lunes, 24 de diciembre de 2007

Esas fechas...

Alguien ha dicho que las matemáticas sirven para algo siempre... Será o no verdad, pero lo cierto es que si queremos detener el flujo del tiempo, el espacio y el mismo movimiento (cambio) lo mejor para ello es cuantificarlo. Aunque los números son infinitos, son finitos si decimos por ejemplo que nos hemos comido un (1) mango eso quiere decir que hemos detenido la acción de comer (una acción) una cosa (un mango, una fruta) en un instante, en un lugar, alguna vez.

Estoy elucubrando estas ideas por la sencilla razón de que estamos llegando al final (un final) de un año (2007) que pudiera haber sido el año de la nana (iraní) o del mono (chino), de otro animal u oración (según el Talmud) u otro diferente para los mayas, incas, aztecas, en fin, musulmanes o budistas, creyentes en Ra o católicos, diferentes años, meses, días. La misma famosa Revolución de Octubre en la Rusia de los Zares celebra su comienzo nada menos que el 7 de Noviembre por arte del cambio del calendario... Miren qué cosa!

Tampoco está claro por qué hemos detenido el año en 365 días, un año normal mientras que el bisiesto tiene 366 y cada cuatro años (según me han dicho) el mes de Febrero debe tener 29 días. El pobre mesito, febrerito es el que menos días tiene siempre (28) y aún en años bisiestos tiene uno más como hemos dicho (29). Debíamos encabezar un movimiento globalizante para ponernos de acuerdo y ponerle a Enero 30 días, Febrero 31, Marzo 30, Abril 31, Mayo 30 y Junio 31, Julio 30 y Agosto 30, Septiembre 1 y Octubre 30, Noviembre 31 y Diciembre 30 para que la cuenta nos dé un total general de los mismos 365 días en años normales y así tener cambiaditos todos los días que corresponden a cada mes del año y que ningún mes estuviera discriminado ni resentido, sobre todo Febrero que es como si fuera el último de los hijos de un año. Y el próximo año comenzar la cuenta poniéndole a Enero sus actuales 31 días y cambiando los números de días a los meses sucesivos... Eliminar los bisiestos, porque imaginen un crío que haya nacido un 29 de Febrero actual, cumpliría años cada cuatro y sería jovencito jovencito cuando cumpliera 80 años entre 4 igual a 20... Un viejito desdentado y cagalitrocito con 20 años legalmente establecidos... Juá!

No estoy escribiendo toda esta catilinaria matemática por gusto, no señor. Estoy diciendo esto (con perdón claro de mi hija, Doctora en algo de eso) porque dentro de poco me estarán celebrando mis 65 años de vida y existen personas aferradas a ciertas tradiciones y festejos que hasta me quieren hacer una piñata, una redonda y colgante piñata gigantes rellena de caramelos y bombones, confetis y serpentinas, pitos y matracas, con hilitos colgantes para halar, antifaces para poner, cucuruchos para usar de sombreros y un coro de presentes dispuestos a cortar una torta (cake, queisito, panetela), tomar refrescos y untarse algún dedo de merengue para chupar, cafecito caliente para sorber y hasta bailecitos para bailar y aquella canción que se sabe todo el mundo para desear una felicidades piñatosas y acarameladas para una fecha que es un nanosegundo nada más, una duración temporal de un día en un raro año que, si hacemos los cambios que los propios meses nos están pidiendo hace miles de años, pudiera terminarse dentro de poco no el 31 de Diciembre sino el 30 y comenzar el próximo no el mismísimo día 1ro de Enero sino un (1) día más tarde o dos (2) que no es más que uno (1) más uno (1)...

Yo lo que estoy planteando queridos compañeritos y compañeritas es algo más sencillo que la raíz cuadrada de menos uno... es poder tener la libertad de hacer cambios globales para las festividades y el cálculo de los días (la vuelta que dicen que dá la tierra alrededor de sí misma) o del año (alrededor del sol), cálculos que según dicen se han hecho sin tener en cuenta lo que opinan los mismos meses que son al final los que deciden cuántos días debieran tener y eso es sencillamente dictatorial y no democrático... haber puesto la cantidad de días en un mes sin pedirle opinión al mismo mes. Vaya, no, si yo te digo!. Debíamos invertir hasta los nombres o ponerles a los meses nombres diferentes cada año, nombres de frutas, viandas, vegetales, animales, personas, cosas, accidentes geográficos, digamos el mes del burro, de la jicotea, del boniato, de Manolo... estoy ejemplificando.

Con estos cambios cada aniversario habría que cambiarlo, como hemos cambiado los nombres de las calles por ejemplo Belascoaín que antes se llamaba Padre Varela, Carlos III que ahora se llama Salvador Allende y la montañita de números de las calles del Vedado, de Miramar digamos, de Marianao, La Lisa... Debíamos ponerle en vez de números a las calles de La Lisa números de pájaros (Calle Sinsonte Número tal... Calle Colibrí número mas cual... Calle de la Tojosa número tal para cual...) y a las calles de Miramar, nombres de animalitos como pudieran ser: Calle Tortuga número másmenoscual, Calle Perra Salchicha número cuál... Calle Tiburón número recuál... Se verían más apetitosas las calles del Vedado si le pusiéramos nombres de vegetales: Calle de la Acelga tal, de la Berenjena también tal... Calle del Mamey retambién... Yo vivo digamos en un barrio rodeado de calles de Santos, patriotas y políticos famosos... Calle Estrada Palma (todo el mundo conoce que fue el primer Presidente desde 1902...) entre Cortina (un polìtico) y Luis Estévez (un patriota)... en el barrio de Santos Suárez, cerca de la calle Santa Catalina. Por qué no pensar que pudiera vivir en: Calle de la Acelga No. 324 entre Guayaba y Caimito? Una dirección de lo más rica.

