domingo, 25 de noviembre de 2007

La pereza

(Y otro del 22 de noviembre del 2006)

Parece una casualidad pero no lo es... dejar a "La Pereza..." (una compañía de Pérez S. A., socios y amigos) para el final de los pecados. Uno para cada día y esta descansando el día de domingo, de la levantada a las 10 a.m., el día de lavarse la cabeza, de no hacer nada, de la tanda del domingo a las 2 p.m., el día de vagar por las calles, sacar a pasear a los muchachos, el día del ajúmmmm, del bostezo constante, el mismo día del ayuno nocturno, de la dieta obligada, del café con leche con tostadas. Ese pecado ("la pereza") nos enamora constantemente y nos obliga a pensar y a decir: "Hoy sí no tiro una panadie, oyeron, panadie!".

Como se sabe ese pecado es un vicio que nos aleja del trabajo y del esfuerzo, es el ocio vestido de mujer, una flojedad del espíritu, un descuido consciente. Esa tardanza y lentitud del movimiento corporal aparentemente invencible nos arrastra a la vagancia, a la inacción y a la holgazanería. Un perezoso es el que huye del trabajo, el que no pincha, un girovagante, un "inventor", un "majá" de sombra. Los españoles le dicen gandul (no el frijol, por supuesto), también golfo, porque es el que vive del trabajo ajeno o no quiere trabajar. "El que no trabaja, no come", dicen que decía Lenin. Y al vago no le gusta ni un poquito la labor...

Es también una tardanza, un lento paso al caminar y un animalito que está siempre colgado de los árboles durmiendo a más no dar y que se deja confundir con el follaje. Bello animal que se descuelga de las ramas y parece como que se ha caído una de las hojas del árbol, de tan lento que hace los movimientos. Un trabajador perezoso es el que no se acerca nunca a la norma. Un trámite burocrático es lento como pereza...

Nosotros, los hiperactivos, las hormiguitas y abejas del panal, somos tipo N... rápidos al revólver, nerviosos, inmediatos, efectivos, solícitos, no perezosos, enamorados de la tarea y de las relaciones humanas, activos, reactivos, cautivos del deber, somos así de esos a quienes nos corre la sangre por las venas. Los que nos molesta dejar que suene el teléfono y oírlo sonar, sin descolgar ni atender. Nosotros los puntuales, los que saltamos con el cumplimiento, los que no nos atrasamos, los inverosímiles, los necesarios, algunos imprescindibles como decía Brecht (aquel dramaturgo alemán, autor entre otras cosas de "El círculo de tiza caucasiano", que por cierto casi nadie ha visto o leído, salvo algunos interesados o estudiosos), en fin, somos los luchadores contra la bobería laboral, el relajamiento del músculo y el relajo en general de toda actividad que se diga seria, respetada.

Como se dice: "La esencia del hombre es el trabajo" y en eso estamos, con el disfrute del descanso que merecemos porque también al cuerpo hay que darle su descansito de vez en cuando, salir a caminar no para ir a pinchar por supuesto, ir a pasear por un parque una vez, tomar un té de cañasanta con limón para ver qué es, mirar cómo rompen en el arrecife las olas del mar, cómo se cuelan las ráfagas de viento en el bosque a danzar, pescar peces perfectos parsimoniosos perdurables perdidos per cápita, perdomo, permisos y luego soltarlos, qué rico subir lomas, criar mariposas, leer y luego escribir, poder hacer cuentos y luego dormir soñando que estamos fabricando chirimbolos de colores y luego salir a mostrarlos: "Miren señores los chirimbolos que hemos hecho!".

La pereza es una pizza de Haller... ese personaje fabricante gramatical de panes que nos agrada tanto y que aparece en la pizarra de las panaderías con la frase de siempre: "Pan de Haller". La pereza es una torta de vaca seca... una barbería cerrada... un pino sin corteza. La historia de la sociedad humana no la han edificado los perezosos, por el contrario ellos y ellas han vivido del trabajo de otros. Por eso hay que tener siempre el látigo a mano para cuando los tengamos alrededor nuestro o dentro de nosotros mismos ponerles la penitencia encima y los aguijones del buey y darles un aventón para que se pongan a hacer algo útil, que sirva, que valga la pena, digamos como fregar la loza, lavar la ropa sucia, barrer el piso, pasar balleta, deshollinar, cortar el césped del jardín (el que lo tenga), buscar los mandados, el periódico, lustrar los zapatos, planchar (Pancha plancha con cuatro planchas... con cuántas planchas plancha Pancha?), bañar al perro, hacer el café y esperar a que te hagan la comida, te traigan las chancletas, te preparen el baño, te bañen, te entalquen, te vistan y te saquen a pasear el fin de semana porque tú eres ese mocosito que tiene año y medio y ni siquiera sabes abrocharte los cordones de los zapatos... Dónde si no?