domingo, 25 de noviembre de 2007

La avaricia

(Del 14 de noviembre del 2006)

Todo el mundo reconoce que este pecado capital es aquel que siempre rompe el saco... que aparece como "un apego desordenado de la riqueza" y que el que peca es un avaro ("El avaro de Moliére...") que no es más que el que "acumula dinero por el placer de poseerlo y no lo emplea" y por tanto es "avaricioso, interesado, ambicioso, mezquino, usurero y tacaño". En fin también los avariciosos son avarientos que es lo mismo y todo avaro pone su riqueza de reserva, escatima cosas, camina con los codos, no gasta, ahorra mientras sus contrarios los no avariciosos son más bien espléndidos y generosos, son felices mientras son infelices los avaros, porque los avaros siempre están desconfiando de los que los rodean y temen perder sus fortunas. Cuándo podemos pecar? Por qué la avaricia es un pecado?... Quién lo dijo?... Yo no sé!

El asunto se complica cuando reconocemos que el bebé viene al mundo desnudito en pelota, con esa candidez e ingenuidad que le impide tapar su desnudez con la ropa que otro le cosió, le vendió o le compró. Si fuera por el propio bebé estaría toda la vida desnudito tal como vino al mundo, paseando por sus malecones, bañándose en sus playas del este, montando en sus montañitas rusas del parque metropolitano allá tu me ves, allá donde cabalgan los ponys y nadan los peces de colores. Estaría desnudito comprando en sus tiendas shop sus refrescos cachitos, en sus dulcerías populares sus tatianoves de chocolates y en sus heladerías sus helados unidos de la Word, desnudito desnudito, sin bolsillos para meter la mano y sacar de sus fondos la moneda mercantil aquella misma que tiene valor y valor de uso...

Y desnuditas también las muchachas de las shop les "venderían?" sus "mercancías?", se las entregarían sin que dieran nada a cambio, esos papeles verdecitos, amarillitos (tal sean de tal o cual país por supuesto) o esas monedas redonditas, que hacen tín o tán (depende del país claro está) al caer en la caja contadora shop, o en el suelo de madera o de cemento (claro, por supuesto, dependiendo siempre del país) y llegarían a la desnuda conclusión verdadera siguiente: "Si el dinero no existe nadie querrá atesorarlo"... Un tesoro mundial que no sea dinero, que no huela al vil metal: dúctil, maleable. "Su peso en oro, señor, Míster, Monsieur, caballero...". Pero si no hay dinero, no existe el oro y por tanto no tiene sentido esa mala compañía de la ambición, de la usura, de la mercachiflería.

Del avaro hay que decir que laboralmente son excelentes "trabajadores". Mira que atesorar, acumular, piramidar montañas de dinero, títulos de valor, cheques, pagarés, barras de oro, minas de plata, valores monetario-mercantiles, acciones cotizables, intereses, puaf!, qué litigio Dios mío! y luego protegerlos, defenderlos, amurallarlos, poner rejas en techos, en ventanas, en garajes, en bancos, sucursales, cadecas, kioskos, tiendas, timbiriches, ecochinches (empresitas consolidadas de chinchales y timbiriches), cajas de seguridad, de ahorro, mutuales, escondrijos, losas de piso, huecos en la pared, sótanos, tesoros escondidos en cofres, sobres, tubos de camas, cañerías y closets, falsos techos, millones de horas dedicadas al drama bíblico de Tío Rico Mac Pato, del abuelo tacaño... Qué horror!... Con lo rico que es poder gastar un medio en una llamada por teléfono!

La avaricia es una inmundicia, la generosidad un encanto de Dios... No digo mano suelta, bolsillo de hueco, despilfarrador, ángel derrochador, gastones, ni nada por el estilo, digo que cuando no me quede nada más que un fósforo (como escribía el poeta Raúl Ferrer), "me he de cuidar del viento". Eso es otra cosa, hombre... La mezquindad es la inopia de los griegos (la gran pobreza)... Es un pecado mortal...Todos los hombres son mortales, digo yo. El mezquino no hace el bien sino que lo negocia. El usurero es el amanuense por excelencia... extorsiona, hace de garrotero, no ofrece "rosas a crédito" sino dinero, eleva el interés, el préstamo leonino (de león a mono y el macaco amarrado), la usura es la bota del colonizador, la avaricia es el denominador del jugador empedernido. La enfermedad de la usura no tiene cura...