Pero a lo que iba: eso de haber nacido un día tal, del mes tal, del año tal es bastante complicado. Yo hubiera querido nacer hoy mismo, en el mismo instante en que esto escribo, viendo a mi nieta abrazar a su madre recostada a una butaca mientras se enciende el arbolito de navidades, que tiene en su base unas cajitas para regalos, teniendo de fondo aquel famoso cuadro de Carlos Enríquez "El Rapto de las Mulatas", abrigadas por el invierno, apurruñándose una contra la otra, mirando a la cámara, qué envidia Dios Santo, quisiera estar allí, abrazado a mi hija y a mi nieta, sonriendo a mi yerno que sostiene la cámara indiscreta y haciendo cabriolas para no pisar a su hijo que está en el suelo esperando que le metan un pomo de leche entre su boca sin dientes de boliche nacido, rojo de ojos azules, casi calvo y sin un átomo de conciencia social todavía, mirando y jadeando para cuando vé el pomo acercarse comenzar a patalear como si estuviera haciendo ejercicios de aprender a montar en bicicleta... Qué envidia, Señor, me derrite la envidia y perdonen nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores...

Para qué esperar a ese 1ro de Enero del 2008 a que vengan con la piñata rellena, comiencen a colgarla del ventilador de la sala, desplieguen el hilo colgante para que podamos halar con todas las fuerzas, se abra la compuerta que le sirve de piso al feliz globo de cartón, exploten un preservativo que nos servirá de globo de verdad y aparezca alguien con un enorme cuchillo filoso para que este humilde homenajeado corte la torta (qué poco me gusta esta palabrita Jesucristo bendito...), el cake, el queisito y mientras encienden 65 velitas bonitas y parejitas o pongan un 65 encima con una sola y poderosa vela traída del Rincón o de los santeros de Cuatro Caminos, me canten la única canción que todo el mundo se sabe de memoria, me aplaudan y comiencen a besarme, a besuquearme, a embarrarme de merengue mi bigote chorreado y me dé cuenta inmediatamente que Paula no me va a abrazar ese día, que "Boliche" mi nieto Diego tampoco, que mi hija está a esa hora diferente haciendo otra cosa diferente en otro lugar diferente y lejano y que su esposo, ese inefable personaje que ya no friega nada y que sigue pintando Rockfellers de dos dedos de frente no me puede mojar con su cabellera mojada porque aunque lo intente está demasiado lejos para mojarme con una solita gota de su cabello, no señores de la sala, es mejor que esperen a que esté la mayoría de la gente reunida, que al menos pueda tenerlos cerquita y entonces cualquier día de cualquier año me sorprendan con la explosión de un globo rojo gigante y cuando más entretenido esté me caigan a besos o a chorrazos de agua y entonces yo me voy a sentir el más absolutamente feliz de todos los mortales...

Pero esta tortura de estar 364 días de un año normal esperando el próximo cumpleaños nos desequilibra la columna vertebral, nos aumenta el colesterol malo, el conocidísimo estrés, nos ablanda el líquido sinovial, nos apretuja el píloro y nos desordena como dice Carilda Oliver... Yo propongo queridos compañeritos y compañeritas cambiarlo todo radicalmente, revolucionarlo todo, incluso todas las demás festividades y comenzar desde ahora mismo a comer desaforadamente el queisito no vaya a ser que ese ladrón que la ley deja impune al que se refería Napoleón Bonaparte (el tiempo) nos pase la cuenta y no nos dé ni un chancecito, nos haga que el cloche resbale antes de la fecha tal, que se nos enrede la pita antes de poner la carnada, que nos vayamos a empinar papalotes a casa del carajo en el más allá y eso sí que no, no podemos permitir que un horario cualquiera nos imponga la regla, ahora mismo vayamos compañeros a sacar la velita, prenderla en la cocina y sentados los que estemos aquí cortemos una cuña de hermoso tamaño coronada con el merengue blanco por encima y sin que nadie diga a la 1, a las 2 y a las 3, cantemos las felicidades y metamos mano, nos embarremos y luego a dormir se ha dicho... Y másná...

Dejen ese hermoso cuento del día de la piñata para los enanitos de verdad, con lo de Papá Noel, Santa Claus, el Rey Mago o San Juan de los Palostres que ese cuento hace falta, sí señor, pero a los viejos déjenlos tranquilos con sus intentos de cambiar los calendarios, no vaya a ser que los cambien de verdad y entonces se va a formar un alboroto más grande que el nacimiento de un dinosaurio...Juá!!!