jueves, 26 de junio de 2008

¿A qué correo me puedes escribir?

Ni se te ocurra poner mi nombre completo iniciándolo en mayúscula porque ese mensaje no llegará jamás, se perderá en el océano (el ano de océ...) irrescatable, hundido el mensaje en la plataforma submarina eterna que hay allí desde donde salen a superficie los monstruos y las sirenas, los peces ciegos y la lava de los volcanes...

No olvidar el signo de @ (arrobas) y ni intentar sustituirlo por el de quintales, kilogramos, libras o toneladas porque el mensaje se nos pierde en el infinito de las islas, esas agrupaciones que nos separan de los demás y nos sirven para encontrarnos, donde nace la nostalgia y la aventura, la dicha de nacer o de morir... una cárcel psíquica de donde no podremos jamás salir en libertad, amorosamente agradable, lúcida, lúbrica, lúdica, lunática, lunachársquica... Siempre poner @ para no olvidar el orígen del signo puesto allí por algún comerciante español que pesaba sus siembras con la mano de comprar y vender, una prueba irrefutable que el inventor es de nuestra familia y habla nuestro idioma, uno de los nuestros, un fardo pesado que llevamos encima como la gravitación universal sin que nos haga daño...

Debe tener un punto (.) también como tarjeta de identificación, como la cifra en un banco que separa la cantidad inicial de los centavos, algo así como 1.489545 esa cotización del euro frente al usd (dóllar), aquel precio de ese par de zapatos 34.99 cuc que nos dice de la rebaja que ha sufrido algo que costó 70.00. No se te ocurra vida mía cambiar el signo por una coma, poner por ejemplo merolico,com porque no llega, se traba, te lo rebotan como pelota de tenis de mesa, un rebote que no tiene respuesta, que activa el mensaje lineal: "Ud. ha cometido el grave error de poner esta dirección de correo electrónico con la coma (,) y eso no es posible, amigo mío y por tanto hemos decidido rebotarlo". Y Ud. insiste y nada, no pasa, se aplasta el mensaje como si fuera una enorme y pestilente caca de vaca abuela buena para embarrarle las alas a los gorriones que comen arroz sin permiso en el suelo prohibido...

Puede poner un guión pero tenga cuidado porque si pone debajo un guión que va encima tampoco le llega el mensaje y si lo pone encima y va en el medio tampoco. Debe saber exactamente dónde es que va puesto el guión, el guioncito, el dichoso guión cinematográfico del correo porque si no lo pone bien, le sale de nuevo el cartelito: "Ud. ha cometido..."

Recuerde cometer los más garrafales errores ortográficos como poner cámara sin acento, mi nombre usual Inés así como suena ines, porque el nombre no admite acentos, que nos sirven para diferenciar espectáculo de esa otra fea y repelente palabrota, un acento al que estamos acostumbrados cuando te escribo: "Amada mía: hoy se cumplen ciento cuatro días del nacimiento del murciélago Popeye, aquel que colgaba del techo del ático y que mirábamos cuando soñábamos despiertos...". Si Ud. pone el acento en el mamífero volante, el que nació tal día y que colgaba del techo de aquel maderámen amoroso, su mensaje no sale, se pierde, vuela como vampiro, flota como alfombra en los vericuetos de Mrs. Internet, se va del parque como las pelotas de béisbol, suda y no entra como las de fútbol y Ud. se queda con el cartelito del grave error cometido... Nada de acentos aunque le confundan el arma homicida con la paletica de hacer remolinos en la taza de café.

El nombre es importante... Así como cada persona se conoce por los zapatos que calza, también se le puede conocer por el nombre que le pone a su dirección de correo. Evidentemente que roma@ es aquel enamorado de alguien a quien no ha podido declarársele todavía. Como también tejas@ expresa su intención de recordar aquella esquina en que confluyen las calles Infanta, 10 de Octubre y Calzada del Cerro. Aquel que escribe: cocosolo@ o vive en ese barrio o tiene un coco solamente para beber saoco, un coco seco inexistente, ese coco rapado, ríspido, ralo, rolo, enrocado y no tiene otro remedio que ponerlo de nombre para al releerlo acordarse del barrio donde nació o de su mismo coco, ese que lleva clavado encima de la terminación de su columna vertebral y que sostiene sus dos orejas flácidas, los huesos de su closet humano en el que conserva dentro de su hipotálamo el almacén de sus recuerdos.

