martes, 15 de enero de 2008

El Triángulo de Las Bermudas

Esa figura geométrica formada por tres líneas que se cortan mutuamente, pariendo tres ángulos, que tiene un área igual a la mitad de un lado por la altura correspondiente, ese equilátero (de tres lados iguales), isósceles (dos iguales), escaleno (los tres desiguales), rectángulo (el que tiene un ángulo recto), esa porción de la superficie de la esfera limitada por tres arcos de círculo máximo, ese instrumento musical para hacer tilín en las orquestas sinfónicas, el triángulus (del latín) nunca pensó que un día sería tan famoso aparte de los cálculos antiguos y modernos (Pitágoras y su tetractis...) que llegara a ser ese lugar donde se pierden los barcos y la gente, se desconciertan los relojes y se desvían los aviones, ese ámbito en las Islas Bermudas del Atlántico al noreste de las Antillas, nunca pensó en ser tan triangularmente nombrado porque hasta allí van algunos a riesgo de perderse en el mar embravecido para llegar a la tierra que los vio nacer, así mismo, hacen un triángulo increíble o un rectángulo o un sexágono para meter sus narices y con ellas todo el cuerpo en el territorio de este archipiélago (este piélago superior, preeminente, muy de todo y de nada) pariente de los arcángeles, arquetipos, arzobispos y arciprestes, archicofrade, archibruto, archidiácono, archidiócesis, archiduque tocando su archilaúd, en el archivo.

Un periplo alrededor del mundo que vivimos y conocemos, que es el mundo redondo que tenemos, un mundo puntiagudo y rectilíneo, curvo, equidistante, geométrico y geofísico, geopolítico, el mundo mundano del periódico El Mundo, el mundo nuestro que llevamos a cuesta como amores perdidos, como nostalgias y azahares prendidos al cuello invisibles, que sorprende al que pasa y nos dice: "Ustedes están hablando en español?... ustedes mismos están hablando en cubano?" y nos obligan a virar escaleras abajo para verles los mismos ojos que tenemos, como en un espejo ver aquellos ojos viejos que nos miran descubriendo lo mismo que descubrimos: esos ojos son de algún lugar trianguloso pequeñísimo de donde somos todos, los nacidos y los que están por nacer... de un triangulito donde desaparecemos y volvemos a aparecer, un tres lados que son uno para salir, otro para trampolinear y otro para llegar...

Vamos a ver que salimos de algún lugar y triangulamos pasando por otro en el que ni siquiera pernoctamos, del cual ni sabemos como puede ser pongamos por caso Acapulco, Bermudas, Cancún, Chad, Dawson Creek, Egipto, Fidji, Golfo de Omán, Haiphong, Iquique, Jakarta, Kagoshima, La Meca, Llullaillaco, Macao, Naduru, Onitsha, Patuca, Quelimane, Rabat, Sajalin, Tegucigalpa, Uadi en Natrun, Valladolid, Wismar, Xai-Xai, Yaroslavl, Zimbabwe, para picar allí como pelota de béisbol y seguir, un bounce (un bauns de Mitsuno o de pelota de trapo...) breve para seguir rodando y parar nada menos que en Guemado de Güines, en El Cobre o en Arcos de Canasí... Un periplángulo, un remolino de viaje, que saquemos pasaje para ir a Kagoshima y estar allí sin poder hacer nada ni siquiera kantar, estuve en Kagoshima y no pude cantar, metido en aquel baño haciendo cálculos para saber cuál es el área de un triángulo sin poder ni cantar... Y tú dónde has estado para venir?... Yo estuve en Kagoshima, treinta minutos, me fui en un Jet particular viajando a favor de la ventolera del mar y me bajé, pedí un café y quién tu crees que me lo trajo caliente, amargo, fuerte y escaso, un cubano que vive en Kagoshima, me dio un abrazo y se echó a llorar...

En Etiopía vive una cubana que se fue y casó con un etíope allá por los años 40 del siglo pasado y en medio de tantos negros cubanos me saludó y me dijo: yo te conocí por los ojos. En Australia hay un cubano igualito a todos los australianos que se sabe que es cubano porque cuando habla no hay quien le pueda atar las manos, si se las atan no habla. Hay un cubano en Vietnam, en Egipto hay un cubano, una comunidad cubana en Venezuela, en el Principado de Mónaco (una cubana allí dando clases de matemática cibernética), hay un cubano en Ciudad Real (España) haciendo una tesis de doctorado y otro en Suecia, en Rusia, en el polo norte un cubano viviendo en un iglú, los cubanos están regados por todos los lados y solo piensan en una cosa: hacer cálculos un día para ver cómo y cuándo y por dónde venir hasta la guardarraya de su casa.

