jueves, 10 de enero de 2008

El mozo del vistuosismo

(Esto es del 26 de Mayo del 2007)

Ciudad Real cuenta con un programa de actividades llamado "Espacio para la Cultura" de la Caja Madrid para Mayo 2007, que aparece como "Mañana Lecturas" (centroeuropeas)... Este se desarrolla en un Centro Cultural ubicado en Calatrava 7-9 y al que se puede acceder por el cultura@gecesa.es. Nada más sencillo, porque hace siglos habría que esperar un buen equipo de caballería, un autor decidido, un trío de juglares, un Rey, algunos vasallos, un yelmo, un buen equino, un ayudante, una adarga, algunos molinos de viento y unos campos abiertos que permitieran vencer al enemigo y luego escuchar música de la buena, sin ruidos, en un ambiente en el que se puede identificar el zumbar de una mosca...

Así nos sucedió esta semana cuando se presentó el joven Hugo Alcázar Rodríguez, nacido en l989, en Cuenca y que comenzó a estudiar piano a los nueve años de edad, compartiendo su tiempo con los juegos propios, los ejercicios infantiles, las perretas, el primer amor frustrado y lo que es más importante: un ejercitar continuo de los 20 dedos de su cuerpo que le permitieran algún día emprenderla a dedazos contra las teclas de un piano y a golpes de pedal contra las dos manillas inferiores de éste...

Sin una preparación tal no hubiera logrado jamás ejecuciones brillantes como las de anoche, ni aprendido nada de su maestro, ni asistido a los diversos cursos de piano con una gama de profesores de primera línea, ni obtenido los premios que posee en oposición, frente a jurados de alto nivel y gusto estético y ante un público cada vez más exigente que no se contenta con ver el malabarismo de sus manos y piernas, sino que reclama calidad, finura, ejecución perfecta, cultura general integral y una modestia de soberanos, porque Alcázar tiene de todo esto y mucho más y sobre todo un valor inestimable: 18 años de edad.

Quien lo hubiera visto antes de la presentación hubiera imaginado que se trataba de uno de esos mozos que se nos acercan con una carta en la mano a solicitarnos un pedido, un joven que por su estatura hubiera pasado como algún portero de fútbol, un estudiante de un nivel medio, un chico enamorado de alguna compañera de clases, un personaje cualquiera. Pero Hugo Alcázar Rodríguez es todo un virtuoso del piano, el Mozart local, el genio en ciernes que si sigue por donde va (y creemos que tiene condiciones para ello) va a llegar tan lejos como se lo proponga. Ya le queda estrecha la camisa de haber competido o participado en diversas localidades de España y parece que tiene ánimo en los brazos para seguir volando hacia otras parte de Europa y viajar tocando como si la furia de sus dedos quisieran con amor domar el complejo universo de la música...

Hugo nos interpretó el Preludio y Fuga en La Menor de J.S. Bach, una Sonata de W.A. Mozart, un Andante spianato y Gran Polonesa Brillante Opus 22 de F. Chopin, Sonatina de Ravel y los Requiebros de Goyescas de E. Granados. Fue una andanada de notas que estaban aprisionadas en el piano y que él sacó con sus manos con su propia cabeza sin ver papel escrito alguno, que fueron capaces de introducirse en cada uno de los que tuvimos el privilegio de escucharlo y que merecieron no solo los aplausos que le otorgamos sino las expresiones vocales para que nos siguiera deleitando más como lo hizo.

El chico tiene futuro... Tiene un presente enérgico, preciso, vital, que le arranca a la partitura lo que ella tiene de tiempo y de amor y tiene la virtud de darlo con premura para que no se nos olvide y recordemos siempre que en esta tierra santa, hay un virtuoso escondido, que no debe dejar que se malogre y que hace su oficio como un caballero andante, brioso corcel, escudero preciso y caballero, porque Rodríguez parece un pétalo de rosa cuando saluda al público que lo escucha y está dispuesto a servir a quien lo pida. ! Bravo por él !