sábado, 12 de enero de 2008

Petróleo, dinero y amor...

Parece que el amor nos sigue persiguiendo... y el odio se bate en retirada. Una lucha tenaz contra el olvido (porque según algunos ese el amor fue el primer sentimiento verdadero que perdió la humanidad) y contra el rencor en la que sale vencedor el sentimiento perdido y se pierde en el polvo de la nada ese otro que ni su nombre quiero repetir. El odio derrite, el amor no acaba. La furia nunca es sublime, pero el amor sí. La violencia es instintiva, el amor no. "La miseria pasa, la deshonra no" escribió Martí... El dinero es todo lo contrario del cariño ya que como hemos visto no podemos saber cuántos kilogramos de besos puedo comprar (besos verdaderos, claro) con un pcc (pesos cubanos convertibles= cuc, qué cosa es CUC?... Yo no sé!)... o con un pc (pesos cubanos) o con un usd (fulitas, digamos) o con un euro (oiro, no me gusta mucho esa palabrita...), no podemos señor, no podemos.

No sabemos cuántos besos de niño o de niña se pueden comprar, porque los besos no tienen precio. Y no sabemos bien tampoco por qué los pesos convertibles están en la calle a 23, en CADECA a 24 (tengo que recordar que CADECA son las siglas de Casas de Cambio) y a 25 pesos cubanos (pc) si Ud. los quiere comprar... Hoy el euro estaba a 1,3227 pcc en los bancos de aquí pero esa conversión no es la misma de la que hay en Berlín, París, Londres, New York, Tokio o Madrid... porque estamos hablando de una conversión diferente: convertimos el euro en pcc y éste en usd... y en esos lejanos parajes yo no sé lo que se hace. Qué lío, madre mía!!! Ellos con una bolsa de valores y nosotros con una bolsa grandísima de problemas... Já!

Digamos que yo tengo 2 usd de señuelo, de imán, en mi cajita de Tomás Moro... Pues tengo nada menos que 1,60 pcc o lo que es lo mismo 38,4 pesos cubanos de esos mismos con los que Ud. puede comprar una libra de carne de puerco (cerdo, macho) en el agromercado (de pesos cubanos)... Así que no sabemos ciencia cierta a cómo está ahora el petróleo, el euro, el usd pero sí sabemos que un mazo de zanahorias nos cuesta 6 pc, que uno de cebollas 10 pc, que un paquete de palitroques 5 pc, turrones a 10 pc y malanga 3 libras 7,40 pc... Mis dos usd convertidos en zanacebopaliturromala, algo que debemos tener en cuenta. Qué rica está esa ensalada!... Estamos hablando de dinero, porque el cariño con que te venden las cosas esas muchachitas del agro tampoco tiene precio...

Con el petróleo pasa algo parecido a la trifulca entre el amor y sus contrarios enemigos irreconciliables, el líquido negro se ha convertido en un saltador de alturas a lo Sotomayor (El Príncipe de las Alturas) sobrepasando ya la varilla por encima en ocasiones de los cien (100) usd. Tenemos en cuenta que el usd ha ido en picada por lo que no es lo mismo un (1) usd de 1870 que uno actual. Yo tengo uno de esos, de plata que quisiera vender a ver cuánto me dan por él. Una onza de oro vale hoy un poquito más que ayer y si es de la escafandra de algún faraón (el niño Tutankkamón) mucho más porque vale no solo lo que pesa sino lo que representa. Tengo un amigo del alma que vale lo que pesa en oro... decían los viejos de antes. Yo tengo detrás de mi casa un lugar de sorpresas con una inscripción que reza: oro parece plata no es. Si me visitan algún día les prometo brindarles una de ellas, porque hablando en serio esos plátanos del fondo sí que no tienen precio.

