miércoles, 8 de abril de 2009

Jonrón

Ahora estamos en una disyuntiva importantísima: o nos metemos de lleno en la economía, los cambios estructurales del gobierno y el asunto de la productividad del trabajo, el desarrollo del transporte y los nuevos salarios y lograr con ello buscar solución a las necesidades materiales y espirituales de la población o reformamos todo el sistema del béisbol actual desde la base para lograr ganar el próximo clásico mundial dentro de tres años.

Dicen que Máximo Gómez dijo una vez que el cubano o no llegaba o se pasaba y que Eladio Secades escribía allá por 1947 que en Cuba se le daba más importancia a un out en home que a la caída de un ministro. A mí no me consta que ellos hayan dicho tales cosas pero sí no hay dudas de que el viejo topo de la economía es muy difícil que se reconstruya en un corto período de tiempo pues necesita de una inversión tan extremadamente grande que nadie la va a asumir, un gasto tal de las finanzas, del trabajo humano, de los recursos materiales y humanos tan enorme que difícilmente pueda verse un cambio sustancial ni siquiera en los próximos 50 años. Pero en la pelota sí se puede cambiar algo que no necesita mucho: la concepción del cambio de una simple jugada por otra.

Actualmente el jonrón es la jugada más codiciada por todos los peloteros profesionales o no (la mayoría por supuesto de la población mundial no es profesional porque la gente comienza a jugar pelota aquí desde que tiene un día de nacido y solo se convierte en profesional cuando alcanza una buena historia luego de llegar a la mayoría de edad) en Asia, Europa, África o América. Es una batalla épica entre el lanzador que suelta la pelota de sus dedos a una determinada velocidad con una trayectoria exclusiva hacia el home y el bateador que se ha posesionado de un madero (bate) que logra detener brevemente la esférica, golpearla brutalmente y sacarla del estadium por encima de la cerca o dejarla dentro del terreno cosa que si alguien la captura y la devuelva con tiempo no saque out al hombre que corre (jonrón dentro del cuadro)...

Esa maravilla (el jonrón) es la ambición de todo pelotero bateador corredor puesto que cuando se produce (la bola de cristal que se lleva la cerca según dice que dijo Lezama Lima) desata poderosamente un placer único ya que entre otras cosas deja libre al individuo que la produce y éste puede "pisar" las cuatro bases con toda la parsimonia y libertad posibles sin que le puedan poner out (salvo en el caso en que no pise una de las bases, se reclame el error y se devuelva la pelota a un defensa para que ya sobre la base el ampaya decrete lo ilegal del corrido...). El jonrón es lo máximo puesto que el equipo que va perdiendo (digamos un juego en el noveno episodio con dos outs y el juego tres por cero) con las bases llenas y un toletero de condiciones en home, si éste produce un vuelacercas entran las cuatro carreras del gane y no es necesario sacar el tercer out (si el equipo bateador es home club)... Es una explosión de júbilo que detiene el aliento y el tiempo de la fanaticada pues nadie se fija (en el momento mismo de la conexión) en otra cosa que en la esféride que vuela impulsada por el gran batazo y que cae en las gradas o en las manos de algún espectador presente... Si este batazo saca la pelota fuera del estadium pero en la zona inadecuada no hay jonrón sino foul y el bateador debe volver a batear y no son pocos los casos en que luego de un foul decepcionante se produce el jonrón espectacular...

Pero vamos al grano: con los resultados obtenidos en el último clásico mundial en que el equipo cubano quedó en 5to. lugar (en el primer clásico había quedado en el 2do. lugar sólo superado por Japón) se pudo comprobar que no es el jonrón la jugada a la que debemos aspirar sino a una más sencilla, humilde, modesta, menos complicada, ahorrativa de energías y casi anónima: el toque de bola. Si enseñamos desde ahora esta jugadita que no tiene tanta complicación sino más bien picardía y sorpresa, a los que empiecen a jugar, cuando lleguen a ser adultos y se dediquen a ese atractivo oficio que es ser un verdadero jugador de pelota (una estrella que brille con luz propia en el barrio) estoy seguro que ganaríamos muchos más partidos.

