domingo, 25 de noviembre de 2007

La gula

(Del 22 de noviembre del 2006)

Este es un pecado que ataca como todo el mundo reconoce al estómago... ese recipiente sin fondo que no se llena nunca. Mientras el orgullo ataca el alma, la envidia los ojos, la lujuria el sexo y la avaricia las manos, la gula aparece como una pena estomacal, un apetito voraz y un deseo de engullírselo todo que, si no se tienen determinados cuidados llega un momento en que el organismo necesita que se le trasplante el intestino completo y junto con él todas las vísceras so pena de terminar como la Canción del Sainete Póstumo muriendo... "prosáicamente, de cualquier cosa, (¿el estómago, el hígado, la garganta, !el pulmón!?) y como buen cadáver... descender a la fosa, envuelto en un sudario santo de compasión", como alertaba Rubén Martínez Villena. Con los pecados el cuerpo y el alma se desmantelan...

Como no se ha profundizado mucho en la gula (probablemente porque con el estómago relleno no hay manera de pensar bien...) las definiciones nos llevan a una desmesura en el comer y en el beber. Parece algo similar a la avaricia pero en vez de dinero, de comidas y bebidas. El glotón no tiene medida y aunque no pueda más siempre quiere comer más. No se llena... es insaciable. Los Reyes ingleses hacían gala y ostentaban de las comidas aparatosas y opíparas para mostrar con ello su gran poder. En ocasiones daban un solo mordisco a una enorme pierna de cerdo y lanzaban luego los restos a los asistentes al banquete.

El Grecia antigua banquete era una especie de simposium (consultemos "El Banquete..." de Platón por ejemplo). Pero el que botó la pelota por el center fué Heliogábalo que todo lo engullía a tal punto que se dijo (no sin razón) que era el Dios Baco en persona, también llamado Dionisos Dios griego del vino hijo de Zeus y de Semele. Por sí o por no... siempre es recomendable dar una pasadita a la historia de homo sapiens para darnos cuenta de que comer en exceso nunca es bueno por las cantidades de bicarbonato que debemos contar en la despensa. Y que no nos pase como a los patos de Cuco Alvera: comieron tanto que explotaron por la noche como globos de Cantoya.

La gula es una especie de ansiedad por la ingestión... un crecimiento espantoso de las cavidades estomacales e instestinales y una falta de orientación del cerebro que no piensa en otra cosa que seguir comiendo y bebiendo. Ni dietas ni regulaciones, ni pastillitas ni ejercicios, el glotón a nada hace caso y cuando se queda solo se come él mismo como los peces comecolitas pirañosos a los que los ingleses tienen tanto miedo.

No obstante podemos reconocer el mérito de la suculenta mesa sueca de los hoteles 5 Estrellas. Quien haya pasado por esa experiencia inolvidable no puede menos que exclamar: Cuestan caras pero vale la pena! Esas toneladas de vegetales de diferentes sabores, arroces y ensaladas, carnes de todo tipo, helados copeliosos compactados convoyados, salsas y guarniciones, panes y galleticas, entremeses y postres, cervezas y licores, mayonesas, olores y sabores, tufitos de asados, melcochas, mermeladas, collares de gramíneas comestibles, insumos y tapitas pecaminosas... Abajo dietas!, nos invita la mesa de los suecos. Siempre pecadores!, nos dice la comida y la salsa de los franceses. A rezar mañana!, nos obliga la fabada asturiana. Y así durante todo el año hasta la gran cena de Nochebuena, con las correspondientes raciones de torrejas, yuca con mojo de limón con ajo hirviendo, carne del más suculento cerdo asado encebollado, arroz blanco desgranado con frijoles negros en su punto a lo Aljibe, ensalada mixta en la que no puede faltar la lechuga y mucha algarabía con el calor del carbón oyéndonos la pecaduría y el llanto inconforme de los perros pidiéndonos los huesos... Así cualquiera peca, monseñor!

