domingo, 25 de noviembre de 2007

Sugerencias

(Del 24 de octubre del 2006)

Las quejas aparecieron cuando nos pusimos a barrer para afuera, no nos dimos cuenta que éramos partícipes de los errores que otros tal vez nos achacaban sin nosotros saberlo. Las sugerencias nos sorprendieron con soluciones para aquellas mismas quejas que son sombreros que nos ponemos o abanicos para cubrirnos el rostro de la culpabilidad honesta. Las quejas no las oye nadie y las sugerencias tampoco... parece que son notas musicales que danzan dentro de las dos orejas que tiene la cabeza, algo parecido al occipucio encefálico. De todas maneras voy a soltar estas insinuaciones hacia afuera, "botarlas" como los trastos viejos.

Sugiero en dos palabras que me dejen dormir los domingos del Señor y que no me despierten con el sonido estridente del pregón en plena ventana: "Tartaletas de coco y de guayaba... dulceroooooo! Qué horrible suenan esos gritos de las dulces tartaletas de coco y de guayaba. El dulce mezclado con los decibeles...! Qué horror! También pasa el que vende deshollinadores, escobas y trapitos de cocina, el manisero que no por gusto se llama Moisés, el cartero (que siempre pita tres veces) y el único que me gusta: el que afila las tijeras. Tiene una flauta mágica que nos despierta y nos hace vagar en el aire. Lo jodido es que sopla muy temprano y en la misma ventana... Que me dejen dormir!.

Que no me citen a reuniones media hora antes, reuniones reunionísticas en que la gente se reúne para volver a reunirse y acordar otra reunión en la que no se resuelve nada. A la próxima no voy... digo, y sin embargo voy por la inercia que desatan las propias reuniones. En casa del herrero, cuchillo de palo. Al especialista en reuniones, lo machacan con la reunión antireuniónica, la areunión, con la tarea para cumplir ayer.

Que no cocinen más ese picadillo de soya que sabe a cebo de carnero degollado, un cebo cebáceo como el que se dá a los animales para engordarlos o atraerlos, la carnada del hambre, el señuelo. Este es un cebo parecido a la grasa de los hervíboros, el que se emplea para hacer los velos, el sebo (con s) de los haraganes, ambos como desechos, tupen mis fosas nasales afectadas por el hedor de los tanques de basura. En el diccionario enano sugiero que vean las dos palabras: cebo y sebo... Esto lo digo para que no me tachen una falta de ortografía...

Que no me vendan más vegetales en mal estado a sobreprecio, yucas sin pabilo, sin el recubrimiento de cera por encima, boniatos agujereados, tomates podridos, papas negras por dentro, pan de Haller, gandofia, que no me den puré de antitomate, que lo que me toque tenga al menos una calidad aceptable, ruborizada, servil, que me sirva para comer y no para botar, que no me engañen, que piensen siempre que tienen delante en el mostrador a uno de sus familiares más entrañablemente queridos. Hoy me dijeron cariñosamente "abuelito purito" y me vendieron unas papas griegas podridas que les puse por nombre Papagrigorakis Pestis.

Que no me sigan explicando la cartelera de tv, en los noticieron de la radio, en los espacios de descanso televisivo, en los periódicos y revistas, semanarios, en teleavances, en el próximo programa, cuando esa selección debe guardar el latido inesperado de la sorpresa, la cartelera que se anuncia se parece a los pregones de huevos. "Quiere huevos señor?". "No gracias, tengo". Yo no quiero que me digan lo que tengo que ver por tv, no quiero que me pongan a leer lo que viene después de las diez cuando sé que lo van a alterar, que lo van a incumplir, carteleras abajo, un caos programativo que elimina el placer de buscar lo que deseo ver por mí mismo. Quisiera ir caminando por La Rampa y meterme en el cine sorpresivamente para ver digamos "Casablanca" por cuadragésima vez, pero de sorpresa.