Son cubanos de todas las generaciones, de las que ya están viejas y de las que están nuevecitas, esas que no conocen que para saludar a otro lo primero que se hace es pegarle un beso en una mejilla, estrujarle un hombro con un apretón de dedos, dar una palmada en la espalda, decirle a toda voz: "Coño compadre, qué sorpresa!!!"... Ese que habla en voz alta tiene que ser cubano, el mismo que parece que está bravo con alguien, pero no, lo que está haciendo es hablando de pelota, en la pelota se diluyen todas las corrientes políticas e ideológicas, ese que dice "tengo unas ganas del carajo de meterme en un estadium", el que oye la música y tararea algo, el que no sabe bailar pero hace el intento al menos con los hombros, ese que viene haciendo escalas de aquí pallá, de allá pallá, sin mapas como las palomas mensajeras, él no sabe donde queda Xai-Xai pero sí sabe llegar hasta Morón, un cubano real que hace un viaje mental, en cigarreta, en balsa, en Jet, en avioneta, en globo, en alfombra, en trasatlántico o traspacífico, en lo que sea, pero llegar, ver de cerca un dominó, cagar aquí, gritar llegué y comer un tostón con arroz blanco pero aquí, volver, no importa cuándo, no importa si nos miran como ave rara en Kingston, en Nassau, en las Islas Caimán, no importa, allí vamos, mejor directo sin triangular, pero si hay que
rectangular rectangularemos, como aquel que hizo el periplángulo por seis ciudades hasta Berlín para terminar en Varadero, con el trampolín para seguir hasta Holguín con una bicicleta metida en una caja de cartón y que te dice: yo lo que quiero es llegar... Y cuándo te vas?... Lo mío es llegar, aunque regrese al otro día... En el fondo yo no me voy, nunca me fui, yo estoy allá en la estepa rusa pero estoy aquí... llegar para llegar...

El que llega es como si apareciera, como si lo dieran por muerto y resucitara y al llegar al barrio la gente le gritara al otro (o se lo dijera bajito al oído): "Tú sabes quién está aquí?... Chuchito, el hijo de Isolina..., vino y se vuelve a ir y trajo una urnita con Isolina dentro para soplarla en las lomas del Escambray". Porque aquí en la casa se pierden los apellidos y el nombre y lo único que nos queda es el apodo, Chuchi, Chacho, Goyito, Virito, Mano, Panchito, oye vino Chorrito, vino Huevito, Cachito, Manita, Cuquita, Pellita y no "vino el Señor Fernández", sino "Guataca", "Estopa"... aquel socito al que pusieron "Estopa" porque siempre estaba con una estopa en mano y por lo tanto, le pusieron "Estopa"... y la gente lo agradece, que le digan "El Pecoso" y no Mr. Rodríguez, sino "Peque" como si nunca se hubiera ido.

Un viaje de un solo segundo mental alrededor del mundo que suene algo así como tuissssss, rápido sin mapas, sin nombres o apellidos, incluso sin apodos, infinito como el número, finito como el triángulo tres ángulos, un viaje al centro de la redonda, un viaje submarino, volátil, aeróbico, multipropósito, un viajecito para
ver a los perros, pasarle la mano por el lomo al gato que se quedó maullando cuando nos fuimos, un viaje a ver un viaje para ir a recoger guayabas debajo de las matas, oler estiércol de mulo debajo de los cocoteros, tocar una palma hueca para ver cómo salen volando los cateyes, las cotorras, los periquitos, oir por tres minutos un sinsonte cantar, que nos despierten los domingos temprano en la mañana con esa voz que a veces extrañamos; "Ambientadooooor"!. El adn, el ambientador de negros, ver cómo pasan por la acera orondos, bailando cuando caminan todo en cubañol, asere, socio y monina, muñanga abacuá, changó, yemayá, obbatalá, un collar original y luego una fiesta en la casa con lechón asado cubierto de congrí... y una buena yuca con mojo blandita para comer con los dedos.

Qué periplo Vírgen Santa para volver y también para irse, qué trabajos nosotros que ayer estábamos discutiendo lo referente a eliminar las fronteras y con ello los pasaportes, agarrar por una calle, sacar un pasaje gratuito, un avión, una lancha, un portaviones, un dirigible e irnos a visitar digamos al hermano que tenemos en La Isla de Pascua o allá en Viliuisk que queda en el mismísimo carajo, con un frío de madre allá vive un cubano mi hermano que se casó con una rusa y ahora tiene tres hijas "jabás", con bemba de negro, oreja de rusa y piel de allá, altas como si fueran palmas reales, que no saben decir "coño" todavía, tres raras especies de jirafas humanas bellas hermosas amantes metronidazolmenses y una rusa que no habla español sino rusñol pero que siempre está preguntando: "Y dónde queda esa playa de Baitiquirí?" en rusñol por supuesto...

Andrés "El Negro" no piensa en otra cosa que pescar camarones, sacarlos así como vienen dentro del agua, hervirlos hasta que se pongan rojos (cuidado esa palabra, rojo por dentro y verde por fuera, melones) para comerlos hirviendo con mayonesa hecha en casa. Y beber mucha cerveza dispensada hasta que se le salga la espuma por los huecos de las orejas, le quede el cerebro nadando en cerveza y cuando sienta abrirse el refrigerador saber que le va a entrar la nostalgia por el frío, por sus jabaítas y se vaya a la estepa helada a pescar abriendo un hueco en la nieve, en el hielo, como si estuviera en una fábrica de hielo aquí...

Porque el asunto no es de mirarnos a cada rato o espulgarnos como los monos, no se trata de eso, se trata de pensar de dónde venimos, adónde vamos y qué somos. Como que para eso no hay respuesta acertada todavía lo mejor que nos puede suceder es que cerremos un segundo los ojos estemos donde estemos y nos imaginemos por un segundo que estamos comiendo mierda en el malecón viendo nalgas pasar o socios de escuela, de esos que todavía cuando los abrazamos tienen encima olor a pupitre. Así de complejo es eso del Triángulo de las Bermudas... Digo, es lo que yo pienso...