sábado, 24 de noviembre de 2007

Las cajitas

(Crónica del 8 de Agosto del 2006)

Tenemos bastantes en casa y fuera de ella. Desde pequeños acostumbramos a los muchachos a estar rodeados de figuras geométricas: cuadrados, rectángulos, circunsferencias, triángulos. Las paredes cuadradas y las losas del piso también, las mesas rectangulares y las pizarras también, las cómodas del cuarto y las camas también, los juegos de las manos y las gomas de los carros también y las cajas, las múltiples cajas para guardar, almacenar, esconder, meter, tapar, sellar, nada...recuerdos.

Tenemos una exclusiva pequeña cuadrada dentro de la cuadrada mesita para dormir, la cajita de Tomás Moro, rellena de monedas y de papel moneda cuando esas cosas existen. La familia que somos viene con el tributo y zás lo mete en el cofre del pirata Moro. Una caja en honor del Lord Canciller de Enrique VIII que antes de ser condenado a muerte le dio por escribir aquella fábula llamada Utopía. Una caja para atestiguar que lo que menos vale es el dinero, la caja del dinero mercancía con su valor y su valor de uso, la del vil metal que hace falta para comprar y vender, en el mercado de valores, intercambiar por productos, como medio de cambio, el papel moneda o poner ese papel en el listado de las adquisiciones. O en el de dinero mundial, o de atesoramiento, el dinero ideal o el dinero constante y sonante.

Una caja especial utópica, ideal, mentalmente posible y otras veces real con Moro dentro, la cabeza cercenada de Moro que se ríe cuando le engordamos la alcancía de los valores y se pone bravo cuando se le saqueamos sus valores de uso. Porque Moro sabe que en nuestra casa geométrica lo que menos valor tiene es el dinero y lo que más vale siempre es el amor. Aquel que cuanto más tenemos, más damos, cuanto más necesitamos más nos regalan. Y cuanto más regalamos, más crecemos.

Tenemos otras cajas que están diseminadas por todos los cuartos en las filas de las prioridades...La de las tuercas, tornillos, puntillas, tachuelas y otros enseres para que sean utilizadas cuando más falta hacen, casi siempre a otras cajas: cuadros, mesas, sillas, tablas.

Las cajas de los lápices para escribir y de los colores para colorear las libretas cuadradas y rectangulares que le sirven de soporte. Allí están esas cajas guardadas esperando su turno de las utilizaciones.

Las cajas de maderas para guardar los enseres de cocina, zapatillas de gomas, cubiertos, aromas, especias, azúcares, sales y café, salsas y viandas, hortalizas y frutas que se compran con los "nineros" pc de la caja de Moro en las bodegas, puestos, mercados y en ilustrísimas tiendas cuadradas cubiertas de cristales donde se adquieren con monedas pcc y nos atienden muchachas cuadradas que dicen "señor" y no compañero que suena tan familiar, un saludo de trabajadores..."Buenos días señor entre Ud. a gastar su "ninero" pcc en esta tienda shop para ñatos". Las tiendas shop para ñatos son tiendas cubiertas de cristales shop y las narices ñatas se le pegan por fuera que son las narices de las personas que no tienen "nineros" pcc y no pueden comprar en las shop para ñatos.

Las cajas de cartón para los libros chic, aquellos libros que no tenemos espacio cuadrado para tener mostrados y están guardados en esas cajas que queremos tanto dentro de los closets a los que les caben un tín, metidas unas encima de las otras tán, en los garajes pum, cajas inmensas suín llenas de libros pon...Unas cajas en fin que almacenan la cultura genial, la arquitectura del alma y que esconden los secretos de otros para que un día al abrirlos y hojearlos decir: "Mira lo que estaba escondido en estas cajas polvorientas de cartón". Son tesoros que ya a cierta edad no vamos jamás a leer.

Las cajas de las piezas de repuesto, la de las pinturas, la de los zapatos, la de la ropa sucia, la de, vamos a ver, la de los caramelos y la de los bombones. La de los recuerdos y la de las fotografías...

Cajitas con los dibujos de los muchachos, con las fotos de la familia, con los olores de la juventud, con los certificados, con los juguetes, aquel osito, aquella muñeca, aquel Pinocho. Unas cajas sobrecogedoramente íntimas, con los diarios, las notas, los nombres, los teléfonos, las direcciones, una flor seca y vírgen, en el recuerdo milenario de los pensamientos. Cajas maravillosas que se abren poco...

Tenemos cajas para dormir caninos, para criar palomas, para alimentar conejos, curieles, gallinas, quelonios, ratones, lagartijas, alacranes, cajas zoológicas, que siempre quisieron tener vacunos, equinos, marsupiales, proboscideos, simios, ballenas, delfines en fin, personas que nos rodean y que hablan, cantan, saltan, en las imágenes de los muñequitos de la televisión...Nuestras cajas para los sueños.

Una cajita de música para cuando nos levantamos por la mañana o queremos dormir con los muchachos en la cabeza, con aquella melodía taladrada en el metal y puesta a girar con la cuerda mecánica, redonda y rítmica que nos saca a flote el regalo más lindo que nos hicieron una vez. Una caja preciosa que canta cuando se abre y duerme cuando queremos. Esa caja de oro, es un caudal fuerte empotrado detrás de una combinación que nadie más que dos personas sabe.

La caja inexistente de Pandora que nos da la vuelta a cada rato y que no se puede abrir, la caja de los cigarros que ya no vamos a fumar jamás, la de los fósforos rascarasca, que nos recuerda la frase famosa: "El desarrollo de un país se mide por la calidad de los fósforos". La caja del talco, la de los jabones, la de los perfumes, la de los collares, la de las prendas, la de las cartas, la de las direcciones, la de las cuentas, la de las multas, la caja de caudales, la de los fantasmas, la caja del pan, la del hambre, la de la fiesta, la caja caja que viene y va.

Pero la que no quisiéramos tener en casa, la que no aspiramos a que nadie tenga, aquella adonde iremos a parar cuando la vida misma lo decida, aquella en la que estaremos más tiempo en menos espacio, esa no la tenemos ni la tendremos nunca. Una caja para el cuerpo, pero no para el alma. El alma nunca tiene vacaciones, vuela, danza, baila, es un arpa que se encuentra en una región cercana a la hipófisis según Rousseau, en el ojo que ve según Vallejo, en el amor del otro según Carilda. Esa está en la caja del cuerpo, alguien la puso ahí, viene viajando en la alfombra de la palabra y la traen otros, los hijos, la gente, los padres, los demás y nosotros la amasamos, la tratamos de aprisionar pero se los escurre como las brujas inglesas que viven en los bosques...y se posa cuando viaja mucho, "casi siempre al atardecer como el Buho de Minerva" como escriben los filósofos.

Ustedes traen esa alma en las manos libres incapaces de guardar en caja alguna. Nos despiertan por las noches de lluvia con el olor a la tierra mojada, en el rumor de las olas cuando chocan en la orilla, en los cantares, en los poemas, en las noticias, en los avatares, en los sacrificios, en los disfrutes, placeres, recuerdos, cariños...Ustedes los capaces de hacer vibrar las marímbulas son el orgullo más sagrado que tenemos...los que han guardado en una caja enorme aquel barquito de papel que hicieron para echarlo en el torrente de los vendavales con el deseo que llegara algún día al mar.

Defiéndanlas: cajas y almas. Las primeras para aprisionar los amores y las otras para cultivar los espíritus. No se dejen vencer...por las adversidades. Y no pierdan el rumbo, jamás.