Que siempre me den los buenos días, las buenas tardes, las buenas noches, que me den y dejen dar un besito de despedida, un pequeño besito en la oreja para dormir con mi besito prendido saltando de oreja a oreja, escondido debajo de las sábanas blancas colgadas en los balcones y después de ese muá que me dejen dormir. Y al final dar las gracias, esas que damos cuando nos dicen algo profundo como "gracias". Y luego llevar en el diario de a diario la anotación del día: hoy sugerí que me dieran un besito y me lo dieron bien "sonao" en el mismo hueco de la oreja derecha...

Que nadie mienta, que nadie mate, que nadie envidie la mujer o el marido del prójimo, no a la avaricia, a la gula, al robo, no al no, nono, las prohibiciones elementales a los que interrumpen, a los que molestan, a los que forman escándalos, como si fuéramos a barrer sin pasar la escoba, una existencia en la burbuja de cristal es mejor que el sonido del claxon ensordecedor. Hemos perdido el entrenamiento del silencio, el de la luna llena sin ladridos de perros...

Yo sugiero que nos demos la mano y armemos una bachata rosa alrededor del mar para sacar a flote los caracoles y los peces de colores. Un maremagnum de bellas y buenas personas que coman maní y echen el cucurucho en los tanquecitos de basura. Que no te cuenten la película en medio de la función, que no lean en alta voz, que no ronquen, que no muerdan, que no te despellejen, un tsunami de cariño que nos haga polvo y de esa nada crezca un flan de calabazas en almíbar. Abrir un libro de sugerancias en cada casa, en cada cuadra, en cada barrio, en cada escuela, en cada esquina, en cada hospital, en cada parada de transporte, un libro abierto sin loas, sin chicharronerías... dejemos los chicharrones para el 24 de Diciembre.

Yo sugiero que votemos con las dos manos y los dos pies arriba, agitando los dedos (quien los tenga completos), veinte dedos con sus uñas agitándose al aire para votar por la privacidad de la lectura, de la artesanía del amor, de la soledad de las meditaciones, de la carga de las pilas, del descanso, de la absorción de la música, de la inspiración, de la ataraxia de los vivos. El placer del baño íntimo, del ejercicio yoga, de la bebedera de café matutino, de la asimilación de la obra de arte. Nosotros, oriundos de Palmira, somos de los MiraMira de Palmira y por eso exigimos, sugerimos, exhortamos a que no nos fastidien mucho, solo lo necesario: "Señor, me puede decir Ud. qué hora es?". Así de sencillo...

Yo propongo compañeros y compañeras, muchachos y muchachas, señoras y señores, pluscuanperfectos y pluscuanperfectas que seamos un poco más corteses, más amables, más sinceros, más honorables, más hidalgos, más correctos, más pulcros, más de más, estos incorruptibles políglotas, soñadores, escritores de pacotilla, pacotilleros todos, inmensos como ciclones, epicúreos, límpidos, aberradamente eróticos, nosotros los purísimos sanacos ingenuos queridos ambientosamente educados, finos, bibliotéicos, periodísticos, libráicos, gélidos, esdrújulos, nosotros queremos que nos permitan sesear, hablar sin comernos las terminaciones y escribir aquello que diga: "Los hermanos Pinzones eran buenos marineros..."

Que formemos una pirámide en la arena para atrapar una nube, un obelisco para alumbrar a los barcos desamparados, una balsa gigante llena de hielo para irnos a pescar al océano Indico y allí ponernos a bailar guaguancó con las ballenas perseguidas. Que hagamos un coro de negros que canten un Avemaría, de blancos que bailen rumba columbia, de indios que rompan el silencio hablando en rap, de asiáticos que coman sin arroz. Nosotros los de Placetas queremos que nos compren bicicletas que vuelen como las de ET...

Que me dejen pastar la hierba que deseo, morder el anzuelo que me parezca más atractivo, ser mirado por un ángel, besado por una musa, hecho pastel por una dama digna, deslumbrado por el éxito de otro, bañado y entalcado por una comadrona, que me respeten mi tranquilidad en una noche oscura para soñar que estoy de nuevo enamorado y que no me despierten hasta que no hayan hecho café por la mañana. Que tú me beses y me arrulles como si hubiera acabado de nacer y que te acuerdes de ponerme por las noches una sola canción acompañante, aquella del barquito que me lleve a navegar por el ancho mar...