurama~ dijo...

Querida Aguaya, paso para desearte un feliz día de San Valentin!!!! :D

lys dijo...

Es un escrito complejo, que da un mensaje optimista de la realidad de un utópico país donde todo sería posible. Una cosa es cierta, tienen los cubanos un amor inmenso a su patria, y lo cantan y lo bailan, por que aunque no tendrán espárragos pero nadie les gana en alegría.

Aguaya, tu papá es un genio, mandarle mis respetos. Ah, la receta me la quedo.

Te dejo dos besos.

Martha Colmenares dijo...

Hola, en mi blog hay para tí, un "Premio Dardos".
Abrazos