martes, 4 de marzo de 2008

El sombrero de Chaflán

La última vez que lo ví en vida fue en el Parque Vidal de Santa Clara. Estaba allí con su sombrero a lo Daniel Sesohueco encima de la cabeza, una mirada fija en un punto cualquiera como ensayando en el vacío y la sonrisa cómplice del que sabe que va a decir algo que provoca una sonrisa, una risa o una carcajada (más de lo mismo pero diferente)... "Manolón (me dijo) cuando digas una mentira a medias ponte como yo el sombrero y si quieres decir una verdad igual te lo vuelves a quitar". Y se alejó con una mano encima de la cabeza, sin sombrero esta vez, sin mirar hacia atrás, perdido en un boulevard que comenzaba por aquellos años, con la misma camisa para los espectáculos y aquellos pantalones anchos que le hicieran decir un día de show: "Parece que me hice caquita".

El secreto de su éxito espontáneo estaba no solo en el sombrero, sino en las manos, en la mirada y en el chiste. Al ponérselo sobre las orejas le daba tiempo de inventar una situación cualquiera y al quitárselo y tenerlo entre las manos, el tiempo de buscarle una solución al asunto... Aquella vez yo le quise preguntar qué se hacía cuando no se tenía un sombrero entre las manos pero Chaflán me dió la espalda y días más tarde en un programa televisivo dijo sin que nadie se lo recordara: "En el Parque Vidal pensaron preguntarme qué se hacía cuando no se tenía un sombrero entre las manos y yo viré la espalda y me fui sin contestar, pero ahora le digo a aquel amigo: yo nunca he tenido un sombrero entre las manos, sino sobre la cabeza o debajo de ella". Otra humorada más, por supuesto.

Era y es todavía aún después de muerto, un sarcasmo viviente, una biblioteca ambulante de anécdotas y cuentos, un relator oral, un cuentero o como se reconozca un refranero, un comediante, un cómico, un showman, un perspicaz, un clown vivo, un malabarista de la lengua, de la sorna, del invento... Es una lástima que no se conserven muchos chistes creados por él en la inmediatez de una presentación, que no se hayan filmado muchos de los gags que a él se le ocurrieran original y seriamente, como aquel de la viejita en medio de la calle con una jaba vacía en la mano que le pregunta a un vecino: "Mi hijo, mira cómo tengo la cabeza que ahora no me acuerdo si iba o si venía de la bodega". O la de la otra que quiere subirse al ómnibus por delante pero el chofer le cierra la puerta y va caminando hacia la puerta abierta de atrás pero el chofer la cierra también y le abre la de alante y la vieja se para en el medio de las dos puertas y le grita al chofer; "A mi no me interesa ya que sea por delante o por detrás viejo, pero sí que las tengas abiertas y bien parada la guagua".

Se sentaba sobre un taburete o una silla sin espaldar (como el clásico banco de borrachos) y comenzaba la función soltando uno tras otro chistes sobre chistes, sin descansar hasta que los del combo que le acompañaba o la gente misma le decía: "Chaflán, viejo, déjanos tomarnos al menos una cerveza"... Pero nadie podía porque allí mismo respondía: "No tomes mucho que te da por mear". Y volvía al ataque sin parar mientras la gente lloraba de la risa, se quedaba llorando como si le hubieran regalado pañuelos para secarse aquellas lágrimas, seguían sin comer saladitos, ni tomar tragos y no podían ni fumar siquiera porque él con sus anécdotas no se lo permitía. Era mejor que Alvarez Guedes por supuesto, como un Chanito Isidrón pero sin música de laúdes, un Enrique Arredondo de pueblo del interior, un Jesús Alvariño, un Pous del barrio, un Pototo (Leopoldo Fernández) en la Tremenda Corte, un villareño ocurrente, simpático, feo y serio que no se rió jamás mientras contaba un chiste y se quedaba disfrutando la risa en el aire como si él mismo la hubiera concebido. Y sin embargo nunca tuvo un programa especial bajo su conducción, ni un papel protagónico, porque Chaflán (cuyo nombre Argelio García nadie recuerda, por supuesto) era ese héroe anónimo de las tablas, del cabaret nocturno, de la esquina que lo único que no permitía era que le trajeran un chiste hecho por alguien porque él mismo los fabricaba...

Pienso que el mejor chiste de todos los que hizo era aquel de decir una media mentira con el sombrero puesto y una verdad a medias sin el sombrero. Una noche le escondieron el artefacto y allí mismo inventó la frase: "Con el sombrero... sin el sombrero". Pero no era lo mismo decirlo con la voz que hacerlo con las manos y del respetable público se lo volvieron a entregar, por cierto, una dama bellísima que subió al escenario y con el sombrero entre las manos se lo fue a devolver y Chaflán le dijo de inmediato: "Señora, Ud. lo que me trae es eso en bandeja de plata y es una lástima que desde aquí no le pueda ver bien el hueco para meter la cabeza".

Pero si El Guayabero le ponía música y sabor al chiste de doble sentido metiéndolo dentro del sonido de su guitarra, Chaflán lo decía tan noble, ingenuo y serio que la música se la ponía el propio auditorio. Dicen que incluso estuvo bromeando unos minutos antes de morir, pidiendo que no le cerraran los ojos hasta ver si habían llegado los huevos a la carnicería... Y a todos, repito, nos dejó no un chiste sino muchos, una ocurrencia como esa de decir las cosas serias y en broma. En otras ocasiones citaba a otro gran villareño (de Sagua la Grande, como Wifredo Lam) también humorista de los grandes (Enrique Núñez Rodríguez) de quien decía que nunca se quitaba el sombrero no porque era mentiroso, sino calvo y no lucía bien sin aquello en la cabeza. O mencionaba también la campaña publicitaria que el propio Núñez le hizo a un político auténtico de apellido Mier cuando aspiraba a representante a la Cámara y que consistía en una frase lapidaria y bromista: "Mier no promete, Mier dá" y le pedía permiso al autor para citarlo en su show esa noche.