Pero cuidado... podemos estar muy felices rellenando el intestino grueso y el delgado, haciendo que nuestro hígado se ponga intensamente a producir hematíes, que nuestros riñones no descansen de filtrar líquidos, que nuestros pulmones no dejen de respirar con dificultad por la llenura, que nuestro miocardio inocente se desespere por la llegada de la hemiplegia y se nos pare totalmente y que quedemos tiesos de cuerpo y preocupados de alma y que luego digamos desde el "más allá": "No me querían tanto porque no me advirtieron las consecuencias".

Así que vayamos poco a poco... hagámoslo con calma... paso a paso se llega lejos. Si nos dejamos derrotar por la gula estamos fritos en aceite, aderezados con ensaladas múltiples, sazonados, hervidos, asados, dorados al carbón, emparrillados, hechos carne de vuelta y vuelta, amelcochados, sabrosamente endulzados y acaramelados, ahogados en licor, embadurnados de rones, cervezas y otras cremas y con ello sencillamente aplastados, fileteados, esquilmados, cercenados, descuartizados, pelados al moñito como pollos listos para el consumo.

Con este pecado tampoco vale rezar después pues probablemente no temgamos tiempo: la apoplejía no perdona. Ni el infarto tampoco. Aquello de que: "Barriga llena corazón contento" no nos puede atraer mucho aunque reconozcamos que llenarse la panza sin malas intenciones no es pecado pero con mesura, para que no nos maree el movimiento de la cintura. Y sobre todo como decían los más viejos: dejar de comer por haber comido, no hay nada perdido.

No se trata desde luego de alimentación adecuada (la dosis exacta como dicen por tv) sino de esa ambición por seguir consumiento alimentos y bebidas sin tasa, a diestra y siniestra, si se trata de pizzas que sean seis para probar una de cada una de las especialidades: de jamón, de chorizo, hawaiana, de queso, de ajíes, de plátanos maduros fritos. Y encima de las pizzas dos o tres es para guettis bien rellenos de quesos de todo tipo y encima de ello cuatro cucharones de mermelada de tomates maduros, tres refrescos Tycola, cuatro trozos de pan...! Qué llenura mi madre... ese muchacho va a explotar!... Y por la noche, de madrugada levantarse y abrir el LG (el que lo tenga) para chupar media lata de leche condensada (si la hay) y medio pan de Haller con un buen refresco de medio litro de agua y azúcar negra sin limón para poner la tapa al pomo, romper el glotómetro y dormir como los cerdos de la cochiquera...

La gula y el asco van de la mano... enturbian la figura. El obeso es un candidato a que vengan los bomberos a sacarlo con una grúa rompiendo primero las paredes de la casa. Es una verdadera situación extrema... Mientras nosotros, esos congéneres que sabemos comportarnos a la mesa ingerimos alimentos con mesura: una lasquita de allí, una cucharadita de allá, dos heladitos por aquí, una mermeladita con queso proceso por allá, unos garbancitos con chorizos y unto por allí y una fabadita con acelgas por allá, una pizzita de quesito por allí y un pancito con mayonesa por allá, un caféconleche por allí y una carnita ripiadita por allá, pero con tino, un cachito por aquí y una maltica por allá, con tacto... sin apuros, como Etecsa, un platico rico digamos un flancito por allí y un tatianov de chocolatico por allá, pero no mucho, solo para rellenar un poquitico por allí y un tramito por acá... sin gula, sin acoso, sin redundancia, sin envolvencia, para que no tengamos que ponernos a rezar tanto ni antes ni después, nos mantengamos en la línea del buen comportamiento y podamos llegar a los 120 años de vida que es la meta a la que homo sapiens puede llegar sin colesterol alto, sin alteraciones cardiovasculares insólitas y con el estrés controlado.

Así que ya lo saben... con mesura, controlando el movimiento de la cintura... sin llegar a la anorexia como las top models. Porque si no, ya ustedes saben: explotan como siquitraque! Y a los varones mucho cuidado, la glotonería cuesta mucho dinero, tiempo y salud... Lo mejor es seguir haciendo ejercicios, dejar el alcohol, no a las drogas y nada de cigarros. Para qué?... Si siguen en eso volarán como Matías Pérez.