martes, 4 de diciembre de 2007

Dos capitalinos

También hay que ser justos tenemos aquí ante nosotros a Mariano Rodríguez y René Portocarrero, dos habaneros que nacieron y murieron en la capital de todos los cubanos y que si fueron alguna vez al interior del país lo hicieron o pensando no quedarse o regresar pensando en los demás... sobre todo Mariano en Lam y René en Amelia...y en otros más.

En Mariano lo mismo dá mirar un gallo que un acertijo, de alguna manera las aves están dentro de sus figuras enigmas mientras que en René no hay paisajes válidos sin catedrales, casas, azoteas, calles y figuras como floras y cabezas de mujer. Mariano impacta con su estilo a René porque los dos están puestos de manera tal que se están mirando sin tocarse, mientras los villaclareños se encuentran en la cueva de al lado, bajo la luz directa de las bombillas de alumbrar para que todos miremos y luego sepamos que tanto unos como otros son de la misma urdimbre: cubanos multicolores que están asociados espontáneamente por algo increíble como aquel "misterio que nos acompaña"...

Es una lástima que no sepamos apreciar cuánto de valía hay en esas obras que pueden competir donde quiera que se las lleve, pensando siempre en que las hay mejores pero no más auténticas... Lo cubano en uno y otro se mueve ritmicamente, se pasea y regodea como si estuviera bailando un son o un danzón que es lo mismo pero no igual. Un Portocarrero es un puerto de carruajes mientras un Mariano un virtuoso que no se deja atrapar como el agua de río en la palma de las manos.

Si yo tuviera el privilegio de escoger con cuál me quedaría para mis buenos recuerdos me sería imposible, porque si me subo a las azoteas de René Portocarrero sin un gallo portentoso en la mano como los haitianos no sería nadie. Y si me escondiera en los laberintos insospechados de los trazos de Mariano sin el color de aquellas catedrales porto carretianas tampoco. De la mano cuando quiero un arte verdadero llevo a Mariano de la misma manera que un Lam siendo sin embargo uno un guajiro mulato y el otro un citadino con cara de campesino buenagente. Una pelea de gallos a la sombra de una palma sería un tema propicio para un Hurón Azul o una naturaleza muerta a lo Peláez y todos, danzando a coro atrapados de la mano, en este ajiaco bello de colores y dibujos, claman por un ballet que los interprete, una música sublime que los refleje y una crónica que los recuerde y de eso bueno tenemos también.

Al Museo de Arte Cubano que está al alcance de cualquiera de nosotros hoy en día no van oleadas de coterráneos a ver aquellas obras, sino curiosos extranjeros que ni saben quiénes fueron los autores ni les gusta el arte, la cultura o la estética... Entran allí paqueteados, sin saber siquiera dónde está ubicado Güiro del Moñingal o Rincón o la sabana de Las Villas antigua. Vienen en grupos mirando sin ver, pasan raudos por encima de los ojos pintados, de las manos deformes, de los trazos, de las paletadas sobre cartulina sin saber cuánto dolor se queda allí concentrado, cuánto trabajo pretérito existe en este archipiélago que es objeto no ya de museo sino zoológico para estudiarnos a ver cómo nos comportamos... El péndulo o mejor decir "la espada" sigue encima de nosotros, probablemente porque vienen de París, Londres, New York, Berlín y no se han percatado de que los mejores ostiones son de la Isabela de Sagua o Caibarién, que las mejores muestras de aguacates se dan sencillamente encima del abono animal de Calabazar de Sagua o Encrucijada... En eso Mariano y René se dan también la mano: la soberanía no es un concepto en general, la risa ideológica y artística es una parada que dice: nosotros también somos alguien, los de esta parte del mundo también existimos.

Así que villareños y habaneros están fumando los mismos habanos, comiendo el mismo plátano verde a puñetazos, la misma sazón de grasas y olores, que nos convida a acompañarlos en esta geografía larga, estrecha, tipo cocodrilo que esconde sus cayos y plataformas insulares de manera curiosa: nadie se ha propuesto llenar paredes con medusas o sirenas y de esas muestras tenemos muchas... El mar parece que no nos atrae demasiado, apenas sabemos nadar, tenemos miedo al frío de 18 grados celsius en invierno de noche y en tales circunstancias pintamos raptos, gallos, sexos femeninos, ojos de luciérnagas, cabezas de gentes y mucho color de exteriores para mirarlos nosotros mismos.

Esas locuras no son propias de villareños sino de habaneros y más después de cubanos en general, en ese primer plano que nos impacta, porque a la larga nadamos en un mar caribeño y solitario, somos puente para seguir, miramos hacia arriba (abajo?) y estamos aquí sin la conciencia de cuándo vamos a desaparecer. Algún día los que nos visiten vendrán más a buscar estas formas del arte protegidas dentro de las colecciones de nuestros museos que aquellas vanalidades que corren por las calles, siempre una obra de un pintor cubano valdrá más que una botella añejada de ron o una caja de puros y caros habanos torcidos. Pero la vida es así: nadie puede fumarse una obra de arte ni alimentar de grasa al alma...

Así que estamos en presencia de dos habaneros hermosos, de esos que nos echan con el rayo del cariño cuando nos miran de cerca. Habaneros de pura cepa como un tal Picasso Izquierdo Melenudo, Doctora Trenza Enredá que con Máster Ochenta Motorcito y Bella Despierta Somatón y la anciana Licenciada Arrugas Cariñosas forman nuestra gran tropa de capitalinos, esa que no será famosa por haber hecho otra cosa que formar una familia que no tuvieron la dicha de escoger cuando nacieron, que tienen dos parientes que ni siquiera nacieron en este trozo de tierra y que si los ven por ahí van a decir que son metecos (extranjeros), turistas intrusos o algo por el estilo y que nos ponen en vilo cuando los agarra un catarro cualquiera... Así es la vida también... pidiendo que manden las fotos, los videítos, un olorcito a pata de caminar dentro de un sobre cerrado o una latica con un bichito para ver cómo camina... Juá!

2 comentarios:

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

oye que color mas bonito el de tu blog.
Bueno, pues me cuadran esos homenajes necesarios a nuestros pintores. Naci en M y 21, al mismo frente de la casa de René Portocarrero.

Gracias por estar ahí y un saludo desde Miami de todos nosotros.

p.s.¿como te lleva el frío? el word verification que me pusieron dice así: pintyw ;)

Aguaya Berlin dijo...

Bueno... el frrrrío... ahí. A ese no me acostumbrrrrrrro todavía..........
En la casa tengo un poster de "El rapto de las mulatas", de Carlos Enriquez pero nada de Portocarrero... Tengo que ver si me hago de uno de él pues me gustan sus obras.
Saludos desde Berlín!