En una ocasión sugirió con el sombrero puesto al auditorio: "Cuando alguno de ustedes quiera que lo tomen en serio díganlo con el sombrero puesto, que la gente no se lo va a creer y cuando quieran que la gente no le crea diga las cosas en broma sin cubrirse la cabeza que es cuando mejor a uno le creen". O aquella escena de pedir una pluma para escribir un número de teléfono encima de un papelito, se queda con el bolígrafo y luego dice: "Me quedo con él porque seguro habrá alguien que me va a dar otro número y ya no tengo que pedir de nuevo el favor". Y como nadie del público lo hace, el dueño del bolígrafo le dice: "Quédate con él para el próximo número" y así comienza de nuevo a pedir otro bolígrafo diferente...

A Chaflán le debemos pues habernos enseñado un comportamiento: andar diciendo cosas en broma o en serio para que la gente no pueda indentificar cuándo es una o cuando es otra. Es una filosofía común, un sentido de la vida que se puede llevar hasta la misma bodega de la esquina cuando se le pregunta al bodeguero: "¿Ya vinieron los cigarros?". Y el tipo responde: "No, los trajeron en unas cajas de cartón". O aquel que inquiere al carnicero mostrándole la libreta de abastecimientos: "¿Sabe Ud. si a mí me tocan los huevos?!"... A lo que el dependiente responde mirándole a los ojos: "Sólo si Ud. lo solicita por escrito, previamente, claro".

Aquí en el archipiélago la gente se levanta poniéndose o quitándose el sombrero mientras toma la palabra y dice cualquier cosa. Por la acera pasan los vendedores ambulantes con dulces de coco hechos con azúcar prieta y cuando muestran lo que traen dicen: "Coge tu mojón de negro aquí, vamo!!!". O cuando ven una pareja de perritos ensartados en plena calle comentan: "No se sabe si es ella la que no quiere soltar o es él el que quiere irse solo de paseo". O frente al cementerio hacen el mismo chiste: "Si los que están afuera no quieren entrar y los de adentro no pueden salir, ¿para qué le ponen cercas a los cementerios?"... O la pregunta tonta de siempre: "¿Sabe Ud. dónde entierran en Cuba los muertos de Cabeza?". Y como nadie responde, dicen: "En el pueblo de al lado, porque en Cabeza no hay cementerio". Esas respuestas son chaflanistas, son ocurrencias de aquél... como el cantinflismo del personaje del mexicano Mario Moreno.

Siempre nos pasa lo mismo: los mejores se conocen bien por todos cuando salen al exterior. Eso le ha pasado a Chaflán, ahora después de muerto que se ha ido a ese viaje la gente siente su ausencia. Un animador como Mario Aguirre se roba el show, otro como Doimeadiós también... Alguno como Churrisco, como Mariconchi, hacen un buen chiste, pero nadie como Chaflán por una sencilla y compleja verdad: el médico tiene el estetóscopo, el abogado la toga y el birrete, el odontólogo la maquinita para la caries, el chofer su gorra típica, el pelotero su bate, su guante o su pelota, el boxeador sus guantes, el escritor su pluma, pero nadie como Chaflán se ha subido a un escenario con un sombrero típico en la mano y nadie tampoco lo ha manejado con esa maestría propia de los grandes... Lo mejor que pudiéramos hacer es sentarnos en este sitio, el sitio en la loma de las colaboraciones a por lo menos lanzar un cuento o un chiste lindo a lo Chaflán, a su memoria... Y terminar aplaudiendo que es lo único que piden los grandes y los pequeños artistas cuando hacen algo que vale la pena. Ahí les va la convocatoria vamos a ver quién se embulla. ¿Sí?

Como no tengo muchos, ahí les escribo unos "es para guettis" con el sombrero puesto:

Una gran tela en la pared del cementerio de Colón:

- "De este centro, todos vamos el domingo al trabajo voluntario".

En el Hospital Psiquiátrico Nacional un enfermo se para en las rejas y le dice a un policía que pasa por Boyeros:

- "Policía: ¿son ustedes muchos allá dentro?".

En una alcantarilla, la rosa le dice a la caca:

- "Yo soy la flor de la boda"... y la caca le responde: "Y yo el cake".

3 comentarios:

Yoel Rivero Marín dijo...

Gracias por recordar a la gente que nos ha hecho reir siempre, quien te escribe es alguien que desde Cuba te descubrió buscando todo lo que se ha escrito en la red sobre este genial humorista, y tristemente todo parece indicar que eres una de las pocas personas que tiene la memoria viva. Muy pronto en mi blog www.saguaviva.blogspot.com tendré parte de una entrevista que le hice a Chaflan en 1990. espero que la visites y te sea de utilidad.

Anónimo dijo...

Gracias también te doy desde los EUA por esta receña sobre el gran Chaflan, soy villareño y amador del buen chiste y no hay duda de que no pisará jamás un escenario alguien con la virtud de este buen cubero.Leer tu artículo me trajo a la memoria mis años de niño y joven en los que se decia "hoy habla Chaflan por el canal 6" y toda la familia disfrutaba del programa. Gracias una vez más por traerme a la memoria al inigualable CHAFLAN.

Charlie dijo...

Chaflán dijo una vez...
"en mi pueblo hubo tanta sequía que las vacas daban leche en polvo y las truchas de 2 libras no sabían nadar"