Las miserias humanas... No tengo, dice el usurero, el avaro... No puedo, dice el ambicioso. Hoy no fío, mañana sí... Siempre contando moneda a moneda, allá en la bolsa de valores el usurero se deleita con la ruina de otros, siempre escatimando, sopesando, calculando, quilo a quilo, sin un gramo de amor...Con lo rico que sería desnuditos, nadar sin dinero. Un antidinero mundial, un antivalor monetario, un bono amoroso ideal con endoso: "Distribuir a todo aquél que lo necesite".

Algún día nos levantaremos con la energía para eliminar aquel letrero encima del producto que aclara el precio. Energía para poner encima este otro: "S. P.: sin Precio"... "Buenos días señora, señorita, qué quiere Ud. tomar de desayuno, unas tostadas sin precio con mantequilla"?... "Sí?"... "Sin precio?"... "Sí"... "Por qué sin precio?". "Porque han desaparecido todos los avaros del mundo y se han llevado con ellos todos los precios del mundo, han eliminado el dinero mundial y nos han regalado todos los valores de uso del mundo para que los gastemos sin despilfarrar"!... "Y todos los niños del mundo han querido una enorme rueda hacer para cantar un son generoso y placentero que diga más o menos así: Generoso qué bueno baila usted!"

Un son para gastar, espléndido, un solson (sol y son), sin dinero, un sol entero como una sola enorme moneda de oro de helio en el cielo que toquemos cada mañana sin tener que atesorar como los avaros y por la noche una moneda de plata que nade en un mar de añil, como queso gigante para la industria del disco con queso... Un solsonqueso, unalunagratis, un solgratis, de regalo, encerrado en una cajita de música, metido a dormir en un cofre de Tomás Moro para que todo el que lo necesite toque la caja y la abra y tome el helado que quiera y se vaya sin pagar, sin el temor de que las muchachas del restaurante nos caigan detrás por las calles porque se equivocaron de cuenta y nos dieron la cuenta pequeña, la minicuenta de menos dinero...

Los generosos existirán en el país del siglo que viene, los avaros de este siglo los tendremos todavía en los teatros interpretando al cuentista francés, el mismo que yace en la silla que está en aquel museo en el centro de París (se dice Parrí..., arrastrando la errre), los niños desnuditos que llevamos dentro no tendrán el trabajo de cargar con los monederos, las carteras, las tarjetas magnéticas, no cobrarán salarios, no sacarán "nineros" del cajero automático y cuando se despierten de la noche de fogatas tendrán un deseo incontenible de derretir el acero de las rejas que guardan las avariciosas avariciosidades de la avaricia. Bancos como museos, cero atracos...

Yo quisiera ser algún día un avaro gigante para atesorar montones de gotas de cariño y de tanto almacenarlas irlas regalando a todo aquel que las necesite y los que tengan muchas que las regalen igual y así fabricar un mar de cariño con bailes ballenatos, pintores de brocha gorda que canten en el azul dipinto diblú, pintar ornitorrincos, pájaros carpinteros que toquen samba en arpa, payasos que nos regalen cientos de globos rojos, que se acaben las lotos, los impuestos, el alquiler de habitaciones, los taxis de alquiler, las tarjetas para comprar la movilidad, un mar inmenso en que todos podamos nadar, sin avaros avariciosos pecando de avaricia, un marsinninero en el que cantemos aquello que dice así: "Marinero sin ninero quiero ser...".

Y que hagamos un trencito con todos los niños del mundo, que lleven en la mano una bombilla hecha de papel de China como papalotes con una linterna dentro encendida y que una seño Micaela nos diga de pronto en todos los idiomas imperativamente: "Venga y siéntese en este orinal de oro y deje un "ninero" para regalarlo a todos los niños del mundo, a los que tienen y no tienen papá y mamá y a los que no han nacido todavía y que le compren con eso un algodón de azúcar con un helado yagrumoso dentro".

Y está claro que para ese pecado de la avaricia no tendremos que rezar porque sin dinero que atesorar se acabará el pecado mismo y nacerá un pescado de ese algodón de azúcar gratis del tamaño de un orinal gigante para quedarnos avariciosos de cariño y ya! Y los que como nosotros aspiramos a ser mejores que ayer seguimos en la filita con la linterna en la mano a Paulita que nos manda sus "nineros" y nos advierte: este es el caramelito más lindo que yo he podido regalar...