sábado, 24 de noviembre de 2007

Regalos y juguetes

(Ésta es del 10 de agosto del 2006)

Se nos perdieron de vista porque no los teníamos... "Nadie pierde lo que nunca ha tenido" como decían jocosamente los sofistas allá por la antigüedad antigua anterior a nuestra era. Cuidado, los sofistas nos pueden engañar con ese razonamiento, como también con este: "Yo miento..." y entonces estoy diciendo la verdad. Pero la idea es la siguiente: como no teníamos juguetes se nos perdió el hábito de regalarlos. Dónde estarán ahora, mis amigos de ayer?. En qué caja estarán escondidos?

Cuando pusieron los juguetes por llamadas telefónicas todo el mundo hizo la cola debajo de los teléfonos y las plantas telefónicas se atascaron de tal manera que incluso una en Centro Habana se incendió. Y al que se le ocurrió el sistema le pusieron Serafín Rin Rin...Porque no había para todos y sin ellos se nos perdían las ilusiones. Repartir una bicicletica de juguete entre cien llamadas no era fácil. Una muñeca para 30 hembritas, un guante de pelota para cada 40 futuros peloteros, una pistola de agua para cada 10 pistoleros, un camión de juguete para cada 20 camioneros. Hay pero no te toca, te toca pero no hay...decían.

Ya la clasificación iniciaba la confusión y la duda: juguetes dirigidos, básicos, no básicos, para damas y caballeros, como si a los muchachos no les hubiera gustado también tener en sus manos una muñeca o las hembritas una rastra de carga, pero los más interesantemente dogmáticos eran los juguetes de convoy: una maruga con una pistola. Los juguetes convoyados se parecían a ciertas cafeterías de 7ma. categoría que vendían sopas con maltas convoyadas. Uno quería tomarse una malta (la malta de los campeones) pero te ponían en el mostrador con la malta una sopa. Tomabas la malta y ellos botaban en el latón de la basura claro está, la sopa. Una maruga que nadie quería con una pistola, usabas la pistola y colgabas en el cajón de los recuerdos, la maruga.

Sin juguetes en las manos y en el alma, la vida se fue poniendo fea por fuera y vacía por dentro. Se nos ocurrió la chivichana, con ruedas de acero y tablas con puntillas para poder deslizarnos loma abajo aún contra el peligro de los atropellos de choferes y también armamos papalotes escurridizos con cuchillas en la cola para los duelos de aire y barriletes caseros, pequeños ventiladores de papel para desafiar el viento del malecón y hacernos la idea que íbamos con eso a detener la marea baja que siempre venía a la misma hora.

Pero el juguete que más se nos escapó de las manos fue el de la ilusión y el de los objetivos. La pompa de jabón artesanal con el pito de calabaza y el soplido de Eolos fue lo más lindo que ocurrió porque nadie se podía imaginar lo bello de los colores saliendo de un trozo de jabón de lavar rudo, blanco y sin olor. La veíamos subir por entre los árboles de la esquina, elevarse contra el sol y los picotazos de palomas para romperse en los alambres del teléfono y advertirnos que la próxima circunsferencia sería la mejor y la más poderosa. Una niñez sin pompas de jabón era una niñez inexistente.

El día de los juguetes se trabajaba antes de nuestra era cuando algunos tenían y otros no, con una pequeña carta a los Reyes Magos, que eran los que traían los juguetes, diciéndoles que nos íbamos a portar bien, que haríamos buenas acciones, atenderíamos a clase, a los maestros, a los padres, que seríamos tan disciplinados que de tanto atender a los demás nos desatenderíamos nosotros mismos y los Reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) viajaban con unos sacos enormes rellenos de toda la juguetería del mundo (unos contenedores ligeros potentes aéreos y rápidos) y nos dejaban los nuestros nadie sabe cómo al mismo tiempo que dejaban escondidos los de los demás.

Hoy nos damos cuenta con gran acierto y asombro que los amigos Reyes eran poderosos magos que tenían combustible preparado para mover la cadena puerto, transporte, economía interna y además entregar los envíos sin atrasos y más nos asombrados cuando comparamos los trabajos que pasan en ETECSA no solo para eso sino también para garantizar las llamadas (Estamos Tratando de Establecer Comunicaciones Sin Apuros). Así que los Reyes sin Reinas merecen a lo largo de los años una buena medalla de oro por el enorme esfuerzo que hicieron por construirnos un espejismo dentro de nuestra bóveda craneana precisamente en el llamado hipotálamo, esa compacta masa gris que alberga dicen más de 22,000 millones de células nerviosas que se conectan unas con otras al mismo tiempo y que cuando se pierden no se recuperan más. Nos sembraron neuronas de sueños...Cuando al fin supimos nuestra gran primera verdad, que dichos sublimes Magistrados Soberanos no eran sino nuestros padres vestidos para la oc asión nos dimos cuenta de una sublime y soberana verdad: el gran mérito es del que hace tales regalos eternos.