Si yo tuviera acceso pondría un nombre sencillo a mi dirección de correo electrónico como muestra de mi personalidad genuina... algo así como calabaza@ para gritar a todo viento de dónde provengo y cuánto no me pesan esas 25 libras que llevo encima... o mejor: calandraca@ para informar a todos mi predilección por el cuidado de peces de colores... mejor que mejor: mierdaemono@ para acordarme cada día de los viajes que hice al zoo de 26, ese lugar atractivo en que pernoctan dos ardillas saltarinas, duermen los cocodrilos inofensivamente, come pan el oso negro amaestrado, roncan los leones, vuelan los tomeguines y revolotean los vendedores de maní. ¡Oh, monos querubines, espulgando constantemente el lomo familiar! ¡Cuántos recuerdos me trae este nombre de correo!

Ilusiones, sueños y p m o (propósitos, metas y objetivos)... tenemos tiempo de escoger el nombrecito como si fuéramos a parir un muchacho. Un parto con dolor, pujante, sudoroso, sin fórceps, sin pitusín, un parto sin cesárea, parto de pecadores, algún día saldrá por ese manantial de la vida, un largo y respirante nombre de correo al que habrá que cortar cierta parte del cordón umbilical, mostrar asido por las dos extremidades inferiores como criatura al aire, darle nalgadas si no ha sido capaz de abrir el relay del pulmón para que llore y respire y con el mismo grito de victoria de los indios alfareros y fumadores ancestros anunciar a todos:

Tengo el placer de decirles que ha nacido culitocagao@computer.com y ahí me pueden escribir desde ahora para que lean un blog que he titulado con vuestro permiso: "Batiendo la berenjena", el fruto de esa hortaliza que sirve para todas las patologías que todavía padecemos como ese síndrome de no tener acceso, ni conexión, ni servidor, ni panelito, ni teclado, ni cuenta, ni monitor en casa y que posee una sola ventaja a saber: es la zona de silencio más tranquila que tenemos, un espacio que no nos molesta, una ignorancia que no nos ocupa, una felicidad que no conocemos, una tarea que no realizamos, un trabajo que no nos agota porque no lo usamos, en fin, un vahído que no nos marea y un invento que no nos sorprende, algo que arrastramos como cadena de promesa en Día de San Lázaro y que cuando tengamos se nos irá escapando como agua en la palma de la mano, timbre de teléfono, sal en la ventisca, remolino de río y hoja de laurel anunciando que habrá algo nuevo que extrañaremos que no podamos tocar y que aunque no lo ambicionemos nos hará falta como aquel aguacero que sirve para limpiar el polvo acumulado de las calles.

No obstante no tener tu que me lees sígueme escribiendo, mándame una tarjeta algún día, junta ramitas secas y hazme un túmulo de fuego para que me envíes alguna señal de humo, pon encima de la mesa un pliego de blanco papel y como en el Siglo XIX escríbeme una de aquellas cartas de enamorados por entregas, échala en el buzón que ella llega tenga o no tenga aquí eso que nombran "imeil" un nombre apropiado para decir en el buen idioma peninsular correo electrónico. Yo haré mi crónica para mi blog, la tendré guardada en el cofre del cuarto y cualquier día me pondré una mano en el oído como los cantantes de la vieja trova y te lo enviaré en clave para que nadie lo pueda ni rastrear ni leer, esa es la regla: seguir y seguir echando piedras sin mirar atrás, criando mariposas y ranitas enanas y haciendo estos batidos de berenjenas que sirven para cualquier cosa.

2 comentarios:

Yo Ana dijo...

Aguaya, otra vez tu genial papá me arranca una sonrisa con sus ocurrencias. Besitos de domingo asturiano con sabor lawtense para el, que le harás llegar pese a la falta de "imeil" (curioso como aunque casi nadie lo tiene casi todos lo utilizan y lo nombran).

lully desnuda dijo...

Das unas pautas que olvidan muchos, mira por ejemplo el caso de mayúsculas que citas en un comienzo, es muy recurrente.

Un abrazo!