El petróleo sube, ese dinero que le pone precio baja y nuestra cuota en el bolsillo (dinero de bolsillo) ni sube ni baja, se queda ahí como sinsonte pichón con la boca abierta. Nuestro dinerito de bolsillo como se sabe no alcanza y esto no lo digo yo sino que lo dice mi amiga Nancy Almanza. Ella es jubilada también pero no tiene coche y tener coche como tengo yo, un coche democrático de 30 años de uso es en nuestro medio ambiental no solo un privilegio sino también una proeza. Cuánto vale mi coche para un amigo sincero de donde crece la palma, que necesita ir al médico a una consulta mínima, a que le digan que tiene que hacerse análisis de caca dos o tres veces en la semana? Pues nada, porque esa carrera no vale nada (digo, teniendo en cuenta el valor de cambio que se expresa en el precio, no su valor de uso, que sí lo tiene), mi amigo no tiene que meterse la mano en el bolsillo para pagarme nada porque cuando necesito que me preste una goma (un caucho se dice en otros lugares) para ir a la playa tampoco él me cobra nada. Y ese intercambio de nadas no entra en ninguna cajita contadora...

Digo lo del petróleo y lo del dinero porque hoy fui a Oro Negro (un nombre que tienen algunas gasolineras de este gran berenjenal al que pertenecen ellas) a echar gasolina regular (hay también especial, super especial, de motor y eso se sabe por los octanos que contiene y por el precio) y el amigo que maneja la manguera se equivocó de pista y en vez de gasolina me metió en el tanque nada menos que 5 litros de petróleo, sí señores, eso mismo que está indicado para mover los coches de petróleo, los carros petroleros, los ómnibus que se mueven con oro negro, los camiones, trenes, tractores, motoniveladoras y algún que otro transporte de ciudad que trabajan con inyectores, diesel, taotaotao... el tipo creyó que mi Lada era petrolero, del oriente medio y no un ingenio fabricado por los rusos blancos (válgame Dios, si me oyen los bolcheviques me van a matar!), mejor decir por los exsoviéticos, por los hoy rusos, que por otra parte son de tez blanca. Permítanme queridos compañeritos y compañeritas hacer estas aclaraciones necesarias para que no se me confunda con Denikin o Kolchak, con los Emperadores rusos, con Pedro el Grande, con Iván el Terrible, yo prefiero que me identifiquen con Elpidio Valdés,
vaya. Que es algo similar a decir, vale... un vale sin precio también.

El tipo incluso me ayudó a empujar mi carro ancianito (ya mi coche tiene nada menos que 30 años cumplidos y todavía camina...) al que la batería no le funcionaba bien, estuvimos hablando de pelota (nuestro pasatiempo nacional), comentamos algo sobre el tiempo, la oscuridad de las tardes, las brisas del norte revuelto en el malecón, la carestía de la vida, los bajos salarios, los problemas del transporte, de la vivienda, de los abastecimientos, de la libreta que existe para la bodega y la carnicería, de la calidad del pan (llamado por algunos antipán), de las mujeres que venden sus caricias a turistas supuestamente ingenuos y con recursos, de la cosecha de lesbianas que se reúnen en 23 y G, de la familia, de la propiedad privada y del estado, hablamos de los orishas, de los ateos... mientras la cola caminaba, caminaba como caimán sin barbas, lentamente como elefante gris, como libélula coja, como huracán de petróleo sobre un mar tranquilo...

Hablamos de la calidad de los dulces, de las multas en las tiendas de divisas (una multa es cobrarle de más al cliente, por lo tanto multarlo), en fin estuvimos charlando acerca de la universalización de la enseñanza universitaria, de las elecciones, la guerra en Irak, el chocolatín, el bacheo de calles, la pintura de cercas, lo caro de los materiales para la construcción, las movilizaciones, los ciclones, los empujones, los novelones de tv, la fuga de cerebros, el lavado de ropa, el lavado de autos, el lavado de cerebros... Estuvimos lavándonos el cerebrito con detergente OMO el más caro a la venta en tiendas CUBALSE (debían cambiarle el nombre a estas tiendas, porque originalmente era Cuba al servicio del exterior CUBALSE, pero ahora cualquiera que tenga un pcc puede entrar a comprar en las tiendas TRD, Tiendas Recuperadoras de Divisas), un cerebro lavado no es un usd lavado, no es un tren de lavado, es un tren lavado, exprimido y planchado, tendido y vuelto al revés... no es un dinero lavado, entiéndanme bien.