Y sin embargo cuando teníamos ya los juguetes en las manos lo primero que hacíamos era intercambiarlos con los juguetes de otros demostrando un deseo de la especie humana que no ha perdido todavía: el interés por lo que tienen los demás. Fíjense si no que nadie ha podido todavía con sus ojos mirarse la punta de la nariz o los lunares de la espalda ni con la misma mano rascarse el mismo codo, nadie todavía se ha visto realmente las orejas y solo los espejos han permitido saber cómo es nuestro reflejo porque la imagen que aparece en el azogue no es más que eso, nuestra imagen...y lo demás es cuento. Por eso nuestros juguetes no tenían tanta importancia como los juguetes de otros y nos poníamos a jugar con los muchachos dueños de esos juguetes para darnos cuenta que lo más importante no son las cosas sino las personas, sus ojos y sus manos, su risa y sus preocupaciones.

El instinto del juego...tal como el de la respiración nos hizo siempre falta. Y con los juguetes aprendimos a jugar a los escondidos, a los yaquis, a la suiza, a la canal, al balompié, a la pelota, a la piscina, al pony, al papalote, al castillo de arena, a la gallina ciega... Eramos lúdicos desde que nacimos jugando con los dedos de los pies y de las manos. Sin saber contar...cuando lo hicimos, siempre dábamos respuestas equivocadas. "Cuántos dedos tu tienes?... Diez!". Se nos quedaban los dedos de los piés! Pero en la infancia, los juguetes nos faltaron y cuando pasamos a ver también dejamos desterrada las ilusiones... Es así, tanto que todo lo que no habíamos tenido queremos que lo tengan los descendientes, todo lo que no pudimos ser quisiéramos que fueran los que nos van a suceder...

Y nos gustaba siempre que nos hicieran regalos. Vivíamos de donaciones, de tal manera que se nos ocurrió el intercambio en que uno ponía un regalo para alguien y ese alguien desconocía quién le regalaba, hasta que alguien puso la cuota mínima y el intercambio comenzó a decaer. El regalo también porque lo primero que el ser humano regaló era lo que siempre tenía y no tenía ni precio ni por supuesto valor comercial, sino el más querido valor de uso del mundo: un cariño inmenso por el otro, un abrigo para el otro, un beso para regalar (un beso que nos hacía falta y se regalaba), un abrazo de verdad, una lágrima con sal y agua de la que sobra en el ojo, una mirada...Miren ustedes: como hemos regalado miradas!. Miradas sanas, honestas, cariñosas, familiares, calurosas, miradas ardientes que nunca han pedido siquiera una cierta recompensa ("Una cierta sonrisa"... como escribiera la Sagán).

De tantos juguetes que nos faltaron y tantos regalos que no nos hicieron cuando pasamos de una edad a otra nos damos cuenta que nos asalta la necesidad de encontrarnos nuevamente para regalarnos algo, como si estuviéramos jugando en grupo con algún juguete sin precio comercial pero con todo el valor de uso del mundo. Debiéramos considerar profundamente que hemos perdido ciertas oportunidades de regalarnos nosotros mismos una pequeña cuota de juguetes y de juegos pensando en aquellos que no tuvieron esa oportunidad. Encontrar algún momento en que podamos regalarnos una risotada tan fuerte frente al espejo que atraiga juguetonamente la atención de los demás de tal manera que cuando preguntén qué pasó digamos: estaba regalándome un juguete para jugar.

El que pierda el hábito no se convierte en monje... el día que nos convirtamos en aquellos seres serios, enjutos, de seño fruncido, irascibles, insoportables, enemigos de la broma, de la ocurrencia, del regalo y del juguete, ese día alguien debiera salir de su escondite para advertirnos: "Cuidado, por ese camino no va a aparecer nunca el trencito de miniatura"!... La vida es un juego azaroso, una aventura maravillosa que vale la pena vivir. No atesoramos otra cosa que virtudes, la invasión de la materia seca y vulgar no nos interesa. Nos sirve para estar vivos de cuerpo pero no de alma. Y lo que llena el estómago se gasta. Lo otro no, como decía Platón...

Somos más altruistas que avaros, Moliére tiene cupo en nuestra masa gris para advertirnos eso con su obra de teatro. Damos por otro la vida que es el más grande regalo que nos dieron cuando vinimos al mundo, sin interés alguno, cuando decimos por ejemplo a una dama: "Yo seré cualquier cosa pero te quiero". O a un apuesto varón: "Si me pides el pescado te lo doy"... estamos intentando con eso decir: "Te quiero regalar lo mejor de mí y quedarme con lo que me hace mínimamente falta para seguir queriéndote".

Cuando nos escribimos algo, estamos regalándonos no una cosa sino muchas... palabras hermosas, esa "sopa de letras" que ustedes no saben que tienen y sin saberlo la regalan, como propone Ivette. Seguro estoy de que no vamos a perder el tiempo... Así que de nuevo, para que no se nos rompa la burbuja de jabón y sigamos alimentándonos de ideas...