En primer lugar porque el toque no necesita de pelotas especiales que "boten" mucho, ni de bates perfectos que logren "chocar" en el lugar justo entre costuras, ni de bateadores corpulentos con fuerza protéica y técnica fabulosa sino que puede ser hecha hasta por un enano o un jugador debilucho pues teniendo un hombre en base (digamos en tercera) produciendo el toquecito y saliendo ese hombre disparado hacia el home y suponiendo que al que trate de atrapar la redonda no la pueda retener en el guante, tirar a tiempo y tocar al corredor de tercera que va destinado a anotar, se produciría la carrera que mucho se necesita y quedarían las bases nuevamente llenas con dos outs y así se repetiría la jugadita hasta ganar el partido (recuerden que el juego estaba en el noveno con las bases llenas y dos outs ganando los otros tres por cero).

Lo único que nos costaría un buen trabajo es romper con el vicio del jonrón que ha anidado en el cerebro de todos nosotros de manera tal que no quiere salir de allí, acostumbrar a la gente a ser más modestos y sencillos, más humildes y laboriosos, más creativos y trabajadores, quitarse de la cabeza la aureola de jonroneros poderosos y musculosos, autosuficientes y prepotentes y con más cerebro que músculos practicar constantemente la jugadita cosa de hacerla tan diaria que un día nos demos cuenta que si damos un jonrón de verdad la gente no nos lo va a estimular como hasta ahora y probablemente ni lo tenga en cuenta... pero si damos el toque vamos a obtener el resultado apetecido y necesario. No es muy difícil hacer ese cambio de mentalidad, lo que hay es que iniciarlo rompiendo esquemas y sustituyendo mentalidades y personas retrógradas.

A veces confiamos demasiado en un hombre que se para con un bate en home para que decida un juego con un jonrón pero, si no sucede, la decepción es tan grande que produce un desánimo que nos puede durar eternamente. Con el toque de bola no sucedería lo mismo, el toque produce una carrerita y poco a poco se llega lejos. Pasarían a la historia los grandes jonroneros de siempre (pobres diablos) heróicos y hollywoodenses, verdaderos supermanes implantadores de récords de por vida, de temporada, de tal o más cual juego decisivo y comenzaría la historia de los tocadores de bola, un oficio de todos, útil, productivo, colectivo, anónimo, inclusivo, diversiforme, sorpresivo, más bien ingenuo, humilde y necesario y los que lo supieran hacer (todos) serían estimulados por las grandes griterías, cargados en hombros y considerados aquellos soldados desconocidos que hicieron posible las grandes victorias sencillas de cada día.

Y de la economía ¿qué podemos cambiar?... En mi opinión sólo ponerla en el lugar que merece, después de la pelota. No sería desacertado pues comenzar a utilizar los espacios de radio, cine, televisión, periódicos y revistas, reuniones de todo tipo, comentarios y reflexiones para detenernos a analizar pormenorizadamente la marcha del cambio de mentalidad en nuestro deporte nacional: el béisbol. No importa que se detenga la producción y la productividad del trabajo, el turismo o la agricultura, el bacheo de calles o las campañas anti-dengue. Si nos preparamos bien cuando vaya cambiando la mentalidad de dar jonrones por hacer carreritas a partir de toques de bola, veremos cómo poco a poco la economía y los servicios, el transporte y la salud pública van levantando porque no hay actividad que arrastre a la gente tanto aquí como una actividad deportiva donde tengamos una bola, un bate, una mascota y por supuesto una mentalidad nueva que nos haga empujar poco a poco las cosas como si estuviéramos empujando el almendrón para que arrancara...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una pena que una de las poquísimas cosas que tenía calidad, se haya perdido. La pelota siempre fue, además del deporte nacional, también el orgullo del pueblo. Pienso que no solo se necesitan los cambios en las jugadas, se necesita estímulo, oportunidad de jugar con otros equipos que no sean lo de "casa". Mi saludo afectuoso.

glazam dijo...

Perdón, el comentario anterior salió sin haberle puesto el nombre de usuario, pero es mío.
glazam

Azucala dijo...

Amiga te dejo un regalo en mi blog. Gracias por ser parte de este ciberespacio acaramelado un beso.