Y mientras el tiempo transcurría él, con su manguera en mano (todo cubano cada cierto tiempo tiene en sus manos alguna manguera) me estaba suministrando los 5 poderosos litros de petróleo al tanque de un coche ruso del año 1978 que no camina con diesel sino con gasolina, un derivado que no es lo que me estaba echando... Lo hizo con una conciencia rara, sin dolor, sin malos propósitos, no para hacerme daño, sin ánimos de echarme a perder la tarde y parte de la noche, sino con una aplastante ineficiencia increíblemente ingenua, púber, inocente... una ineficiencia candorosa, estúpidamente incoherente, virginal, como Longina Seductora cual flor primaveral, una ineficiencia como la de un inca de La Paz, un incapaz... una ineficiencia empresarial, horizontal, vertical, departamental, cuadrada, chata, dermatológica... epidérmica.

Yo no soy racista, nunca lo fuí y nunca lo seré y es más yo digo aquí en público que rindo honor a todos los pueblos africanos porque le debemos el reconocimiento de haber sido allí donde se inició el género humano y mayoritariamente aquellos pueblos de los que descendemos nosotros los antillanos, ante todo los cubanos que estamos mezclados con africanos, españoles (que fueron casi nueve siglos dominados por los moros africanos), chinos, árabes no africanos, ingleses (La Habana estuvo un tiempo ocupada por los ingleses y nuestras mujeres cubanas también), norteamericanos, canadienses, japoneses (habitaban estas tres últimas tribus en la Isla de Pinos hoy Isla de la Juventud), franceses (yo por ejemplo desciendo de franceses, de un pintor famosísimo que me dejó una herencia que no he podido cobrar nunca por lo voluminoso de su peso... y de su precio vamos joder esa es otra historia aparte, claro), en fin, italianos, argentinos, mexicanos, y de cientos de lugares del mundo, lo que hace que tengamos de todo y nada en la dichosa sangre cubana que llevamos a cuesta y lo repito no es que yo sea racista pero el que me echó diesel en el tanque de gasolina era renegro como el chapapote, un negro virulentamente negro, como la noche sin estrellas, negro como la pizarra donde me enseñaron a leer y a escribir, negro como pasa negra, como pelo de chino (no hay chino con el pelo rizado, no hay chino con el pelo amarillo ni con los párpados de negro), negro como caimito, como sexo de negra, negro como la pintura negra, como aquellos ojazos negros que vinieron bajando de la Sierra Morena, era negro retinto como el café que me tomo cada mañana, negro como su mismísima madre y su mismísimo tatarabuelo y le dije a toda voz cojones me echaste 5 litros de diesel en el tanque de un Lada negroemierda coño y me dijo sacando su dentadura blanca fuera de su bemba de negro, con una placidez y candidez propia de los buenos negros, de los dueños de cabras, de los cazadores de elefantes, de los negros del paño subsahariano, de los negrísimos y bellos negros africanos, me dijo entonces: Me equivoqué de manguera.

Me dieron ganas de matarlo, de estrangularlo con su propia manguera, de decirle antes de morir, te mato cabrón porque no he visto nunca antes un vendedor de petróleo tan parecido al oro negro como tú, recoño de negro, moro chapapotero, pero me eché a reir, al ver la cara de angustia que puso aquel negro, al imaginarme que doscientos años antes yo un supuestamente blanco descendiente de franceses lo hubiera mandado al cepo, lo hubiera ensangrentado a latigazos, lo hubiera linchado, apaleado, esquilmado, lo hubiera ultrajado, vejado, golpeado, pinchado, colgado, lo hubiera hecho un muertecito negro dentro de un ataúd negro y lo hubiera expuesto cabeza cortada en la plaza pública diciendo a toda voz: y esta mierda de cabeza negra sonriente que ustedes ven aquí ha sido cortada porque me derramó un café renegro encima de mi camisa blanca. Y la gente hasta se hubiera reído como yo ahora, al ver aquella cara negra como parte oscura de la luna sacar a pasear su dentadura blanca como masa de coco y decir sorprendido que se había equivocado...

Yo que soy por fuera blanco pero negro por dentro, porque estoy también mezclado como el caféconchí, con chícharos, yo que no soy blanco puro, como los arios que se dicen muy putos digo puros y no son sino una mezcla de negros africanos y blancos a su vez mezclados descendientes de afriasiáticos, yo que tengo mi guaguancó negro y mi son entero negro por dentro con mi pene flácido y pequeño de blanco europoide, yo le dije a toda voz que le doy gracias a Dios que soy negro por dentro porque pensé por un minuto que aquel negro que tenía parado frente a mi tez blanca merecía estar colgado de una guásima con los ojos mirando el lado oscuro de la luna y que el cambalache del diesel había sido no otra cosa que otra de las comemierdadas del cubaneo por ponernos a comentar boberías sociales como dos comemierdas mientras nos despreocupábamos del contenido de la manguera...

Y le dije además que petróleo negro y dinero blanco o verde o azúl o amarillo debían bajar la cuesta y hacer la ceremonia frente al amor, ponerse incondicionalmente a su servicio. Decir un día que el oro negro ya no vale nada, antes de que se agoten las reservas probadas y probables, venir la moneda a la par para ser puesta en la vitrina de las antigüedades como quería alguien del Siglo XIX, junto al estado, la rueca y el hacha de bronce, como diría este propio negro echador de diesel en tanque de gasolina: hace farta un amol veldadero, como el que me tiene mi mujel... y decir la moneda: ya no valgo nada. Ya estoy lista para lucir mis propiedades en los museos numismáticos territoriales y mundiales, globalizadamente infernales...

Se nos está acabando el oro negro y sus derivados, se nos está devaluando y extinguiendo el dinerito que tenemos y el que tendremos en nuestros bolsillitos. Como vuelan esos papelitos cuando hay un cambio de moneda que nadie ha pronosticado, cualquier día necesitaremos carretones de papeles impresos para comprar una simple chambelona, pero el amor por el contrario se multiplica, lo vemos donde quiera, como aquellos borrachos que me empujaron el carro relleno de diesel hasta un parqueo seguro diciéndome a dúo: nosotros los borrachos no podremos manejar porque chocamos pero sí podemos empujar un carro, como la señora que me dijo váyase mihijo a buscar su mecánico que yo me encargo de cuidarle el cacharro, como el de mi vecino mecánico que me dijo no hay líos vamos a buscar una manguera para sacarle todo el petróleo del mundo a su carro que ya tenemos para lavarnos las manos, como el del otro abuelo de mi nieta que me dijo vayamos compañeros que yo me encargo del transporte, como el taxista que me llevó hasta la casa y me dijo nohaypró, como el desconocido que me dió los dos litros de gasolina de verdad para que pudiera arrancarlo, como el que me brindó cargar mi batería con el "tunguer" de su garaje, como este que me está escuchando el cuento sin cobrarme nada y como el mismo negro que me hizo la trastada inocente que se fue a buscar un recipiente para venir al menos con tres litros de gasolina especial, sin plomo para poder dormir tranquilo una noche y me dijo: yo tengo má de este amol en el garaje de mi casa.

El amor crece como el arroz en la olla porque no tiene precio. Los rusos blancos (ver la aclaración) me salvaron la vida fabricando un coche resistente a los vaivenes del combustible, a los cambios radicales producidos por el tsunami de las equivocaciones, mientras los negros café me jodieron la tarde sin intenciones de hacerlo y sin una explicación convincente. Pero también me la salvaron, porque al menos supe lo que era un carburador relleno de diesel, el olor a un pozo petrolero en el mismo garaje de mi casa y lo más lindo de todo: una vista original de la bahía acompañada de una brisa que pasaba y despeinaba la piel olorosa a combustible y a sudores como si hubiéramos estado allí invitados por un jeque dueño de una veta del petróleo más negro del mundo que nos cantaba en árabe aquella canción que todo el mundo sabe: el amor no solo nos persigue sino que siempre nos encuentra.